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domingo, 14 de junio de 2026

FINANCIAMIENTO CULTURAL Y REBELDIA CONTROLADA: UN POSIBLE CASO DEL "INDIO" SOLARI


Cuando explotó, allá por mediados de los años 60 del siglo pasado, el movimiento hippie, se activaban, entre mazmorras y nebulosas, ciertas usinas de ideas (think tanks) y personajes de variadas disciplinas –en especial, psicólogos, psiquiatras, sociólogos, técnicos y científicos- para moldear a toda una generación pero sin que ésta advierta tal manipulación.

Consistía esa ingeniería social en una modificación radical de todo lo aprendido en materia cultural, o sea, de lo aprendido de generaciones anteriores y que estaba inserto en lo que tiene que ver con lo simbólico, histórico y tradicional. Pero el ataque hacia esos valores se daba desde la matriz que hoy continúa gobernando: la del gran capital o plutocracia, estructura condenada por la religión católica bajo el concepto de “Imperialismo Internacional del Dinero”, de acuerdo a la Encíclica Quadragesimo Anno de Su Santidad Pío XI en el año 1931.

Merced a ese poder financiero es que funcionan organizaciones como el Instituto Tavistock de Relaciones Humanas (TIHR, en sus siglas en inglés) que, fundado en Londres en 1946, en la inmediata post II Guerra Mundial, se compuso de técnicos y científicos que tuvieron por propósito “destruir el núcleo familiar y los principios religiosos, sexuales y de toda índole inculcados desde la niñez por la cultura tradicional”.[1] Con ello, sin dudas, flaquearon hacia la más abominable descomposición social de Occidente introduciendo variantes que, expandidos por los mass media sistémicos, facilitaran un formidable lavado de cerebro.

Bajo los ensayos de estos alquimistas de lo oscuro, la humanidad entraría a la atribulada condición de conejillos de Indias con catastróficas consecuencias. La generación que tuvo padres y hasta abuelos que pelearon en ambas guerras mundiales –por lo general, europeos y norteamericanos-, y que habían nacido entre mediados de la década de 1940 y mediados o finales de la de 1950, fueron escogidos, de modo masivo y sin filtros, para vivir esas experiencias que cortaban toda ligazón con sus mayores. Y esa onda expansiva, en un Occidente sometido a las reglas salvajes del capitalismo liberal triunfante que, por esa condición, hasta le dio groseros espacios en los ámbitos culturales y educativos a cierto marxismo socialista ‘controlado’[2], no tardó en llegar a los países periféricos de toda Iberoamérica.

Lo que el TIHR insufló a los nacidos en el lapso temporal mencionado fueron disvalores y destrucción a través de los ácidos (LSD) y el hipismo, o sea, los vehículos para canalizar esa metamorfosis que en el fondo fue, en verdad, una estupenda disidencia o rebeldía controlada. Lo notoriamente grave de todo eso fue el auge, allá por los 60 y 70, de ciertos métodos que ayudaron a alimentar en la juventud “psicosis, depresiones, temores infundados, apatía, pérdida de confianza y autoestima, paranoias y otras enfermedades mentales, algunas irreversibles”.[3] El fomento de ciertas drogas sirvió de anestesia para limitar, suprimir la rebeldía de los jóvenes y, de esa manera, volverlos manipulables y atomizados, dejando tras de sí la idea de comunidad (“común unidad”).  

Sin embargo, y en una nueva vuelta de tuercas, los tecnócratas y científicos, así como los pedagogos de izquierda, optaron por ‘prohibir’ o hacer que las drogas estén ilegalizadas para, de esa forma, lograr que los drogadictos de estratos juveniles intenten adquirirlas a como dé lugar. Ya en las postrimerías del siglo XX y comienzos del XXI, esa búsqueda está dejando de ser una desesperación al operar los lobbies en favor de la legalización de las drogas, como ocurrió en Holanda, Uruguay, Chile, Canadá, Brasil, Portugal, Estados Unidos, República Checa y un largo etcétera más, aunque con gradualismos diferentes según cada una de las naciones mencionadas.

Otras entidades que contribuyeron a manipular las cuestiones culturales han sido la Escuela de Frankfurt y la Escuela de Chicago, ambas en suelo norteamericano durante el desarrollo del siglo XX, donde se echó mano a investigaciones freudianas empapadas con dialéctica marxista/hegeliana (Escuela de Frankfurt), y a una producción cultural donde los dominados abogaran por someterse a la ideología dominante. En ambos casos, fueron los experimentos de persuasión practicados sobre soldados estadounidenses de la II Guerra Mundial los que hicieron que, más tarde, y sobre la población civil, se ejecute una rigurosa manipulación subliminal sofisticada y casi invisible.

Nacerá, a partir de esos años, un homo relativus sin lazos con su historia pasada, inconexo, desarraigado y, bajo esas condiciones, totalmente manipulable y creyente de todo lo que el sistema le fue imponiendo por medio de relatos. Al sobrevenir, a fines de los años 60 y prácticamente durante toda la década siguiente (1971-1980), la represión que el mismo sistema impartió para ‘corregir’ el caos experimental al que fueron impulsados los jóvenes del mundo, allí sucede una ruptura que invalidó a toda una generación que después de la violencia y la sangre quedó frustrada e incompleta, incapaz, en su mayoría, de edificar y de educar con valores –que ellos mismos perdieron- a sus descendientes.

UN EMERGENTE DE LO DICHO: “EL INDIO” SOLARI

En esa miasma se fueron gestando, en nuestro país, los movimientos ‘contraculturales’ que, impuestos como algo genuino, aparecieron gracias al apoyo y acompañamiento de empresarios capitalistas así como de toda una amalgama de profesionales de las ciencias sociales cuyas carreras emergieron al calor de la vuelta de la democracia en 1983 de la mano del socialdemócrata Alfonsín. Un espacio donde se llevó a cabo el desarrollo de esa ‘contracultura’ dirigida y maleable desde estamentos del más rancio capitalismo, se dio en el denominado centro Parakultural que vio tocar a “Patricios Rey y los Redonditos de Ricota” de Solari, entre muchas formaciones más, y que, al decir del actor Carlos Belloso

“El Parakultural era un peligro en potencia, nada se podía prever y las cosas que ocurrían eran muy fuertes. Yo siempre digo que fue como un foco infeccioso porque era realmente eso, la podredumbre que tenía que estar porque veníamos de mucho tiempo de solemnidad y de no decir nada. La infección estaba y al mismo tiempo ese foco infeccioso fue muy contagioso…”[4]

Esto nos hace pensar que el origen de esa ‘contracultura’ nacía como una “infección o podredumbre” de la que, por cierto, nada bueno o coherente se podía sustraer sino el reflejo de sus propulsores: personas rotas venidas de una generación manipulada, inconsciente o no, por usinas de ideas por lo general extranjeras y estudiadas desde varias décadas atrás por tecnócratas bien remunerados.

