Estimamos que, como una verdad sin fisuras, si existen dos medidas tendientes, de parte de los poderosos, para propender a la destrucción moral y desarrollista de los pueblos, aquéllas son la eliminación de los libros y el mancillamiento de los sitios donde se jugaron los destinos de la patria y que bien consideramos como sagrados.
A propósito del último punto, el de la irrespetuosidad dispensado hacia los lugares que determinaron la bravura de nuestro pueblo en su lucha eterna por la independencia y la soberanía, nos vinimos a enterar de la muerte, inmerso en la mendicidad, del ex empresario Max Higgins, el pasado 25 de agosto de 2026 en las calles olvidadas de Merlo, en el conurbano bonaerense.
¿Quién era este ignoto pero en su momento acaudalado extravagante? Como todo personaje surgido de la nada bajo las reglas del sistema capitalista liberal, un día de 2005 Higgins se presentó con toda pompa y soberbia en los pagos de San Pedro, en la provincia de Buenos Aires, dispuesto a llevar a cabo, sin miramientos, un complejo <<Disney>> que dejó, de buenas a primeras, perplejo a todo el mundo.
Grandes carteles publicitarios colocados a la vera de la ruta que conduce hacia allí mostraban a este moreno nacido en Jamaica dispuesto a desarrollar el negocio, sin tener en cuenta que esas tierras tienen un enorme significado por haberse desarrollado allí, en noviembre de 1845, el combate de la Vuelta de Obligado. Claro que, si de respetos hablamos, a Higgins y sus dineros de sospechosa procedencia nada les importa el dato histórico; él y otros de su calaña van por los negociados, por la rentabilidad de una zona que les auspicie un bien rentístico y ganancial.
El Intendente de San Pedro era, en aquel 2005, el radical Mario Barbieri, quien al parecer había dado el visto bueno para que el paracaidista Higgins arribe y arrase con todo para instalar el <<Disney>> criollo en un predio de 120 hectáreas que incluían, como se ha dicho, terrenos donde la tropa argentina de Rosas enfrentó a los invasores anglo-franceses 170 años atrás. Para ponerle espectacularidad al asunto, Higgins aterrizó en un helicóptero privado y se entrevistó, algunas veces, con funcionarios sampedrinos que le dieron luz verde a tan oscuro como infame proyecto. El dinero a desembolsar iba a ser de U$S 1000 millones provenientes de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) según se dijo, y a nombre de una firma fantasma llamada “Disney World Mundo S.A., Inc.”.
Lo cierto es que, ya en 2007, luego de volanteadas y protestas masivas de los habitantes de San Pedro y Obligado, quienes cortaron rutas e hicieron escraches a funcionarios cómplices y demás, Higgins comenzó a ser investigado en Estados Unidos, descubriéndose que no solamente era un estafador internacional sino que, de acuerdo a la multinacional Disney World, era un usurpador de nombres.
El proyecto de purpurina, fugaz, de Max Higgins se esfumó en el aire, y en el lugar donde la lucha reforzó el Día de la Soberanía Nacional, no se hicieron modificaciones bochornosas…salvo, en tiempo más reciente, claro está, de un alisamiento (¿o arrasamiento?) que se practicó en parte de la costa del río Paraná para que la gente escuche reggaetón, tome cerveza y grite donde ayer estuvieron emplazadas las fuerzas militares argentinas defendiendo el honor en la Vuelta de Obligado.
Como todo lo que huele a globalización, nunca se supo con certeza de dónde venía este Max Higgins, quien en los años locos de su copetuda presencia en los medios llegó a desarrollar un reality show en el que tuvo de invitado, nada más ni nada menos, a Diego Maradona. Tras mendigar por varios años en las calles porteñas, Higgins concluyó su existencia tirado, como un despojo, en una arteria de Merlo en días recientes.
Unos años más tarde de su furtiva aparición por los pagos de San Pedro, hubo otro caso similar en otro recinto sagrado donde se jugó la soberanía nacional en tiempos de Rosas. Ocurrió en 2013, cuando otros misteriosos como funestos emprendedores quisieron arrasar con el sitio donde tuvo lugar otro combate contra Francia e Inglaterra dentro de la Guerra del Paraná: versamos sobre el combate del Paso del Tonelero, que se libró el 9 de enero de 1846. Vemos un volante rescatado de este episodio que, gracias a la intervención rápida del pueblo ramallense (a su Partido pertenece el Paso del Tonelero), todo concluyó sin que se viese afectada la geografía.
De todas maneras, no todo ha tenido un final feliz, pues la multinacional de granos Cargill adquirió hacia 1982/83 las tierras donde se desarrolló el combate de Angostura del Quebracho (hoy, Punta Quebracho, Santa Fe) el 4 de junio de 1846, último encuentro de armas antes del triunfo diplomático argentino sobre las potencias navales de Inglaterra y Francia que procedieron a firmar sendos tratados de Paz. Por este motivo, la cruz que se haya emplazada en recuerdo de Angostura del Quebracho se encuentra a 2 kilómetros del sitio exacto que hoy ocupa la firma internacional.

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