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domingo, 9 de noviembre de 2025

SOBRE EL DOCUMENTO MASONICO QUE NOMBRA A JUAN PERON

 



Como una supuesta novedad, la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, a través de su Gran Maestre, Pablo Lázaro, había anunciado la exhibición, por primera vez, de una serie de documentos en los que quedaría explicitada la membresía de algunos presidentes de la Nación en la Masonería. Ello en el marco de la edición de la <<Noche de los Museos>> que tuvo lugar el 8 de noviembre de 2025. 

Así las cosas, unos días antes, durante una entrevista que le hicieron a Lázaro por el canal de TV del portal Infobae, se dio a conocer la Solicitud de Ingreso a la Masonería de Raúl Ricardo Alfonsín, efectuada en Paraná, provincia de Entre Ríos, el 10 de septiembre de 1974, y un documento masónico en el que aparecía mencionado Juan Domingo Perón, y que se lo envía la Masonería Italiana el 27 de abril de 1958. 

En cuanto al documento de Alfonsín, ese sí resulta novedoso, pero no así la condición de masón del ex presidente de la Nación que asumió en 1983, por cuanto el investigador Patriota José Maguire, en la década de 1980, reveló un documento donde se señalaba que Alfonsín se había iniciado en la Logia Teodoro Herzl Nº 402 que llevaba la firma probatoria del entonces Gran Secretario General, el Grado 33º Luis San Luis, cuya firma iba acompañada con la Estrella de David. Lo que indicaba ese documento es que, una vez aceptado su ingreso a la Masonería, Raúl Alfonsín ostentó el Grado 14º de Gran Elegido Perfecto y Sublime Masón. En cuanto a su Solicitud de Ingreso, eso sí ha sido toda una novedad que recién ahora vio la luz. 

EL DOCUMENTO MASONICO DEL GENERAL 

En cuanto al documento masónico que nombra a Juan Domingo Perón, al mismo se lo tiene como <<el que prueba que fue masón>>, pero sin siquiera analizarlo. Como toda pieza documental, hay que leerla. Allí, en principio, no se expresa ninguna bienvenida del ex presidente argentino Perón a dicha internacional, y encima se trata de una misiva que le fue dirigida a él en abril de 1958, es decir, cuando Perón se encontraba en condición de ex mandatario y como exiliado político que vivía en Ciudad Trujillo, República Dominicana. Al no observarse ninguna “solicitud de ingreso” o respuesta de Perón por tan “amable gesto”, ya aquí comienzan a perfilarse las primeras dudas de autenticidad. 

Luego, leemos que la misiva está dirigida a:

 

<<S.E. il Generale Prof.Dott. JUAN PERON 33.י.

Sovrano Gran Commendatore e Gran Maestro Onorario, a Vita della Massoneria

Universale del Rito Scozzese Antico e Accettato.>>

 

De lo anterior, el hecho de que se nombre a Perón como <<Soberano Gran Comendador e Gran Maestro HONORARIO>>, ese es otro punto que deslegitima totalmente el hecho de que aquél haya sido masón, porque la entrega de grados de modo honorífico se los puede dar u otorgar a cualquiera, aún sin que el propio homenajeado lo sepa. Para ilustrar esto último, debemos mencionar que el Rotary Club Argentina, primos hermanos de los masones, le otorgan el título de <<Presidente Honorario>> a todos los ciudadanos que acceden a la primera magistratura de la República Argentina. Es algo así como un título <<Honoris Causa>> como los que dan las universidades a ciudadanos distinguidos: algo simbólico sin mucha trascendencia. 

EL DOCUMENTO, ¿ES UNA NOVEDAD? 

Emilio Corbière (1943-2004), reconocido masón, investigador, abogado, profesor universitario y autor de obras sobre la Masonería y el ocultismo, ha sido consultado por Juan Carlos Iglesias y Claudio Negrete, autores de “La Profanación. El robo de las manos de Perón” (Editorial Sudamericana, 2002, p. 102), acerca de la relación entre Perón y los masones, afirmando lo siguiente: 

“En el libro La masonería política y sociedades secretas en la Argentina, del historiador y periodista Emilio Corbière, se confirma que la masonería argentina niega que el general Perón haya sido un miembro formal y activo de la logia. La única vinculación que encuentra el autor entre la masonería y Perón está relacionada con un DOCUMENTO que publicó la revista Noticias el 12 DE JULIO DE 1997 acerca de los bienes y los archivos que había dejado Perón y que quedaron bajo la custodia del dirigente peronista Mario Rotundo. Se trata de una carta de la Masonería Universale del Rito Scozzese Ant.e Acc. Supremo Consiglio del 33º de ultimo grado. Unico regolare leggitimo, per l’Italia e sue dipendenze, firmada por el Soberano Gran Comendador Caetano Taranto y otros nombres del Gran Secretario y del Gran Guardasellos ilegibles. El texto fue dirigido a Perón cuando estaba exiliado en República Dominicana, y Corbière dice que el documento tiene poca trascendencia. Se relatan aspectos de los comicios electorales en Italia de aquellos años y le solicitan a Perón colaboración financiera para la campaña de candidatos presuntamente masones. 

“El historiador averiguó sobre esta logia en la masonería de Buenos Aires, pero le fue negado cualquier tipo de vinculación. Del texto se desprende que el “Grado 33” ES HONORIFICO y que se le pudo haber dado a Perón en su calidad de presidente argentino, SIN CEREMONIAS NI CUMPLIMIENTO DE RITUAL ALGUNO. En la misma carta italiana figura junto a otros presidentes de la época: el salvadoreño José María Lemos y los dictadores Anastasio Somoza, de Nicaragua, y Carlos Castillo, de Guatemala. Corbière consultó en Italia los orígenes de esta logia. Le explicaron que en 1908 se separó del Gran oriente un pequeño núcleo para apoyar la enseñanza religiosa en las escuelas. De este grupo, irregular y espurio, según el Gran Oriente italiano, procedería la logia que le habría dado estado masónico a Perón.” 