“El Indio” Solari y su agrupación musical nacieron al amparo de esos factores exógenos que calaron profundo en la cultura ochentosa de nuestro país, por lo tanto, no hay aquí una zonza crítica al estilo de vida que pudo acumular a partir de esos años –de dandy con eslóganes de reviente y sacrificio- sino a un clima de época que le permitió una irrupción tan grande que llevó a que su público –una mayoría, no la totalidad- adoptara una suerte de rebeldía inservible y de visión pesimista o nihilista irreductible. Ante esa atmósfera, la evasión se intentará a través del consumo de cocaína, cuya producción y distribución en los países emergentes –como el nuestro- formó parte de ese adormecimiento buscado para calmar a las bandas e inducirlas a una psicodelia controlable y autodestructiva.

Además, con Carlos Solari se originó todo un palabrerío de neto corte neo-pagano compuesto de “misas” e identidades atomizadoras –no se habla de argentinos sino de fraccionados “ricoteros”-, y todo proclive a la exaltación de ciertos “cultos” (como Luzbelito, por caso) para nada populares y dignos, más bien, de ambientes de esotérica herejía.

Si todas estas características son “valores” –como se ha pretendido vender- para canalizar las aspiraciones de las masas suburbanas desencantadas, acaso el grueso de los seguidores de Carlos Solari, suficiente, entonces, con haber escuchado sus testimonios en el velatorio de aquél para corroborar que son seres dolientes, con trágicas históricas de familias destruidas, pobreza estructural transmitida generacionalmente y ungidos de un sentimiento de orfandad que los ha dejado sin futuro, vacuos y definitivamente muertos en vida. Podemos concluir que el velatorio, convertido en un prolijo ritual para las muchedumbres y con cobertura mediática sin pausa, fue la despedida o el cierre de una dolorosa etapa de autodestrucción y excesos, de un período ruinoso de nuestra Argentina que dejó generaciones de compatriotas inmolados y mutilados.

Hay, asimismo, una lectura errónea en cuanto a la caracterización dada a la muchedumbre “ricotera” como portadora de una violencia salvífica o redentora de los males que aquejaban al país, por más que nada de eso sucede ni sucedió jamás. El impulso a que fueron llevados los fanáticos del “Indio” Solari no originó cambios de ninguna naturaleza en el statu quo porque, al ser un producto de pautas culturales modernistas y anticristianas, perdieron de vista lo que al respecto manifestaba Su Santidad el Papa Francisco: “Hagan lío, pero háganlo bien organizado”. La revolución –término tan proclamado en el velatorio- no debe ser la destrucción per sé sino la corrección de lo malo y el mejoramiento de lo que está bien. La ‘contracultura’ desde la cual nacieron “Los Redonditos de Ricota” y el “Indio” Solari, era la destrucción indiscriminada de todo lo anterior, considerado vetusto y obsoleto por la sencilla razón de que era lo tradicional y premoderno. Sus seguidores, entonces, han quedado en un limbo relativista que es bien visto por las reglas del capitalismo liberal que decían combatir.

Si ese cúmulo de “valores” dejados a sus fans por Solari tiene características izquierdistas, eso mismo indica que, dentro de las pautas intocables del sistema capitalista, estamos ante “un activismo simbólico de consumo o una <<revolución televisada>> de base neoliberal” donde “la izquierda (…) tomaría las riendas del universo representacional (…) mientras los grandes capitales incrementaron sus riquezas, la desigualdad y fueron destruyendo, poco a poco, importantes derechos de los trabajadores”[5], sector, este último, que ha nutrido la gran mayoría de los seguidores de Carlos Solari, un anciano septuagenario que pasó sus últimos instantes de vida dentro de una pileta climatizada privada, lejos de las muchedumbres y rodeado de un hermoso parque con ejemplares de flores reventonas y perfumadas de Parque Leloir.

 

Gabriel Oscar Turone


[1] Jiménez, Cristina Martín. La verdad de la pandemia, Martínez Roca, Buenos Aires, 2020, p. 92

[2] Se exhibe una enorme lista de ex integrantes de organizaciones guerrilleras filomarxistas de Estados Unidos que, a inicios de los años 70 del siglo pasado, fueron favorecidos para insertarse en el ámbito universitario de esa nación. Para mayor precisión sobre este tema, ver la obra Homo Relativus. Del iluminismo a matrix, de Iñaki Domínguez, Akal, 2021.

[3] Jiménez, Cristina Martín. La verdad de la pandemia, Martínez Roca, Buenos Aires, 2020, p. 93

[4] Álvarez, Florencia y Bassi, Pablo. “La última euforia del siglo XX”, Revista Quid, Año 7, Número 44, febrero/marzo 2013, p. 31.

[5] Domínguez, Iñaki. Homo Relativus. Del iluminismo a matrix, Akal, Buenos Aires, 2021, pp. 136 y 137.  

sábado, 18 de octubre de 2025

80 AÑOS DEL DIA DE LA LEALTAD, ¿DE QUE LEALTAD?



Ayer, 17 de octubre, se cumplieron 80 años de lo que, en la introducción de mi obra Tradicionalismo y Folklore en el Nacional Justicialismo (Edición del autor, 2022) di en llamar “la última gran épica nacional”. Y eso, sencillamente, porque desde hace 80 años no se ha dado ninguna otra con tanta repercusión ni trascendencia como aquella. Con el tiempo su proclamación se fue apagando, olvidando y tergiversando hasta su total desmemoria y confusión.

