jueves, 2 de julio de 2015

UN VOLANTE DE 2004... (A PROPOSITO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UBA)



En mi época universitaria, recuerdo haber cursado una materia allá por fines de 2004 en la sede histórica y central de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, la misma que se ubica en la calle Marcelo T. de Alvear 2230, Capital Federal. Como cada vez que iba a cursar, los delincuentes izquierdistas que allí hacían política repartían volantes por doquier: un día, exaltando la lucha que se daba en la República Checa por parte de unos empleados de vaya uno a saber qué fábrica que los había dejado cesantes; otro, sobre una medida “revolucionaria” que había tenido lugar en la órbita del Ministerio de Propaganda, Subgerencia de Informes Capitalistas, de Cuba; y, otro, sobre la “Guerra Civil de la Guerra Civil Española” (juro que el título era ese), documental casero que se iba a exhibir plagado de imágenes inéditas.

Como he leído en las redes sociales, lo que siempre movilizó a las izquierdas (sean de la tendencia o matiz que fueran) ha sido el corrimiento de los límites de lo que ellos denominan “modo de vida burgués”, término en el cual incluyen, desde luego, los principios de la religión, del patriotismo y de todo aquello que consideran “retrógrado”, fascista” o “antiguo”. Su visión de la vida es constructivista, lo que les da vía libre para trastocar y ‘reconstruir’ lo que proviene del orden natural. Así, mantienen desde el origen del marxismo (mediados del siglo XIX) una frenética carrera en por de una novedosa y subvertida visión del mundo y la humanidad. Unas veces, llevadas a cabo mediante la violencia y otras por medio de reformas graduales (por caso, el socialismo o la socialdemocracia). Y siempre atacan dos cuestiones básicas: el capital (del que, curiosamente, viven sus dirigentes) y la cultura. Sobre esta última, hemos visto el principal y más formidable ataque, modificando, para ello, el concepto que se tiene por tal. En filosofía, se dice que la cultura popular pierde su condición de tal cuando deviene en vulgaridad, que es lo que el presente nos muestra. Además, claro, el capital aplica su cizaña cuando aprueba una convivencia pacífica y atenuada de la ‘lucha de clases’ con el inevitable y consecuente distanciamiento entre las pautas culturales de las altas esferas y las del pueblo.

Lo soez, en esta subversión imperante, es un valor, no un disvalor, y entonces nada podría ya escandalizar, ni el que en una universidad se entreguen volantes como este de noviembre de 2004, como que tampoco se muestre sexo explícito –tamizado bajo el rótulo de “arte”- en los corrillos de sus claustros. Y como la decadencia no tiene fondo, siempre se estará en este sentido más y más decadente aún. De aquella propuesta de tener una universidad formadora de propias ideas emanada de una cultura hispánica y otra aborigen (pensamiento peroniano, al fin), de la que nace lo criollo, lo nacional, el presente nos avasalla con una borrasca fangosa que nada tiene que ver con nuestra estirpe americana.



Por Gabriel O. Turone

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