Pasando en limpio, el documento ya había sido revelado en 1997…pero se lo presenta como una “novedad” en 2025, y, además, al ser un título honorífico lo mismo no guarda seriedad ni mucho menos. A propósito, el criollo Juan Manuel de Rosas le había otorgado una gran cantidad de “títulos honoríficos” a uno de sus bufones, el llamado Eusebio de la Santa Federación. Así, toda vez que llegaba un diplomático o personalidad de la política local a la residencia San Benito de Palermo, el Restaurador primero mandaba al personaje de marras para que le dé la bienvenida, ocasión en la cual, si lo ameritaba, Eusebio le enrostraba al visitante todos los “títulos” que Rosas le había dado, que eran unos cuantos: 

“Gobernador de la Provincia, Majestad en la Tierra, Conde de Martín García, Señor de las Islas Malvinas, General de las Californias, Conde de la quinta de Palermo de San Benito y Gran Mariscal de la América de Buenos Aires.” 

Para ir terminando, los masones, seguramente en su afán de limpiar su oscura imagen, pretenden, como desde mediados de 2005, salir a la comunidad y endilgarse, en medio de la distracción actual, a varios declarados antimasones como si lo fuesen, tal el caso de José Artigas, “El Chacho” Peñaloza y el mismo Perón. Y ello, como una forma de mostrarse ante sus detractores como seres que adhieren a causas populares y masivas, folklóricas y hasta tradicionales. Los enemigos de la doctrina peronista y de su creador, Juan Perón, desean sin embargo tenerlo de su lado, y apelarán a las mentiras más mendaces para colocarlo como “uno de los suyos”, tomando por estúpidos a los propaladores de tales falacias que, sin un mínimo de indagación y averiguaciones, las desparramarán por los cuatro costados para seguir minando la cosmovisión nacionalista argentina de raigambre católica. 

 

Gabriel O. Turone

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL

sábado, 25 de octubre de 2025

REIVINDICACION DE UN CUADRO PERONISTA DE LA DIPLOMACIA: JUAN CARLOS PUIG



Rosarino nacido en el año 1928, el Dr. Juan Carlos Puig, abogado, profesor universitario y diplomático de fuste, ha sido de esos funcionarios omitidos y olvidados de la historia del Movimiento Nacional Justicialista (MNJ) por haber revistado en el Ministro de RR.EE. de nuestro país durante la presidencia del odontólogo Héctor J. Cámpora (mayo a julio de 1973).

Puig tenía vastísimos y bien ganados pergaminos para haber alcanzado el máximo escalafón de la política internacional argentina. Se graduó de Abogado en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) en 1950, y luego prosiguió estudios parisinos hasta alcanzar el doctorado en Derecho (1954). Más tarde, en la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, perfeccionó su formación académica por durante tres años en materia de leyes. Regresó a las fuentes cuando, casi a fines de los años 50 se especializó en Doctor en Diplomatura por la UNL. 

Como se dice por ahí, Puig llevó a altos grados de eficiencia la formación de genuinos “hombres de Estado” para que actúen en la diplomacia criolla, desde que, en 1963, se crea el Instituto de Servicio Exterior de la Nación (ISEN) de la que Puig fue uno de sus más entusiastas impulsores. El antecedente inmediato ocurrió en 1948, durante el primer gobierno de Juan Perón, a través de la entonces creada Escuela de Diplomacia. 

En los poco más de dos meses que fue Canciller argentino, el doctor Puig abrió negociaciones de largo plazo –aunque no las pudo desarrollar por la renuncia de Cámpora- con Gran Bretaña para la recuperación de las islas Malvinas, y también, aplicando la Tercera Posición doctrinaria del justicialismo, comenzó a tejer alianzas diplomáticas con los países ubicados tras la Cortina de Hierro del bloque comunista que dominaba la Unión Soviética (URSS). 

Durante el acotado plazo en que manejó las relaciones exteriores del país, Puig trató de impulsar una visión realista y autónoma desde un país periférico, como la Argentina, para ir ganando posiciones dentro del contexto mundial de las naciones. En 1973 le fue otorgada, por España, la Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica, aunque tal distinción puede perder credibilidad si se tiene en cuenta que, entre otros, le fue impuesta también a José López Rega y Raúl Lastiri. 

El 13 de julio de 1973, con la renuncia a la presidencia de Héctor Cámpora, también lo hace, casi en pleno, su equipo ministerial, entre ellos el doctor Juan Carlos Puig. El reemplazante de éste ha sido el Dr. Alberto Vignes, integrante Nº 1782 de la Logia Masónica Propaganda Due (P-2), la misma a la que pertenecieron José López Rega (Código H 15.77), César De la Vega (Código E 17.77, Nº 1802), el almirante Emilio Eduardo Massera (Código E 18.77, Nº 1755), Raúl Alberto Lastiri (Código E 19.77) y otros. 

Desde un año antes de que Puig fuera Canciller (1972), dirigió el Departamento de Política Exterior del Consejo de Planificación del Movimiento Nacional Justicialista (CPMNJ), donde tuvo por colaboradores a diplomáticos de la talla de Héctor Alberto Flores, Mario Cámpora, Roberto Julio Pini Ledesma, Juan Archibaldo Lanús, Carlos Pérez Llana, Carlos Tecco, etc. Recordemos que el CPMNJ fue una usina de ideas, o think tank, formado en 1970 para preparar el terreno para un futuro gobierno peronista, cuyo objetivo principal era la de formar cuadros técnicos y continuar, de alguna manera, con la aplicación de políticas parecidas a los planes quinquenales desplegados entre 1947 y 1955.[1] 

En cuanto a la diplomacia, a la caída de Puig y la llegada de Vignes, así también sobrevino la obligada renuncia de varios de los estrechos colaboradores del primero. Uno de ellos fue Roberto Pini Ledesma, quien fue presionado por el ministro Vignes para que dejara –renunciara, en verdad- al servicio exterior de la República hacia fines de noviembre de 1973, pasando a revistar al año siguiente en Presidencia de la Nación junto a José Francisco Figuerola (hijo), otro eyectado de la Cancillería por el nombrado Vignes. 