Hay inolvidables responsables de tamaña traición, y bastarían unos pocos ejemplos –de muchísimos- para no olvidarlos nunca. Desde la irrupción democrática de 1983, moldeada, a gusto, desde la Secretaría de Estado norteamericana, la desmovilización y desideologización del peronismo hay que endilgársela, sí o sí, al delincuente Carlos Saúl Menem, padrino de todos los actores políticos que vinieron a posteriori con el resultado que vemos al presente.

Pero para entender semejante descomposición, hay que tener en cuenta el borrón que se hizo de los fundamentos doctrinarios legados por Juan Perón, fundamentos sin los cuales el peronismo no solo ha quedado sin alma sino sin tradición. Anoté, muy modestamente:

“El extravío hasta ahora irreparable de la hermosa doctrina fundada por el teniente general Juan Domingo Perón se debe al abandono paulatino que ella hizo –a través de sus hombres- del tradicionalismo, instancia que permitió la disolución de los lazos sagrados entre el pueblo y la clase dirigente, convirtiéndose, el primero, en una masa atomizada, extraviada e informe, y la segunda en una corporación desarraigada, corrupta e insensible.”[1]

Lo que tenemos, tras ocho décadas del 17 de octubre de 1945, es una <<sociedad desorganizada>>, mas no una comunidad organizada que ha sido el fin último de la práctica doctrinaria del peronismo. Y ahí están las disoluciones a la vista: un pueblo atontado, empobrecido, alienado, masificado e infecundo versus una clase dirigente enriquecida, elitista, embebida de pautas culturales provenientes de los lobbies y resguardadas por grupos financieros supranacionales.

 

En el caso convocante, la doctrina fue usurpada en sus símbolos, en sus conceptos, en sus banderas históricas y en su folklore de genuina raigambre pueblerina. Pues, en lugar de dejar que sea el pueblo, a través de sus hombres de trabajo, el que ocupe los estamentos para dirigir un gobierno de genuina representatividad popular, fue el poder privado, a través de ardides como el engaño, la trampa, la corrupción, la tropelía, la ventaja y el negocio vil, el que terminó rompiendo el tejido social y la armonía de clases. Pues, a río revuelto, ganancia de pescador, o, como decía Fierro, “si entre los hermanos se pelean/ los devoran los de afuera”. 

Una vez, Menem le explicó a su hija, Zulemita Menem, por qué se consideraba un <<pragmático>> y no un <<traidor>>: “¿Sabés por qué lo derrocaron a Perón. Porque se enfrentó con la Iglesia, con el capital nacional y extranjero, con los Estados Unidos y con Inglaterra. Yo no voy a cometer el mismo error. ¿Qué voy a hacer? Voy a arreglar con todos esos poderes”.[2] Vean ustedes si eso no es traición a la patria, más allá de responder a tal o cual postura política. 

Hace muchos años que la política se terminó fusionando con el narcotráfico, engendro surgido bajo el sistema democrático y que dio lugar al mote de <<narcopolítica>>. Sin lugar a dudas, la figura de Alberto Eduardo Duhalde quedó signada como iniciadora en ese miserable fenómeno que, por abarcar a toda la clase dirigente, nunca fue combatido con la seriedad y el profesionalismo que merecen. Ni siquiera fue molestada la narcopolítica, y todo sigue como si nada. El 22 de agosto de 2003, Néstor Carlos Kirchner halagaba a Duhalde en estos términos: “Es un honor que esté hoy aquí sentado como uno más, entre el pueblo. Usted se merece esto [la gente vitoreaba su nombre]. Duhalde, no olvidamos su capacidad estratégica…”. Pueblo atontado versus dirigentes elogiándose. 

Claro, se dirá al leer lo anterior: ‘Néstor decía eso una vez que Duhalde le dio todo su aparato político, etc., etc., etc.’. Bueno, digamos entonces que Kirchner apoyó la candidatura presidencial de la fórmula Duhalde-Ortega para las elecciones de 1999, estando presente el santacruceño el mismo día del lanzamiento, el 25 de julio de 1998, cuando se congregaron 2 mil personas en el gimnasio del Club Parque Central de la ciudad de Neuquén capital. Allí se los vio, aplaudiendo de pie, eufóricos, a Néstor y Cristina Kirchner, a metros del escenario donde estaba el entonces Gobernador bonaerense. 

La doctrina peronista quedó totalmente barruntada en las mazmorras, y sino ¿por qué nunca más se hicieron eco los que usurparon el justicialismo de la Ley Nº 20.771 de Prohibición de Estupefacientes, sancionada el 26 de septiembre de 1974 bajo el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, y que penaba la producción, venta y/o tráfico de drogas? 

80 años del Día de la Lealtad. ¿De qué lealtad?

 

Gabriel O. Turone

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL



[1] Turone, Gabriel O. “Tradicionalismo y Folklore en el Nacional Justicialismo”, Edición del autor, 2022, p. 11.

[2] Iglesias, Juan Carlos y Negrete, Claudio. La Profanación. El robo de las manos de Perón, Editorial Sudamericana, 2002, p. 112.

lunes, 24 de agosto de 2020

UN ANALISIS POLITICO SOBRE EL COVID-19

Desde la implementación del Decreto que generó la cuarentena obligatoria, en la noche del 19 de marzo de 2020, por el presidente Alberto Ángel Fernández, solamente la pandemia del COVID-19 propició la opinión de los infectólogos, inmunólogos y demás hombres de la sanidad, dejando a un lado otras versiones que, por el colapso que trajo consigo el virus de marras, bien pudieron hacernos llegar neurólogos, psicólogos, psiquiatras y, agrego yo, analistas de política internacional, estrategia militar, etc. 

Recién al mes o mes y medio de aquel 19 de marzo, los medios de comunicación comenzaron a invitar como panelistas virtuales –o de forma presencial- a los inefables economistas, sin importar si eran progresistas, liberales o conservadores, convirtiéndose en los nuevos (yo diría, más bien, eternos) gurúes que supuestamente siempre tienen a mano la fórmula para sacarnos de las crisis que, cuando les toca actuar, jamás resuelven.

Las intervenciones y teorizaciones de los hombres de la sanidad y, más tarde, de la economía, infringieron en la comunidad otra grieta más, dirimida, esta vez, entre los “anti-cuarentena” y los “pro-cuarentena”, ambas posturas, fomentadas por los respectivos canales televisivos, radiales, gráficos y digitales, cada uno con el supremo afán de cuidar a sus pagadores, los cuales coinciden en el comando del espectro “izquierda-centro-derecha”. 

