sábado, 11 de junio de 2016

EL ASESINATO DE ARAMBURU, UNA DISPUTA INTERNA DEL EJERCITO



Se cumplirá el próximo 29 de mayo, el 46º aniversario del secuestro y asesinato del teniente general Pedro Eugenio Aramburu, precisamente un Día del Ejército.

Pasados los años, no pocos confundidos y peor informados siguen saludando el episodio como si, de verdad, se tratara de un ‘vuelto’ que el peronismo realizó contra uno de sus verdugos, saliendo a rememorar y publicar por cuanto foro o red social de Internet exista los famosos Comunicados de la Organización Montoneros de aquellos días, o bien propalando el relato fantástico –por lo inverosímil- que desde las páginas de La Causa Peronista, del 3 de septiembre de 1974, hicieron los subversivos explicando su supuesta hazaña.

            Hoy en día existen innumerables pruebas (documentos, archivos, etc.) que dan por cierto que el secuestro y posterior muerte de Pedro Eugenio Aramburu fue obra de civiles y militares que estuvieron relacionados al gobierno del general Juan Carlos Onganía (1966-1970). Vemos en las páginas de la obra Aramburu: el Crimen Imperfecto (de Eugenio Méndez, Sudamericana-Planeta, 1987), que el propio padre de Firmenich, el ingeniero Víctor Firmenich, al ser reporteado por la revista Gente el 23 de julio de 1970, en un pasaje de la entrevista puso en dudas si su hijo Mario Eduardo Firmenich actuaba solo o mandado por alguien:

            “- Mire, yo no sé qué es lo que pasó. No sé si tuvo algo que ver, en todo caso es posible que sea el instrumento de alguien, pero nunca la parte principal.
-          ¿Instrumento de quién?
-          No sé, pero alguien está manejando todo esto. Eso es seguro.”

Y la publicación Periscopio, Nº 45, del 28 de julio de 1970, hacía lo propio al poner en dudas la autónoma actuación del grupo que se hacía llamar solamente Montoneros, al referir lo que sigue:

            “Con todo, las lagunas y las curiosidades no enjuagadas quizás se diluyen –si cabe- apenas volvemos a la máxima pregunta, que obsesiona al país entero: ‘¿Qué hay detrás del Caso Aramburu?’ La policía dirige hacia allí sus afanes; una vez que resuelva este enigma central, una vez despejado el qué, le será fácil conocer el por qué y los quiénes. Sin duda, la masacre del ex gobernante respondió a una conspiración política más vasta, más ominosa, más execrable que los devaneos ideológicos y criminales de un grupo de muchachos. Una Comisión Investigadora con facultades extraordinarias sería de enorme ayuda.”

‘AZULES’ Y ‘COLORADOS’

En todo este nauseabundo lodazal, se filtraba la antigua disputa de los sectores ‘Azules’ y ‘Colorados’ del Ejército Argentino, interna que debe su origen al derrocamiento del gobierno constitucional del teniente general Juan Domingo Perón en septiembre de 1955.

Como no era tarea fácil hacer olvidar al pueblo todas las realizaciones o conquistas sociales efectuadas por el peronismo saliente, lo que conllevaba a creer que éste ya era parte indisoluble de la memoria y alma colectiva, las FF.AA., en general, y el Ejército, en particular, se vieron en la disyuntiva de hacer algo al respecto. Así, dentro del Ejército afloraron dos tendencias: una ‘Azul’, representada por militares que no querían el regreso de Perón pero sí, en cambio, preservar sus conquistas sociales para tener apoyo popular; y, del otro lado, una tendencia ‘Colorada’ que deseaba, sin más, el exterminio de toda reminiscencia peronista. Este último sector también se componía de una mayoría de integrantes provenientes de la Armada Argentina.

Los golpistas ponen el 23 de septiembre de 1955 en la Casa de Gobierno a un ‘Azul’: el general Eduardo Lonardi, hombre de extracción nacionalista católica y amigo de la juventud de Juan Domingo Perón.[1] En noviembre del mismo año, y no conformes con lo que consideraban era un gobernante débil –porque era ‘Azul’-, los “Libertadores” desplazan a Lonardi y en su lugar ponen a un ‘Colorado’, el teniente general Pedro Eugenio Aramburu, quien fue secundado por el almirante Isaac Francisco Rojas[2], recalcitrante antiperonista y ‘Colorado’ como aquél.

A partir de la instauración del ala más dura de la llamada “Revolución Libertadora”, el sector ‘Colorado’ del Ejército va a expandir su influencia hasta el año 1958, que es cuando se produce la apertura democrática y el triunfo electoral del Dr. Arturo Frondizi. De todas maneras, los dos gobernantes surgidos por el voto popular entre 1958 y 1963 (Frondizi e Illia) van a estar marcados muy de cerca por los hombres de las fuerzas armadas, siempre atentos al peligro que para ellos implicaba el regreso o la creciente influencia del peronismo proscripto. Y como otra instancia, dentro de esa marcación se seguían enfrentando los ‘Azules’ y los ‘Colorados’ por ver quién tenía y ejercía el control militar del país.       