Puig quedaría relegado y, a partir de abril de 1976, forzado a exiliarse en Caracas, Venezuela, donde continuó volcando todo su saber con la publicación de obras relativas al derecho y la soberanía nacional, alcanzando desde 1952 hasta 1986 una docena de trabajos, entre los que se destacan: Principios de derecho internacional público americano (1952); La Antártida Argentina ante el derecho (1960); De la dependencia a la liberación (1973); Relaciones Internacionales (1975); y, Malvinas y el régimen internacional (1983). 

Juan Carlos Puig, olvidado pero activo intelectualmente, morirá en la capital venezolana el 5 de marzo de 1989.     

 

Mesa Directiva

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL


[1] El CPMNJ se dividió en Departamentos que fueron creados para desarrollar todos los aspectos y sectores de una nación, a saber: Política Interior, Defensa y Seguridad Nacional, Política Exterior, Asuntos Sociales, Vivienda y Urbanismo, Salud Pública, Demografía, Deportes, Trabajo y Seguridad Social, Asuntos Económicos, Industria, Ciencia y Tecnología, Energía, Minería e Infraestructura.

sábado, 18 de octubre de 2025

80 AÑOS DEL DIA DE LA LEALTAD, ¿DE QUE LEALTAD?



Ayer, 17 de octubre, se cumplieron 80 años de lo que, en la introducción de mi obra Tradicionalismo y Folklore en el Nacional Justicialismo (Edición del autor, 2022) di en llamar “la última gran épica nacional”. Y eso, sencillamente, porque desde hace 80 años no se ha dado ninguna otra con tanta repercusión ni trascendencia como aquella. Con el tiempo su proclamación se fue apagando, olvidando y tergiversando hasta su total desmemoria y confusión.

Hay inolvidables responsables de tamaña traición, y bastarían unos pocos ejemplos –de muchísimos- para no olvidarlos nunca. Desde la irrupción democrática de 1983, moldeada, a gusto, desde la Secretaría de Estado norteamericana, la desmovilización y desideologización del peronismo hay que endilgársela, sí o sí, al delincuente Carlos Saúl Menem, padrino de todos los actores políticos que vinieron a posteriori con el resultado que vemos al presente.

Pero para entender semejante descomposición, hay que tener en cuenta el borrón que se hizo de los fundamentos doctrinarios legados por Juan Perón, fundamentos sin los cuales el peronismo no solo ha quedado sin alma sino sin tradición. Anoté, muy modestamente:

“El extravío hasta ahora irreparable de la hermosa doctrina fundada por el teniente general Juan Domingo Perón se debe al abandono paulatino que ella hizo –a través de sus hombres- del tradicionalismo, instancia que permitió la disolución de los lazos sagrados entre el pueblo y la clase dirigente, convirtiéndose, el primero, en una masa atomizada, extraviada e informe, y la segunda en una corporación desarraigada, corrupta e insensible.”[1]

Lo que tenemos, tras ocho décadas del 17 de octubre de 1945, es una <<sociedad desorganizada>>, mas no una comunidad organizada que ha sido el fin último de la práctica doctrinaria del peronismo. Y ahí están las disoluciones a la vista: un pueblo atontado, empobrecido, alienado, masificado e infecundo versus una clase dirigente enriquecida, elitista, embebida de pautas culturales provenientes de los lobbies y resguardadas por grupos financieros supranacionales.

 

En el caso convocante, la doctrina fue usurpada en sus símbolos, en sus conceptos, en sus banderas históricas y en su folklore de genuina raigambre pueblerina. Pues, en lugar de dejar que sea el pueblo, a través de sus hombres de trabajo, el que ocupe los estamentos para dirigir un gobierno de genuina representatividad popular, fue el poder privado, a través de ardides como el engaño, la trampa, la corrupción, la tropelía, la ventaja y el negocio vil, el que terminó rompiendo el tejido social y la armonía de clases. Pues, a río revuelto, ganancia de pescador, o, como decía Fierro, “si entre los hermanos se pelean/ los devoran los de afuera”. 

Una vez, Menem le explicó a su hija, Zulemita Menem, por qué se consideraba un <<pragmático>> y no un <<traidor>>: “¿Sabés por qué lo derrocaron a Perón. Porque se enfrentó con la Iglesia, con el capital nacional y extranjero, con los Estados Unidos y con Inglaterra. Yo no voy a cometer el mismo error. ¿Qué voy a hacer? Voy a arreglar con todos esos poderes”.[2] Vean ustedes si eso no es traición a la patria, más allá de responder a tal o cual postura política. 

Hace muchos años que la política se terminó fusionando con el narcotráfico, engendro surgido bajo el sistema democrático y que dio lugar al mote de <<narcopolítica>>. Sin lugar a dudas, la figura de Alberto Eduardo Duhalde quedó signada como iniciadora en ese miserable fenómeno que, por abarcar a toda la clase dirigente, nunca fue combatido con la seriedad y el profesionalismo que merecen. Ni siquiera fue molestada la narcopolítica, y todo sigue como si nada. El 22 de agosto de 2003, Néstor Carlos Kirchner halagaba a Duhalde en estos términos: “Es un honor que esté hoy aquí sentado como uno más, entre el pueblo. Usted se merece esto [la gente vitoreaba su nombre]. Duhalde, no olvidamos su capacidad estratégica…”. Pueblo atontado versus dirigentes elogiándose. 

Claro, se dirá al leer lo anterior: ‘Néstor decía eso una vez que Duhalde le dio todo su aparato político, etc., etc., etc.’. Bueno, digamos entonces que Kirchner apoyó la candidatura presidencial de la fórmula Duhalde-Ortega para las elecciones de 1999, estando presente el santacruceño el mismo día del lanzamiento, el 25 de julio de 1998, cuando se congregaron 2 mil personas en el gimnasio del Club Parque Central de la ciudad de Neuquén capital. Allí se los vio, aplaudiendo de pie, eufóricos, a Néstor y Cristina Kirchner, a metros del escenario donde estaba el entonces Gobernador bonaerense. 

La doctrina peronista quedó totalmente barruntada en las mazmorras, y sino ¿por qué nunca más se hicieron eco los que usurparon el justicialismo de la Ley Nº 20.771 de Prohibición de Estupefacientes, sancionada el 26 de septiembre de 1974 bajo el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, y que penaba la producción, venta y/o tráfico de drogas? 