A todo esto, se dejó sensible y manifiestamente de lado la salud mental de los argentinos, agobiados por el encierro extensivo y la pérdida de sus libertades pero también por el descenso de sus ingresos y la pauperización de sus economías cotidianas para vivir con dignidad. Al cabo que, ni sanitaristas ni economistas, más proclives a la charlatanería promovida desde las mass media, nunca dieron en cinco meses de cuarentena una solución a ambas problemáticas que tienden a plantear un interrogante cada vez mayor respecto de cómo será la supervivencia de la gente en el período post pandemia.

Sin embargo, la politiquería de la democracia liberal continuó haciendo de las suyas: no donaron parte de sus jugosos sueldos para ayudar al siempre quebrantado sistema de salud público; entre gallos y medianoches hicieron compras de insumos con escandalosos sobreprecios dañando al erario estatal; plantearon expropiaciones impopulares; apuraron reformas como la judicial para el amparo de los funcionarios delincuentes; aplicaron programas oficiales con “lenguaje inclusivo”; liberaron presidiarios comunes con la excusa del COVID-19; dieron libertad domiciliaria a dirigentes con causas por malversación; y un largo etcétera más. Tales medidas, surge a la vista, nada importan a la población desamparada, desocupada y aturdida.

MARAÑA DE INTERESES SINARQUICOS

De todos los ítems nombrados y hechos a espaldas del ciudadano de a pie, hay otro que es el que más relación tiene respecto del COVID-19 o Coronavirus, y tiene que ver con las mentadas “vacunas salvadoras” con que un puñado de laboratorios farmacéuticos multinacionales pretenden “inmunizar” a la humanidad. Con el agravante de que nuestra Argentina pasa a ser un candidato principal como conejillo de Indias para la experimentación de varios tipos de vacunas que, al parecer, se encuentran en fases de elaboración, prueba y producción.

La fiebre por fabricar una vacuna que saque del atolladero a la población mundial, se ha convertido en el eslogan más publicitado desde mediados de julio para acá. Por lo tanto, hoy se endiosa a las farmacéuticas comprometidas en dicha solución como el único camino viable para enfrentar al COVID-19, y se vitupera a quienes plantean, desde otro ángulo, soluciones tal vez alternativas como la del dióxido de cloro que, de comprobarse su funcionamiento contra el virus pandémico, le acarrearía enormes pérdidas económicas a los gigantes de la industria farmacéutica.

¿Qué intereses se mueven detrás de estas farmacéuticas hoy encumbradas y en la cual se pretende colocar toda esperanza? Partamos de la base, de que unos meses antes de que trasciendan los primeros pasos de esta pandemia, el 18 de octubre de 2019 tuvo lugar en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, un simulacro de pandemia que fue organizado bajo el título de Event 201 – A Global Pandemic Excersice (traducido al español, “Evento 201 – Un ejercicio de pandemia global”).

De este simulacro participaron, entre otras organizaciones, la Bill and Melinda Gates Foundation, la Universidad Johns Hopkins (la misma que mantiene la contabilidad oficial de contagiados, muertos y recuperados de COVID-19 a escala mundial) y el Foro Económico Mundial, entre otros. Extraño, por cierto, que se involucre a la máxima entidad económica global en un simulacro de pandemia, si no pensáramos que allí también se estudió la posibilidad de sopesar y calcular las pérdidas que una tal supuesta pandemia iba a generarle al mundo entero. Todo muy calculado, planificado.

Entreverando principios malthusianos y de control poblacional, años antes del simulacro varios dirigentes de la política mundial esgrimían sus puntos de vista acerca de lo imperioso que sería eliminar a la población vieja, dicho esto por los gastos que producen en la economía mundial. Hemos leído, en este sentido, lo dicho por Christine Lagarde (ex directora del FMI y actual presidente del Banco Central Europeo), quien dijo: “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo y ya”. O sino, lo que expresara el Ministro de Finanzas de Japón, Taro Aso, quien pidió a los ancianos de su país que “se den prisa en morir” por los gastos que provocan al sistema de salud nipón.

La Bill and Melinda Gates Foundation, por ejemplo, dueña de Microsoft, es una de las organizaciones que está detrás en más de un proyecto de vacuna contra la pandemia por ellos promovida. 

El 12 de agosto de 2020, justo cuando se conmemoraba el “Día de la Reconquista” de Buenos Aires contra las tropas inglesas en 1806, el presidente Alberto Fernández anunciaba que en nuestro país se iba a producir la vacuna contra el COVID-19 que se viene desarrollando en la Universidad de Oxford, Inglaterra, recibiendo calurosos elogios por parte del Embajador británico en Buenos Aires, Mark Kent, por tan apreciable colaboración experimental. Al mismo tiempo, Fernández nombró que uno de los responsables de la producción local e Hispanoamericana de esa vacuna estará bajo la responsabilidad del inescrupuloso Hugo Arnoldo Sigman, presidente o director del laboratorio mAbxience que trabaja, a su vez, con la firma británica AstraZeneca [1], ligada a Oxford. 

Vale decir que en enero de 2020, como aprontando el afianzamiento de esta red de vínculos y favores para lanzar y contrarrestar la pandemia, Hugo Sigman fue designado “Embajador de Buena Voluntad” del Instituto Interamericano de Cooperación con la Agricultura (IICA), un organismo que recibe la financiación de Microsoft, oh casualidad, de Bill Gates y su Fundación (Bill and Melinda Gates Foundation), participante de la simulación de la pandemia de octubre de 2019.

Otra iniciativa para la obtención de la vacuna contra el Coronavirus, le pertenece a la farmacéutica norteamericana Pfizer, que también tuvo la aprobación de las autoridades gubernamentales argentinas en julio de 2020 para que cuente con 30.000 “voluntarios”. El proyecto se titula Lightspeed (en español, “Velocidad de la Luz”), y su cabeza visible es el Dr. Fernando Polack, quien fue recibido por Alberto Fernández en la quinta de Olivos el 10 de julio de 2020, según consta en la cuenta de “Twitter” del mandatario.