80 años del Día de la Lealtad. ¿De qué lealtad?

 

Gabriel O. Turone

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL



[1] Turone, Gabriel O. “Tradicionalismo y Folklore en el Nacional Justicialismo”, Edición del autor, 2022, p. 11.

[2] Iglesias, Juan Carlos y Negrete, Claudio. La Profanación. El robo de las manos de Perón, Editorial Sudamericana, 2002, p. 112.

miércoles, 8 de octubre de 2025

INTRODUCCION A UN PROXIMO REPORTAJE REALIZADO A ROBERTO PINI LEDESMA


En el barrio de San Cristóbal, en Capital Federal, nos introdujimos en el antiguo pero sólido edificio que muestra, desde su hall, una visión espectacular de la plaza “Martín Fierro”, lote que en el pasado perteneció a la fábrica metalúrgica Vasena donde, en el año 1919 se produjo una indiscriminada matanza de obreros que reclamaban un sueldo digno que nunca llegaba. 

Fuimos a visitar al diplomático y cofundador del Movimiento Cívico para la Cultura Nacional (MCCN), Roberto Julio Pini Ledesma, quien nos recibió con total pleitesía y nos contó, grabador en mano, algunas vivencias de sus épocas en el invicto palacio San Martín, sus contactos con el teniente general Juan Domingo Perón, su participación en el retorno definitivo de junio de 1973 y algunas anécdotas más de esos años de esperanza y violencia desmedida. 

Ese reportaje llegará en formato de video en un canal que, para tal efecto, estamos creando en el portal Youtube, a nombre del MCCN, una plataforma y escuela de doctrina que, tomando lo mejor y más noble de la tradición cultural argentina, funda su existencia en la construcción de un nuevo sistema que reemplace, de modo definitivo, a la vetusta democracia partidocrática que nos ha hundido hasta los putrefactos subsuelos del infierno. Centralizando su existencia en el rescate de los valores católicos y patrióticos que nos dieron identidad y personalidad, y permitiendo que sus componentes humanos se lancen a la conducción de aquellas esferas donde se sientan aptos y hábiles para interpretarlas y bajarlas con docencia a la comunidad. 

Pini Ledesma fue diplomático desde 1968 y hasta el 26 de noviembre de 1973 cuando, por decisión del ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Alberto Vignes, masón integrante de la Logia Propaganda Due (P2), desobedeció una orden del Dr. Vicente Solano Lima –por entonces, Secretario General de Presidencia de la Nación- quien se empeñaba en sostener en el cargo al compañero Pini Ledesma, quien ostentaba la Categoría 15 dentro del organismo aludido. El siguiente destino de Pini Ledesma fue en la Secretaría de Presidencia de la Nación hasta el año 1975, cuando una nueva interna, ya en tiempos más belicosos, le volvió a impedir su continuidad dentro del último gobierno justicialista que ha dado la patria.

En nuestro próximo posteo, pues, se publicará el reportaje que irá acompañado de imágenes de Roberto Julio Pini Ledesma de cuando fue funcionario en la Cancillería argentina y donde evocará el rol que le cupo cuando Perón arribó al aeródromo de Morón, el 20 de junio de 1973, gracias al aviso salvífico de Solano Lima. De esa jornada, es la fotografía que muestra a Pini Ledesma (en círculo amarillo) al lado de Perón, y cerca de José López Rega e Isabel Perón, en la portada del diario “Clarín” del 21 de junio del año de marras.

 

Mesa Directiva

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL

jueves, 20 de septiembre de 2018

LA DEMOCRACIA, EN LA FILOSOFIA GRIEGA Y EL "PERONISMO RENOVADOR"




Aún existe una gravísima carencia de autocrítica que permita saber qué han hecho quienes, teniendo o habiendo tenido el poder en sus manos desde 1983 a la fecha, alentaron el desastre orgánico en que hoy se ha convertido el peronismo.

Desde la muerte trágica de José Manuel De la Sota, en días recientes, he visto incesantes comentarios y alabanzas que hicieron perder el verdadero eje de su protagonismo desde el regreso de la democracia liberal como régimen impuesto en la vida política nacional, todo sin el verdadero mal que tanto él como otros protagonistas más tuvieron para el defectuoso presente de eso que alguna vez fundara Juan Perón.

Capas y capas de desviaciones, parches, prebendas, trampas dialécticas, subversiones, modernismos y negociados infames, han sido los principales y fundamentales ingredientes que motorizaron eso que se llamó “Peronismo Renovador”, tan exacto en su adjetivo como en la perdición que concretó, y consolidó, al paso de las décadas desde su origen. Su resultante es la pauperización y el atroz vaciamiento de la fuerza política más grande que ha dado Hispanoamérica. Sus protagonistas andan sueltos, otros ya duermen el sueño de los justos y varios más se alarman ante la entropía reinante.

Repasemos una de las perfidias del “Peronismo Renovador”, como es lo tocante al origen político/ideológico de muchos de sus popes: los hermanos Adolfo y Rodríguez Saá tuvieron su origen en la democracia liberal, habiendo militado, allá por los primeros años 70 en el Partido Liberal (PL) de San Luis; Eduardo Alberto Duhalde, era de la democracia cristiana, cuya expresión partidaria, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), nace cuando el justicialismo estaba próximo a caer y pleno de apellidos, sus filas, que lo terminarían por derrocar en 1955; José Manuel De la Sota, también había nacido a la luz de la política desde la democracia cristiana; Carlos Saúl Menem era un revisionista de izquierda que, recién a mediados y fines de la década de 1960, se acercó a Perón –a quien visitó en Puerta de Hierro- y se encaramó en su movimiento para terminar abrazando el neoliberalismo más acendrado de todos los tiempos. Antonio Cafiero fue siempre un hombre de la Iglesia Católica con visto bueno y apadrinamiento del Vaticano (Opus Dei); José Luis Manzano, un hebreo con apoyatura en el poder político de los Estados Unidos que terminó defendiendo, y perteneciendo, a meros intereses empresariales. Julio Bárbaro, hombre del jesuitismo a través de su militancia en Guardia de Hierro; Esteban Righi, subversivo con fuerte arraigo entre los integrantes de la Organización Montoneros, que llegó a ocupar un puesto clave cuando la corta administración de Héctor José Cámpora, obligándolo a que liberara terroristas subversivos de las cárceles de Buenos Aires; José Octavio Bordón, que provenía del humanismo y el socialcristianismo, lo que en él influyó de manera determinante para abrazar las ideas de la socialdemocracia europea (creando en nuestro país el FREPASO, en los 90). Y así, podríamos explayarnos in extenso. Todas las expresiones políticas mencionadas recalaron en el peronismo que, cual recipiente, los acogió y así le pagaron, fagocitándolo y desvirtuándolo hasta en sus cimientos.