Polack no es un simple filántropo. Se trata del presidente de la Fundación INFANT, una ONG fundada por él en el año 2003, y que recibe financiación extranjera de la Bill and Melinda Gates Foundation… Sí, la misma que también está detrás del proyecto experimental de la vacuna de Oxford. ¿Casualidad, no? La Fundación de Bill Gates le dio a Polack la friolera de U$S 3.600.000 entre los años 2016 y 2020, en aportes para la Fundación INFANT. En la currícula de Fernando Polack vemos que se perfeccionó como infectólogo en la Johns Hopkins School of Medicine, de Estados Unidos, o sea, la universidad que también participó del simulacro de pandemia de octubre de 2019 y que cuenta las cifras oficiales mundiales del COVID-19.

Entender estos menesteres de la globalización sinárquica modificaría radicalmente la óptica de esta pandemia planificada de COVID-19 que nos han vendido hasta ahora, y que nos ha quitado un año de vida, proyectos personales y la entrada a una etapa llena de oscurantismo y siniestros intereses.


Por Gabriel O. Turone

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Referencias:

[1] AstraZeneca tiene una mayoría accionaria que pertenece a la familia judía de banqueros Wallenberg y al fondo financiero "BlackRock", o sea, el principal grupo acreedor de la deuda externa argentina.

jueves, 20 de septiembre de 2018

LA DEMOCRACIA, EN LA FILOSOFIA GRIEGA Y EL "PERONISMO RENOVADOR"




Aún existe una gravísima carencia de autocrítica que permita saber qué han hecho quienes, teniendo o habiendo tenido el poder en sus manos desde 1983 a la fecha, alentaron el desastre orgánico en que hoy se ha convertido el peronismo.

Desde la muerte trágica de José Manuel De la Sota, en días recientes, he visto incesantes comentarios y alabanzas que hicieron perder el verdadero eje de su protagonismo desde el regreso de la democracia liberal como régimen impuesto en la vida política nacional, todo sin el verdadero mal que tanto él como otros protagonistas más tuvieron para el defectuoso presente de eso que alguna vez fundara Juan Perón.

Capas y capas de desviaciones, parches, prebendas, trampas dialécticas, subversiones, modernismos y negociados infames, han sido los principales y fundamentales ingredientes que motorizaron eso que se llamó “Peronismo Renovador”, tan exacto en su adjetivo como en la perdición que concretó, y consolidó, al paso de las décadas desde su origen. Su resultante es la pauperización y el atroz vaciamiento de la fuerza política más grande que ha dado Hispanoamérica. Sus protagonistas andan sueltos, otros ya duermen el sueño de los justos y varios más se alarman ante la entropía reinante.

Repasemos una de las perfidias del “Peronismo Renovador”, como es lo tocante al origen político/ideológico de muchos de sus popes: los hermanos Adolfo y Rodríguez Saá tuvieron su origen en la democracia liberal, habiendo militado, allá por los primeros años 70 en el Partido Liberal (PL) de San Luis; Eduardo Alberto Duhalde, era de la democracia cristiana, cuya expresión partidaria, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), nace cuando el justicialismo estaba próximo a caer y pleno de apellidos, sus filas, que lo terminarían por derrocar en 1955; José Manuel De la Sota, también había nacido a la luz de la política desde la democracia cristiana; Carlos Saúl Menem era un revisionista de izquierda que, recién a mediados y fines de la década de 1960, se acercó a Perón –a quien visitó en Puerta de Hierro- y se encaramó en su movimiento para terminar abrazando el neoliberalismo más acendrado de todos los tiempos. Antonio Cafiero fue siempre un hombre de la Iglesia Católica con visto bueno y apadrinamiento del Vaticano (Opus Dei); José Luis Manzano, un hebreo con apoyatura en el poder político de los Estados Unidos que terminó defendiendo, y perteneciendo, a meros intereses empresariales. Julio Bárbaro, hombre del jesuitismo a través de su militancia en Guardia de Hierro; Esteban Righi, subversivo con fuerte arraigo entre los integrantes de la Organización Montoneros, que llegó a ocupar un puesto clave cuando la corta administración de Héctor José Cámpora, obligándolo a que liberara terroristas subversivos de las cárceles de Buenos Aires; José Octavio Bordón, que provenía del humanismo y el socialcristianismo, lo que en él influyó de manera determinante para abrazar las ideas de la socialdemocracia europea (creando en nuestro país el FREPASO, en los 90). Y así, podríamos explayarnos in extenso. Todas las expresiones políticas mencionadas recalaron en el peronismo que, cual recipiente, los acogió y así le pagaron, fagocitándolo y desvirtuándolo hasta en sus cimientos.

            Notamos que se trató de una generación intermedia que interpretó, como quiso, el corpus doctrinario del peronismo, que flaqueó en el trienio 1973-76, que sobrevivió –en no pocos casos de modo sospechoso- a los años del Proceso de Reorganización Nacional, y que, al regreso de la digitada democracia liberal, se dedicó a vengar aquel triste pasado no con miras a una mejora sustancial de la comunidad sino dentro de los límites egoístas del propio ombligo, permitiendo la aceptación de las nuevas reglas de juego (sobre todo económicas), siendo cómplices de y ante la subversión de los valores culturales, pero  cuidando con celo religioso los cargos públicos de la política para pasarla bien y terminar sus días llenos de lujosa materialidad.

            El extravío de los “renovadores” fue tan grande, que hasta ellos mismos olvidaron –o desconsideraron- el pensamiento filosófico que tenían los antiguos griegos, de los que Perón basó, en parte, su doctrina, respecto a la Democracia, por eso el cordobés De la Sota afirmaba que ellos, como renovadores, querían plasmar “un peronismo profundamente democrático”.[1] O sea, la Democracia como panacea última e insustituible de la evolución humana, condiciéndose, en algún punto, con lo planteado por Francis Fukuyama a comienzos de los años 90 del siglo XX.[2]

            Para Aristóteles, la Democracia era una de las formas malas que existían de gobierno, siendo superada por la Monarquía y la Aristocracia, pues el pensador era un fervoroso hombre que veía en la jerarquía el modelo ordenador a seguir. Como sistema lógico/político, la Democracia se pervierte cuando el que gobierna –y su séquito- se sirve de la ciudad, y no al revés, que el dirigente sirva a la comunidad en la que vive.