            Notamos que se trató de una generación intermedia que interpretó, como quiso, el corpus doctrinario del peronismo, que flaqueó en el trienio 1973-76, que sobrevivió –en no pocos casos de modo sospechoso- a los años del Proceso de Reorganización Nacional, y que, al regreso de la digitada democracia liberal, se dedicó a vengar aquel triste pasado no con miras a una mejora sustancial de la comunidad sino dentro de los límites egoístas del propio ombligo, permitiendo la aceptación de las nuevas reglas de juego (sobre todo económicas), siendo cómplices de y ante la subversión de los valores culturales, pero  cuidando con celo religioso los cargos públicos de la política para pasarla bien y terminar sus días llenos de lujosa materialidad.

            El extravío de los “renovadores” fue tan grande, que hasta ellos mismos olvidaron –o desconsideraron- el pensamiento filosófico que tenían los antiguos griegos, de los que Perón basó, en parte, su doctrina, respecto a la Democracia, por eso el cordobés De la Sota afirmaba que ellos, como renovadores, querían plasmar “un peronismo profundamente democrático”.[1] O sea, la Democracia como panacea última e insustituible de la evolución humana, condiciéndose, en algún punto, con lo planteado por Francis Fukuyama a comienzos de los años 90 del siglo XX.[2]

            Para Aristóteles, la Democracia era una de las formas malas que existían de gobierno, siendo superada por la Monarquía y la Aristocracia, pues el pensador era un fervoroso hombre que veía en la jerarquía el modelo ordenador a seguir. Como sistema lógico/político, la Democracia se pervierte cuando el que gobierna –y su séquito- se sirve de la ciudad, y no al revés, que el dirigente sirva a la comunidad en la que vive.

            Max Weber, muchos siglos más tarde, hablará en La política como vocación de quienes viven “de” la política o “para” la política, manifestando que los primeros solían ser, como desde 1983 ocurre en nuestra bendita democracia, indeseables parásitos que gozaban del esfuerzo del pueblo y que abusaban de la confianza del votante de a pie.

            Un sistema democrático aceptable es aquel en donde el empoderamiento proviene de dos sectores, de acuerdo a Aristóteles: en los libres y los pobres. Pero, y aquí viene lo intrínseco de su falla, ambos se enseñorean y terminan confinando todo hacia la demagogia. Y eso, porque, al fin y al cabo, no gobiernan en la Democracia los mejores sino el número. La Democracia ochentera de la Argentina supuso siempre la superioridad del número por sobre la calidad del dirigente; todo lo viene (des)arreglando el voto, y obtienen más cantidades de votos los que más capital aportan para las campañas. A esto último lo entendieron aquellos que, introduciéndose al mundo de la política, buscaron el enriquecimiento ilícito, su consecuente reconversión en nóveles empresarios, y la adaptabilidad y reformulación a conveniencia de todas las ideas-fuerza que, como en el caso del peronismo, les sirvieron para adaptarse al nuevo ciclo emergente de las democracias liberales.    

            Polibio, politólogo griego, dijo que una forma perversa de la Democracia era la Oclocracia, que tiene correlato en nuestra triste realidad local. ¿Y qué entendemos por Oclocracia? El pensador griego, lo definía como aquellos gobiernos “que manipulan a las mayorías para el beneficio de grupos o de los propios gobernantes y no para el interés global”.[3] Esa ha sido el tipo de Democracia que aceptaron los adláteres del “Peronismo Renovador”. Otra acepción de la Oclocracia la reconocemos como el gobierno de las muchedumbres que, desviadas de sus verdaderas intenciones, es manipulada para que actúe en pos de intereses que no son los del conjunto.

            Mientras la diosa Democracia continúe siendo el norte de la partidocracia contemporánea, entonces, como dice Alberto Buela, existirá una creciente y más profunda decadencia como nación. Hasta que “venga a esta tierra algún criollo a mandar”, como sugería el gaucho Fierro a través de la pluma hernandiana,  seremos el convidado de piedra a la hora de nuestra triste partición territorial.


Por Gabriel O. Turone



[1] “Los hombres de Perón. El Peronismo Renovador” (entrevistas), de Marta Gordillo y Víctor Lavagno, Puntosur Editores, 1987, página 212.
[2] En 1987 comenzó lo que daríamos en llamar la segunda etapa del “Peronismo sin Perón”.
[3] “Nación-Religión-Provincia en Argentina”, de Mario Rapoport y Hernán Colombo, Imago Mundi, Buenos Aires, 2007, página 41.

viernes, 29 de septiembre de 2017

LEY DE ASOCIACIONES PROFESIONALES: QUIÉNES Y POR QUÉ LA HAN QUERIDO DESTRUIR



De algunas conversaciones que he mantenido con gente mayor, y, así también, de las variadas obras que alcancé a leer sobre el tópico, puedo concluir en que el encarcelamiento de Juan Domingo Perón en la isla Martín García en la primera mitad de octubre de 1945 se debió a la Ley de Asociaciones Profesionales que el entonces coronel hizo sancionar el día 2 de ese mes y año a través del Decreto Nº 23.852.

            La Ley de Asociaciones Profesionales le otorgaba a los gremios dos cuestiones fundamentales. Primero, reconocer la legalidad de cada entidad gremial, por ende, darle resguardo jurídico a los trabajadores que, hasta ese 2 de octubre de 1945, no podían hacer reclamos de ninguna naturaleza porque tales reclamos eran ilegítimos, nada los amparaba. Por eso, a partir de esa Ley, cada gremio pudo pelear por zanjar su Convenio Colectivo de Trabajo, sus paritarias, por los días que le correspondía de vacaciones a sus afiliados, el aguinaldo, etc., todo eso ante las autoridades gubernamentales competentes. En segundo término, la Ley establecía que, para fortalecer el poder de los trabajadores, era imperioso que exista un único gremio por rama de la actividad. Esto quería decir, que los metalúrgicos para ser más fuertes tenían que estar nucleados en un único gremio de metalúrgicos, los rurales en un único gremio relativo al campo, y así con todas las actividades laborales. De allí, la conclusión que se tiene para el sindicalismo de cuño peronista de que “todos unidos triunfaremos”, como reza en una de sus partes la Marcha Peronista, algo que también se relaciona con la más célebre frase popular que dice: “La unidad hace a la fuerza”.

            En tal sentido, ambos pilares de la Ley de Asociaciones Profesionales no hicieron más que derrotar el tipo de organización gremial que se adecuaba a las pretensiones de los regímenes de tipo oligárquico/conservador, para quienes los gremios no eran merecedores de tener derechos pues, para amedrentar su potencial, se los prefería organizados por oficios. Así, dentro del ámbito rural, por caso, había que establecer un gremio de alambradores, otro de esquiladores, otro de recolectores de manzana, etc., en vez de uno solo que agrupara a todas esas actividades de campo que, sin lugar a dudas, iban a ir con mayor peso a la hora de pelear ante las injusticias o sus derechos.

            Dicho esto, agregaré otra condición que favorecía notablemente a los gremios merced a la Ley de Asociaciones Profesionales, y que tiene que ver con que esta normativa les permitía a las entidades obreras ser libres y autónomas, en razón de que ahora era una realidad el fuero sindical colectivo, lo mismo el fuero individual. La existencia de ambos fueros quería significar, dicho por el propio Perón, “la inviolabilidad del sindicato”, es decir,

            “En un sindicato no puede entrar nadie. Sólo puede intervenir la central obrera, pero no el gobierno ni ninguna otra autoridad. Es casi una extraterritorialidad, y es la que ha permitido a los sindicatos ser libres y totalmente autónomos.”[1]

            Por esto mismo, es que los gremios han sido organizaciones libres del pueblo con autonomía, y de ello la queja constante y sonante del viejo orden oligárquico, subversivo y socialdemócrata para destruir semejante osadía, que, como veremos, lo han intentado en las décadas subsiguientes a septiembre de 1955.

            El Senador Nacional (MC) Oraldo Britos ha sostenido, en un escrito, las vicisitudes por las que ha transcurrido la Ley de Asociaciones Sindicales a partir del golpe de Estado septembrino que fuera comandado por el general Eduardo Lonardi.

            “No olvidemos –dice Britos- que Aramburu en 1956 deroga el Decreto Ley 23.852/45, Onganía en 1966 la Ley 14.455/58, Videla en 1976 la Ley 20.615/73, y finalmente la UCR, montada en una mal llamada Ley 22.105/82 originada en la última dictadura militar, en 1984 pretendió controlar las organizaciones gremiales y sus obras sociales.”[2]

            Pasando el limpio el párrafo anterior, la primigenia Ley Nº 23.852 de Asociaciones Profesionales fue derogada por el presidente de Facto, teniente general Pedro Eugenio Aramburu, en 1956, haciendo ilegales a los gremios e interviniendo militarmente la Confederación General del Trabajo (CGT), que cayó en manos del capitán de Navío Alberto Patrón Laplacette. Luego, tras el ascenso democrático de Arturo Frondizi a la presidencia de la nación en 1958, y con motivo del pacto que secretamente firmara con Juan Perón, se sancionó la Ley Nº 14.455 de Asociaciones Profesionales de Trabajadores que devolvía algunos derechos a las organizaciones sindicales. A dicha Ley Nº 14.455 la mantendrá Arturo Umberto Illia (1963-1966), pero sobrevenido un nuevo golpe de Estado, esta vez a manos del general Juan Carlos Onganía, esa Ley es derogada una vez más, creando una regresión en la vida institucional de los gremios a sus estadios de la época oligárquica.

            Al retornar el peronismo al poder en mayo de 1973, el odontólogo Héctor José Cámpora hace sancionar la Ley Nº 20.615 de Derecho de las Asociaciones Profesionales, la cual se verá firmemente aplicada, y mejorada, por la Ley de Contrato de Trabajo (Nº 20.744) que se sancionó en septiembre de 1974 bajo la presidencia de Isabel Perón. Sin embargo, ante el advenimiento del Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), el teniente general Jorge Rafael Videla derogó la Ley Nº 20.615 y, en cambio, sancionó y promulgó, el 15 y 22 de septiembre de 1979, respectivamente, las modificaciones pertinentes para quitarle derechos a los gremios en base al Artículo 5 del Estatuto  que regía para el gobierno militar surgido mediante el golpe de Estado en 1976.

            Al comentar el corpus de las modificaciones que hizo el general Videla a la Ley Nº 20.615 que rigió desde 1973 hasta 1976, en su artículo 82 quedaba expresa la derogación de la misma, mientras que en el artículo 5 se afirmaba que “Podrá existir en el ámbito nacional más de una federación por actividad, oficio, profesión o categoría, sin superposición territorial”, permitiendo, de este modo, la denominada “democratización” del movimiento obrero y, por lo mismo, la quita de fuerza ante las exigencias de las entidades patronales. Y en el artículo 8, se aclaraba que

“Las asociaciones gremiales de trabajadores no podrán participar en actividades políticas, ni prestar apoyo directo o indirecto a partidos, candidatos políticos o a quienes realicen actividades políticas.”

Va de suyo, que esta mordaza venía a endurecer la intervención militar de las actividades de los trabajadores agremiados, pues con el Decreto 10 (“62 Organizaciones” – Prohibición de su actuación) y la Ley Nº 21.270 (Confederación General del Trabajo – Intervención – Bloqueo de fondos, cuentas bancarias y bienes patrimoniales), ambas sancionadas y promulgadas el mismo 24 de marzo de 1976, las expresiones e inquietudes del movimiento obrero organizado quedaban seriamente dañadas y silenciadas.