            Max Weber, muchos siglos más tarde, hablará en La política como vocación de quienes viven “de” la política o “para” la política, manifestando que los primeros solían ser, como desde 1983 ocurre en nuestra bendita democracia, indeseables parásitos que gozaban del esfuerzo del pueblo y que abusaban de la confianza del votante de a pie.

            Un sistema democrático aceptable es aquel en donde el empoderamiento proviene de dos sectores, de acuerdo a Aristóteles: en los libres y los pobres. Pero, y aquí viene lo intrínseco de su falla, ambos se enseñorean y terminan confinando todo hacia la demagogia. Y eso, porque, al fin y al cabo, no gobiernan en la Democracia los mejores sino el número. La Democracia ochentera de la Argentina supuso siempre la superioridad del número por sobre la calidad del dirigente; todo lo viene (des)arreglando el voto, y obtienen más cantidades de votos los que más capital aportan para las campañas. A esto último lo entendieron aquellos que, introduciéndose al mundo de la política, buscaron el enriquecimiento ilícito, su consecuente reconversión en nóveles empresarios, y la adaptabilidad y reformulación a conveniencia de todas las ideas-fuerza que, como en el caso del peronismo, les sirvieron para adaptarse al nuevo ciclo emergente de las democracias liberales.    

            Polibio, politólogo griego, dijo que una forma perversa de la Democracia era la Oclocracia, que tiene correlato en nuestra triste realidad local. ¿Y qué entendemos por Oclocracia? El pensador griego, lo definía como aquellos gobiernos “que manipulan a las mayorías para el beneficio de grupos o de los propios gobernantes y no para el interés global”.[3] Esa ha sido el tipo de Democracia que aceptaron los adláteres del “Peronismo Renovador”. Otra acepción de la Oclocracia la reconocemos como el gobierno de las muchedumbres que, desviadas de sus verdaderas intenciones, es manipulada para que actúe en pos de intereses que no son los del conjunto.

            Mientras la diosa Democracia continúe siendo el norte de la partidocracia contemporánea, entonces, como dice Alberto Buela, existirá una creciente y más profunda decadencia como nación. Hasta que “venga a esta tierra algún criollo a mandar”, como sugería el gaucho Fierro a través de la pluma hernandiana,  seremos el convidado de piedra a la hora de nuestra triste partición territorial.


Por Gabriel O. Turone



[1] “Los hombres de Perón. El Peronismo Renovador” (entrevistas), de Marta Gordillo y Víctor Lavagno, Puntosur Editores, 1987, página 212.
[2] En 1987 comenzó lo que daríamos en llamar la segunda etapa del “Peronismo sin Perón”.
[3] “Nación-Religión-Provincia en Argentina”, de Mario Rapoport y Hernán Colombo, Imago Mundi, Buenos Aires, 2007, página 41.

miércoles, 30 de agosto de 2017

DESAPARECIDOS: ¿LOS BUSCA ALGUIEN A ESTOS?



Aeropuerto Internacional “El Pucú” de Formosa. 27 de agosto de 2017, 18:09 PM. Esta captura la saqué, algo incómodo y discretamente, antes del momento de embarcar en el avión que me traía de regreso a la ciudad de Buenos Aires. Recordaba la escena, pues se mantenía casi intacta desde hacía un año atrás, cuando también pasé por el mismo trámite viajero.

            Allí aparecen, a la vista, una nutrida cantidad de desaparecidos de la democracia. Exacto, leyó bien, desaparecidos del sistema democrático, de la falsa deidad que nos enseñaron, muchas veces obligadamente, a respetar so pena de alguna sanción de rancio estilo novelesco “1984”. Recordé aquellos rostros de los infelices que todavía están en algunas mazmorras o submundos de la democracia, de personas que nunca más vivieron la libertad o el pleno desarrollo de sus aptitudes para el mejoramiento humano de sus vidas.

            Repiquetea en la prensa canalla, la pregunta ideologizada y harto politizada: ¿Dónde está Santiago Maldonado? Un taxista formoseño, tierra acaudillada desde hace décadas por el delincuente Gildo Insfrán, me lo tildó de “hippie vago, mugriento”. No solamente tenía razón, sino que hasta el chofer, de casi mi misma edad, sabía que lo de este Maldonado era –es- parte de una cuestión con tufillo político local e internacional.

            Aceptando que, al fin y al cabo, el tal Santiago Maldonado, que andaba enredado en reclamos subversivos con “mapuches”, se encuentre desaparecido, oculto, con otra identidad y gozando de una vida de placer o, pensemos mal, sirviendo a los intereses financieros de la inglesa ciudad de Bristol, el hecho no deja de ser una tragedia.

            Universalicemos el ejemplo del alta y dudosamente publicitado Maldonado. ¿Qué hay, entonces, de las personas que figuran en esos papeles con membrete del Ministerio de Seguridad de la Nación pegados en el aeropuerto de Formosa? ¿Valen más o menos que Santiago Maldonado? ¿Merecen más o menos segundos y minutos de publicidad que los dispensados a quien protestaba junto a unos “mapuches” de habla hispana para escindir territorio argentino?

            Un eslogan de muy pobre pensamiento, empieza a corroer los medios de comunicación, y que dicen algo así como que “Macri está haciendo desaparecer a personas como en la dictadura”. Muy bien, hay allí un meta mensaje: que un gobierno surgido de la democracia sea comparado con el de un proceso militar de facto por hacer desaparecer humanos, lo que no sería tan descabellado imaginar. Y le sumaría una pregunta retórica, ¡ya que estamos!: ¿Y si todos los gobiernos de la democracia surgida en 1983 tienen sus propios desaparecidos?

            Al pensar en este último interrogante, traté de encuadrar lo mejor que pude mi celular para, casi en el acto, el obturador de la lente logre acaparar la mayor cantidad de imágenes posibles. Y los datos que acompañan a las fotos de los desgraciados me asombran, al tiempo que avalan lo que me cuestiono en la pregunta retórica. Veamos.

               Dice en uno de esos carteles de mejor visibilidad “BUSCAMOS A Ariel Eduardo FRUTOS”, el cual desapareció en la localidad de Ezeiza, Provincia de Buenos Aires, el “01/03/2015”. Me pregunté que quién gobernaba en marzo de 2015. Respuesta: Cristina Fernández Elizabeth Wilhelm de Kirchner. Ese Frutos es un desaparecido del gobierno democrático kirchnerista, ¿no es cierto? Sigamos con otro.