Finalmente, con el advenimiento de la democracia liberal en 1983, todos los partidos políticos argentinos habían pactado que, cualquiera sea el vencedor de las elecciones presidenciales, éste debía modificar las leyes sancionadas por la dictadura cívico-militar surgida en 1976. Pero Raúl Ricardo Alfonsín Foulkes incumplió el compromiso, por eso en 1984 tuvo la osadía de bregar por la “democratización” del movimiento obrero, atenuando, acaso, lo dispuesto por el general Videla unos años antes, mas restringiendo el poder y la organización de los gremios nucleados en la CGT.

Fue a través de Antonio Mucci, ministro de Trabajo del gobierno de Alfonsín (diciembre 1983-mayo 1984), que propuso la llamada Ley de Reordenamiento Sindical, el intento más serio que tuvo la UCR por quebrar al movimiento obrero organizado. Al tratarse en la Cámara de Senadores de la Nación, el proyecto fue rechazado por el bloque justicialista y por otros legisladores que se oponían a la medida.

Sin embargo, el sueño de dividir a los gremios para que dejen o mermen su autonomía, su libertad y queden en inferioridad de condiciones ante la puja eterna que sostienen contra los empresarios y las patronales, no está terminado ni mucho menos. La última expresión en este sentido, provino de un personaje que, justamente, ha surgido de las filas del pauperizado movimiento obrero de fines del siglo XX y comienzos del XXI, muchos de cuyos dirigentes han devenido en empresarios y han abandonado los principios y valores que le dieron razón de ser. Hablo de Facundo Moyano, ex secretario general de SUTPA (Sindicato Único de los Trabajadores de Peaje), a quien hemos visto envuelto en faenas de playboy, vida lujosa y cargada de despreocupación, el mismo que en noviembre de 2013 y en el mismo mes de 2016, esbozó su posición para “democratizar” –como lo pensó el socialdemócrata gramsciano Alfonsín- al movimiento obrero. “La democratización sindical va a contribuir a que se fortalezca el modelo sindical argentino y la participación política de los trabajadores”, dijo el diputado nacional Facundo Moyano en 2013. Y tres años más tarde, volvió a la carga:

“…es muy importante poder iniciar este debate que contribuye a la democracia sindical y que se tiene que dar en el seno del Movimiento Obrero. Sólo los trabajadores pueden decidir cómo quieren organizarse para defender sus intereses. La democracia sindical es un debate necesario.”[3]

            Reservo para el final, algo que por ahí muchos desconocieron aunque imaginaron, y es que, durante el tercer y último gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, las organizaciones involucradas en la subversión marxista pidieron, durante un Plenario de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP)[4] celebrado en el estadio Luna Park en noviembre de 1973, la modificación de la Ley de Asociaciones Profesionales… Si no me cree, vea la bandera de la imagen que ilustra esta nota, donde leemos: “PLENARIO SINDICAL PERONISTA PARA LA REFORMA DE LA LEY DE ASOCIACIONES PROFESIONALES”.

            Esos mismos, fueron retratados del modo que sigue por una publicación partidaria:

            “Los empeños de la JTP (volantes con textos coordinados, campañas de difamación, mesas de “franeleo”, etc.) no alcanzaron a engrupir al pueblo que sabe que su ley es la de Asociaciones Profesionales y que sus dirigentes son los que han elegido en actos democráticos. En cambio a los de la JTP no los eligió nadie ni tienen representatividad alguna. Son una minoría universitaria que intenta copar ideológicamente al movimiento obrero organizado a través de la mejor herramienta que tuvo Perón en estos 17 años: la Confederación General del Trabajo, o como dijo Perón; la casa de la columna vertebral del peronismo.”[5]

            Por eso, repasemos el listado: oligárquicos, golpistas, subversivos marxistas, socialdemócratas, yuppies. ¿Qué tienen en común? Su profunda aversión, desprecio y traición hacia lo mejor que tuvimos, tenemos y tendremos en la República Argentina: los que trabajan.


Por Gabriel O. Turone


[1] Canfalonieri, Orestes D. “Perón contra Perón”, Editorial Antygua, Buenos Aires, agosto de 1956, página 15.
[2] Britos, Oraldo N. (2014). A 30 años del rechazo del Proyecto del Ley de “Reordenamiento Sindical”. De  http://escuelauatre.com.ar.
[3] Facundo Moyano: “Lo que buscamos es democratizar el sindicalismo”. NCN Noticias Congreso Nacional, nota del 11 de noviembre de 2016, https://www.ncn.com.ar/facundo-moyano-lo-que-buscamos-es-democratizar-el-sindicalismo.
[4] La JTP fue el brazo juvenil sindicalizado que respondía a la terrorista Organización Montoneros.
[5] No pudo llenar el Luna Park la JTP a pesar del apoyo universitario, Revista “El Caudillo de la Tercera Posición”, Año I, Nº 1, noviembre 16 de 1973, página 14. 

viernes, 7 de julio de 2017

1981 – 6 DE JULIO – 2017 // 36 AÑOS DE LA PUESTA EN LIBERTAD DE ISABEL PERON



Se recuerda ayer, luego de 5 años, tres meses y once días, la puesta en libertad de la ex Presidente de la Nación doña María Estela Martínez de Perón, una de las dirigentes que más años estuvo privada de su libertad luego de su derrocamiento el 24 de marzo de 1976.

De esta etapa sombría, hay quienes la recuerdan manteniendo suma lealtad hacia sus convicciones de peronista y hacia la vida de otros compañeros, pues, como le han dicho al que suscribe ‘en off’,

“si algo se le debe reconocer es que Isabel no entregó a nadie y no se le ha conocido relación alguna con ninguno de sus captores al solo hecho de pasarla mejor en prisión”.

Hasta su liberación, Isabel Perón recibió el apoyo de sus partidarios, sean del Partido Justicialista (PJ) o de la CGT. La central obrera en un pequeño cuadernillo suscrito en 1980, y que estaba dirigido a todas las regionales y subregionales del país, pidió por la pronta libertad de Isabelita, al tiempo que, defenestraba la política económica emprendida por el Ministro de Hacienda del Proceso de Reorganización Nacional, José Alfredo Martínez de Hoz. Felicita, en dos renglones apenas, y poniendo reparos en otros excesos de las FF.AA., la eliminación que se hizo de la guerrilla subversiva según se desprende de ese importante documento que pasó casi desapercibido para el análisis histórico de esta etapa de la vida nacional.