              En el extremo superior, figura el cartel, en blanco y negro, de la ciudadana desaparecida “ANELEY KAREN GIMENEZ”. Fecha de desaparición: 27 de octubre de 2012. Vuelvo a molestar la frágil memoria colectiva: ¿Quién gobernaba en octubre de 2012? La supuesta abogada Cristina Fernández de Kirchner. Continuemos.

            El 24 de septiembre de 2015, bajo el gobierno de Cristina Kirchner, desaparecieron dos criaturas, “Malena y Valentina JUNCOS MALLEA” de 6 y 8 años, respectivamente. ¿Nadie salió a protestar, con carteles y alboroto, por la desaparición de las niñas Juncos Mallea? Hasta el delincuente Carlos Saúl Menem tiene su desaparecido en el encuadre de la imagen capturada, cuando aparece un joven melenudo de nombre “Mariano Damián ARIAS” que fue visto por última vez en la localidad bonaerense de Lomas de Zamora en 1997, cuando contaba 18 años de edad (ahora, dice el cartel, tendría 38).

            Pregunto, ya para finalizar, ¿dónde están todos ellos, desaparecidos bajo gobiernos de la democracia?



Por Gabriel O. Turone

martes, 6 de septiembre de 2016

BARADEL, MILAGRO SALA Y LUIS D'ELIA




Al verlos juntos, surge, con la rapidez de lo espontáneo, el refranero: "Dios los cría y ellos se juntan". La imagen es de diciembre de 2009, y aunó a tres forajidos:

a) Roberto Baradel, autoproclamado "docente" y uno de los instigadores de la mentada "Marcha Federal" de hace unos días atrás. Sempiterno agitador ligado a ideologías de izquierda que viaja en avión hacia destinos europeos;

b) Milagro Sala, hoy procesada y detenida por delincuente y estafadora al servicio del kirchnerismo en la Provincia de Jujuy;

c) Luis Ángel D'Elìa, piquetero que como funcionario del entonces Gobernador bonaerense Felipe Solá, en el año 2006, cobraba un 'sueldito' de $ 13.585,20 -una fortuna-. Todavía la Justicia debe investigarlo por destrozar la Comisaría 24a. de la Policía Federal Argentina (PFA) ubicada en La Boca, en 2004. El delincuente D'Elía espetó a comienzos de abril de 2016: "Perón hoy se llama Cristina Fernández de Kirchner y si la meten presa condenan nuestro futuro". Pues, que la metan presa, agrego.

d) Aparece un cuarto en la galería del terror: Hugo Yasky, otro forajido que contribuyó a formar, en julio de 2012, y por ser secretario general de la CTA, el Sindicato Único de Trabajadores Privados de la Libertad Ambulatoria (SUTPLA). En resumidas palabras: si usted delinque y está preso, tiene "derecho", gracias a Yasky -y a los fondos estatales/nuestros- a percibir un sueldo de $ 4400 mensuales (estos valores corrían en el año predicho, seguro se ajustaron con la inflación).


¡MEMORIA!


Por Gabriel O. Turone

jueves, 3 de septiembre de 2015

TRILOGIA DISCUTIDA: PARTIDOS POLITICOS, DEMOCRACIA Y ELECCIONES



Casi con seguridad, y como nunca antes, emergen en buena parte de la población los principales cuestionamientos hacia el sistema político argentino actual, que encuentra su fundamento, como sabemos, en tres conceptos glorificados a partir de la Revolución Francesa de 1789, como son: los partidos políticos, la democracia y el sufragio universal. Simbióticamente, los tres fueron tomados como ejemplos indiscutidos de la política moderna (racionalista, positivista e iluminista) que dejaba atrás a la llamada etapa oscurantista de la religión y la tradición. Ninguno de esos conceptos pudo haber existido sin la creación de los Estados Nacionales que, vale decirlo para nuestra América, partieron los virreinatos hispanos para mejor dominarlos bajo la ambición de la Pérfida Albión (Inglaterra) y otros aliados tales como Portugal, Francia, etc.

            La última manifestación de ese viejo e histórico orden hispano en nuestro país ha sido, a las claras, la Federación de Juan Manuel de Rosas y los caudillos provinciales que apoyaron su política. Ese sistema federal, sin dudas, trató de mantener las antiguas posesiones virreinales que habían sido legadas a nosotros de modo natural. La empresa de Carlos Antonio y Francisco Solano López en el Paraguay, sería la última que en América intentó obedecer a aquella tradición hispánica seguida por Rosas unos años antes en Argentina.

            Fue a partir de 1870, entonces, que se consolidaría sin obstáculos a la vista el predominio de los partidos políticos, la democracia (con sus variables liberal y marxista) y el sufragio universal. El factor que permitió la aparición de este tipo de construcción política en nuestro país ha sido el de la Organización Nacional que inauguró Urquiza, y que robustecieron Mitre, Sarmiento y Nicolás Avellaneda (1852-1879). El resto es historia conocida aunque no monótona: Hipólito Yrigoyen, primero, y Juan Perón, después, hicieron sus respectivas modificaciones para que el pueblo, en vez de quedar excluido de las grandes decisiones estatales, tuviera participación en las mismas a fin de disfrutar, sustancialmente, de los mismos beneficios que tuvieron quienes los gozaron merced al sacrificio de las mayorías. Agrego, que Perón fue el único de ambos que entendió que por encima de los partidos políticos se hallaba el movimiento político.

            Llegados al siglo XXI –más concretamente al año 2001-, aquel sistema inaugurado en los campos de Caseros pero pergeñado en Europa a fines del siglo XVIII, ya llevaba en su seno la contradicción y la desaprobación popular. Traducido: no benefician a la patria.

            Como la crítica hacia los partidos políticos, la democracia y el acto electoral no son algo novedoso –de hecho, los Antiguos Griegos despotricaban contra la democracia al entenderla como lo más próximo a un estado de caos-, he rastreado la opinión de esmerados eruditos –tales como Matías Suárez, Jordan Bruno Genta y Charles Maurras- para entender por qué ellos sintieron que en Occidente esas tres palabras jamás tendrían arraigo y llevaban, por consiguiente, a la anarquía y la destrucción de los fundamentos cristianos de nuestro ser.

            Suárez en su Defensa de la Argentinidad (Plus Ultra, 1978) apela a la semántica para advertir lo que es un partido político: Dice que es una organización política artificial “que parten (por eso se llaman “Partidos”) a la Nación “Total” y que se apoyan en la ficción roussoniana de la voluntad general”. Se infiere, por lo tanto, que los partidos políticos no aparecen en los fundamentos políticos de la Nación Argentina porque “surgieron de la Modernidad afrancesada y culpable, ciertamente, del deterioro en el que vivimos”. Nada más actual, agrego.

En cambio, el voto democrático fue impuesto –y endiosado- como una “fe absoluta” que vino a representar “el acierto metafísico de la “voluntad general”” que emana de la infalible “soberanía popular” teorizada por Juan Jacobo Rousseau. “La “voluntad general” puede ser un aporte interesante para la Sociología, pero nunca, por ser tal, debe ser considerada como verdad absoluta”, señala Suárez. Así, la condena que pesa sobre la “voluntad general” del voto democrático está dada por el hecho de que la democracia lo impone como resultado de una “sagrada verdad” que no se discute. A su vez, “llega un momento de la Historia en que se le dice al hombre: “ni la mentira, ni la verdad, son categorías absolutas; todo es discutible, todo se puede resolver por el ‘voto’, porque la mayoría nunca se equivoca”. Por lo mismo, el Papa Pío IX llegó a expresar que “el sufragio universal es una prostitución universal”. Y no debe omitirse que por la “voluntad general”, Barrabás fue perdonado y Jesús condenado a la crucifixión. ¿La mayoría nunca se equivoca?

            El docente y erudito Jordan Bruno Genta, demuele al sistema democrático por confundirlo, adrede, con la idea de Patria. Para ello, cita a Ricardo Levene, un gran macaneador en ese sentido, quien afirmaba: “Patria y democracia integran un solo valor vivo e institucional para los argentinos”. Nada más errado, afirma Genta, para quien esta barbaridad es hija de “la falsificación liberal y masónica de la Historia” que “nos hace perder el sentido verdadero de la Patria”. Resulta inaceptable invocar a la democracia como si ésta fuera la Patria misma, porque esto significaría que “servir a la Patria es servir a la democracia; esto es, a la soberanía popular, a las mayorías accidentales, el poder ciego del número abstracto y vacío”. Esto último me resulta familiar, en cuanto replico en mi mente una frase dicha, a troche y moche, por Cristina Fernández Wilhelm de Kirchner y sus adláteres: “En 2011 ganamos con el 54% de los votos y por ende soy la presidenta de los 40 millones de argentinos”. He aquí, la dictadura del número frío que todo lo pretende abarcar, asumiéndose una representación generalizadora que lejos está de serlo. Quien esto suscribe, no se siente parte de su partido político ni de sus postulados…no es bueno, ni sabio, generalizar con el cálculo matemático del voto endiosado e inexpugnable.[1]

            En Guerra Contrarrevolucionaria, Jordan Genta sostiene que “No es prudente, ni sensato, ni razonable creer que se puede llegar a restaurar la Patria y el mundo en Cristo por la vía democrática y burguesa del Sufragio Universal. Mas bien, es imprudente, insensato y absurdo porque ya nos lo anticipó el propio Marx: “El Sufragio Universal es el gradímetro de la madurez del proletariado”.

            El francés Maurras (1868-1952), católico y opositor a los dogmas de la Revolución Francesa de 1789, va a identificar a la democracia con una arrolladora “dictadura del número”. De hecho, va a negarse “a suscribir aquella proposición según la cual la verdad de una situación política debía confiarse de manera absoluta a la decisión de una mayoría numérica, con menosprecio de la opinión sabia y experimentada”.[2] En la misma crítica a la democracia, incluirá a los partidos políticos que pululan en ella, a los cuales señala como intrínsecamente contradictorios, por cuanto “Los partidos políticos democráticos, por ejemplo, utilizaban la fuerza, pero una vez en el poder se apresuraban a descalificarla en nombre de las leyes, la Constitución y el derecho”. El esquema cierra perfectamente bien, si tenemos en cuenta que por el voto democrático un partido político de la democracia se reviste de legitimidad para hacer lo que se le antoje, dado que ya fue elegido por la mayoría que jamás se equivoca… Incurre ese partido triunfante, entonces, en la construcción de lo que para él es correcto de aquello que no lo es, así caiga en enormes contradicciones y arbitrariedades insospechadas.

            En La Comunidad Organizada, Perón advierte que la democracia en sí misma no representa una totalidad, y por eso mismo, no existe en su seno la armonía. Debido a esto, el hombre del presente vive inmerso en una crisis de tipo materialista, en donde “hay demasiados deseos insatisfechos, porque la primera luz de la cultura moderna se ha esparcido sobre los derechos y no sobre las obligaciones; ha descubierto lo que es bueno poseer mejor que el buen uso que se ha de dar a lo poseído o a las propias facultades”. De esta manera, el sistema democrático, amparado en esa cultura moderna con sus teóricos y sus valoraciones, no reconoce sino los derechos que le corresponden mas no sus obligaciones. Por lo tanto, la democracia manifiesta apetencias egoístas e individualistas que la transforman en un sistema ineficaz y absolutamente disgregador.

            Por último, el Artículo 1º de la Constitución Nacional de 1949 no hablaba de un sistema político Republicano Democrático para el país sino, más bien, de uno Republicano Federal. Así también era concebido para la Confederación Argentina en 1853 y más aún en los pactos preexistentes a la Carta Magna. Jamás se habló de democracia tal y como hoy la conocemos.



Por Gabriel O. Turone 




[1] Si a lo dicho le sumamos que para potenciar una estadística electoral obraron el dinero proveniente del narcotráfico, la prebenda, el subsidio, la extorsión, la duplicación ilegal de DNIs y otras irregularidades más, el número porcentual surgido al final de una elección queda aún más empequeñecido porque, encima, fue alcanzado por medios delincuenciales y/o corruptores.
[2] Zuleta Álvarez, Enrique. “Introducción a Maurras”, Editorial Nuevo Orden, Buenos Aires, 1965, páginas 26 y 27.