            Por su parte, tengo a la vista un comunicado mecanografiado que, sin firmas al pie, lleva por título POR LA VIGENCIA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y LAS LIBERTADES DEMOCRATICAS, que obra en la vitrina 34 de la Biblioteca “Felipe Gallardo” de la Escuela Político Sindical de la UATRE. No lleva fecha, aunque por un párrafo que hace alusión a la “desastrosa pérdida de las islas Malvinas”, infiero que pudo haber sido escrito inmediatamente después del Conflicto el Atlántico Sur. A su vez, podemos observar en un apartado el pedido que se hace para dejar en libertad política (atención con el término) a Isabel Perón. Es una misiva que, sin dudas, la hace el PJ aunque ya inmerso en esa coalición que se denominó “Multipartidaria”, donde convivía, para buscar una salida democrática al país, con varios partidos políticos de otras tendencias ideológicas.

Para 1982, que es cuando, casi con seguridad, fue escrito el comunicado, Isabel Perón ya estaba en libertad, pero no así en libertad para volver a participar en la vida política vernácula. Por eso, en un suelto del escrito, y bajo el título subrayado “ISABEL PERON”, los dirigentes del PJ señalaban que:

“Recientemente se ha dictado un fallo de la Corte Suprema de la Nación donde se confirma una anterior decisión judicial de mantener de por vida la inhabilitación política de la ex-presidenta de los argentinos Isabel Perón. Esta nueva sentencia, ratifica una vez más la no existencia de independencia del Poder Judicial con relación a la dictadura militar.

“Por lo demás, demuestra lo proscriptivo y condicionante de la  salida “democrática” del régimen.

“Nuestro Partido ha venido luchando desde 1976 para que se dejara en libertad a la ex-presidenta y se derogaran las injustas inhabilitaciones y por la disolución del CONAREPA[1]. Hemos llamado también, al Peronismo y (a) todas las fuerzas políticas populares para que tomen firmemente la situación de Isabel Perón. En este sentido, apoyamos resueltamente la decisión del último Encuentro del Justicialismo en Bariloche que toma esta reivindicación y llamamos junto a los compañeros peronistas a desarrollar un vasto movimiento para que se levanten las proscripciones que pesan sobre Isabel.”

            Por su parte, y una vez liberada en julio de 1981 la ex Mandataria, en las página 12 y 13 de la edición Nº 13 de la Revista Línea, dirigida entonces por el ex diplomático y revisionista José María Rosa, se le dedica una importante cobertura a tan menuda cuestión. Lo hace con sorna, pues titula a la crónica del modo que sigue: “ISABEL: ¿Liberada o Condenada?”. Desde allí se quejan de la poca importancia que le dieron los medios a la ilegítima prisión de Isabelita durante más de un lustro, mientras que con su liberación ahora todos salían a bombardear las primeras planas de los medios gráficos.

            En una parte, la nota de Línea advertía que “la ex presidente recuperaría condicionalmente su libertad por haber cumplido los plazos procesalmente previstos, esto es, los dos tercios de su condena (¿condena?)”. En verdad, no hubo condena sino una lisa y llana privación de sus derechos políticos, de su libertad y de sus bienes, puntos los cuales los medios no demostraron mayor interés, recalca la publicación Línea. Por eso, remata diciendo que “En todo este tiempo, la Sra. de Perón sigue “cumpliendo condena”, bajo la forma de libertad condicional”. Aún después de largos años de presidio, a Isabel Perón la chantajearon, la extorsionaron y la despojaron de sus bienes, los cuales habían sido adquiridos legítimamente por el teniente general Juan Perón y el aporte de gremios y afiliados justicialistas, como ser: la casa de la calle Gaspar Campos en San Vicente[2] y el chalet “17 de Octubre” de Puerta de Hierro, Madrid.

            Tanta vituperación sobre su figura, hizo de María Estela Martínez de Perón Casas una mujer retraída, llamada a silencio y recostada sobre dogmas y principios cargados de religiosidad. Esta actitud se mantuvo en todos sus aspectos, aún en aquellos esporádicos viajes que, luego de 1981, realizara a nuestro país. Por eso, bien lo comunicaba su Secretario de Prensa en ese julio de 1981, de que Isabelita “no hará declaración política alguna”, postura que mantuvo como un mandato en sus últimas décadas.

            Por último, apenas arribó al aeropuerto de Barajas, Madrid, tras ser liberada, Isabel Perón apenas deslizó algunas respuestas triviales a una breve entrevista que le hiciera la publicación española Radiolandia 2000. Dijo que escuchaba música clásica de Beethoven y Lizt, que era un afiebrada lectora de diarios, revistas y libros y que no iba a opinar de lo que sucedieron en sus cinco años de cautiverio porque, simplemente, “para hablar del país hay que estar en el país”, concluyendo con algo que le decía su esposo Juan Perón: “Jamás hay que dejar que la lengua se adelante al pensamiento”.

            Reservo antes del cierre, que fue Pilar Franco, la hermana del Generalísimo Francisco Franco, quien le dio acogida a Isabelita para que se radicada definitivamente en España, e incluso fue aquélla quien la fue vino a buscar a la Argentina ni bien fue puesta en libertad la ex Presidente de la Nación. Y que Gerónimo Venegas, el recordado hacedor y ex Secretario General de la UATRE fue un admirador de la señora de Perón, al punto de reivindicarla con un hermoso cuadro que hoy se ubica, en un lugar preferencial, en el salón del 1º piso de la sede de las 62 Organizaciones Peronistas (avenida Independencia 3058, Capital Federal).

            Punto entonces.



Por Gabriel O. Turone


[1] Siglas de la Comisión Nacional de Responsabilidad Patrimonial, creada el 21 de octubre de 1977 por el gobierno militar de Facto.
[2] Esta casa fue adquirida en el año 1940.