La puja interna del Ejército se mantuvo inalterable. Algunas veces, hasta se llegó a la producción de algunos amotinamientos o alzamientos armados, uno de los cuales tuvo lugar en el barrio porteño de Parque Chacabuco, en donde aviones y cañones antiaéreos se disputaron la supremacía castrense. Allí hubo una cifra no oficializada de muertos y heridos, y un buen número de compañías enteras de regimientos movilizadas para semejante lucha fratricida.

LOS MUCHACHOS DE ONGANIA

Mediante otro golpe de Estado llevado a cabo el 29 de junio de 1966, se hace con el poder el general Juan Carlos Onganía, de extracción ‘Azul’. Es interesante advertir que, pese a lo que comúnmente se niega, Onganía sí mantuvo contactos secretos con gente cercana a Perón, y hasta coqueteó con dirigentes sindicales que, como el emblemático ejemplo de Augusto Timoteo Vandor, le ofrecieron a Onganía alguna estabilidad a su gobierno de Facto. Vandor, de hecho, estuvo presente en la asunción de Onganía en la Casa de Gobierno.[3] Cuando para 1969 asesinan a Vandor en la sede porteña de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), Perón ya lo había perdonado de su defección tras cuatro  reuniones privadas que ambos mantuvieron en Irún, “un pueblito vasco, bordeado por el río Bidasoa, que hace de frontera entre España y Francia”, explica Juan Bautista Yofre en La trama de Madrid. Héctor Vilallón ofició entre ambos para concretar dichos encuentros.

            El sueño de Onganía era el de perpetuarse lo más posible en el poder (unos 20 años), para dejar instaurados los principios de lo que él llamaba la “Revolución Argentina”. Es decir, que si asumió mediante un golpe institucional en 1966, esa “revolución” debía durar hasta por lo menos el año 1986. Fue entonces, que Onganía se dispuso tener apoyo gremial y socavar cualquier intento que le dispute su permanencia en el gobierno supremo de la Nación, por lo que tuvo que lidiar contra las aspiraciones de los militares ‘Colorados’ del Ejército y contra los civiles que tenían la intención de reagrupar sus partidos políticos para llamar a elecciones democráticas.

            Sin embargo, algo inesperado va a surgir en la arena política argentina, como ser el surgimiento de Pedro Eugenio Aramburu con un partido cuyas siglas fueron UDELPA (Unión del Pueblo Argentino), que comenzó a nuclear, a inicios de los años 60, a vastos sectores de clase media, los cuales se habían mantenido apáticos frente a los acontecimientos políticos vernáculos. Teniendo en cuenta, pues, que el sueño de Onganía era permanecer dos décadas en el poder, UDELPA y su mentor, Aramburu, se erigían como un verdadero peligro para tales aspiraciones.[4] 

            La ligazón entre el grupo fundador de Montoneros y el gobierno del general Juan Carlos Onganía viene dada por el origen ideológico del primero. En su composición, los hermanos Abal Medina, Firmenich, Crocco, Capuano Martínez, Sabino Navarro y Ramus eran nacionalistas católicos post-conciliares, de padres antiperonistas. Varios de los nombrados habían sido alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires, conocido reducto de izquierdistas bien, preferentemente de clase media y media-alta.

Del lado gubernamental, Onganía habíamos dicho que era de la extracción ‘Azul’ del Ejército (por lo tanto, antiperonista moderado), nacionalista católico y tenía por confesor a un jesuita, el padre Mariano Castex, acérrimo opositor a Perón.[5] Este Castex, a su vez, era amigo de Diego Muniz Barreto, asesor del general Onganía y colaborador del coronel Luis César Perlinger.

Sobre estos dos personajes nombrados –Muniz Barreto y Perlinger-, hay mucha tela para cortar. En primer término, Muniz Barreto tenía una reconocida filiación ideológica rosista y filonazi, y fue encargado por el propio Onganía para que dialogue con dirigentes sindicales y con militantes de la llamada “izquierda nacional”, que tantos dolores de cabeza le ha traído al peronismo. Había actuado en 1955 como ‘comando civil’ en contra de Juan Domingo Perón, al punto de adjudicársele a él la voladura del “edificio del Consejo Superior Peronista con gelinita traída especialmente de Uruguay en su pequeña embarcación aquel trágico 16 de junio de 1955”.[6] Entre 1970 y 1971, cuando Mario Eduardo Firmenich estaba como jefe máximo del poder de Montoneros, Muniz Barreto afianzaría sus lazos con él. El 11 de marzo de 1973, Diego Muniz Barreto salió electo diputado nacional por el FREJULI en momentos en que militaba para Montoneros. Moriría asesinado en 1977.[7] El coronel Perlinger también ungió como asesor del general Onganía. Cuando Cámpora fue electo Presidente de la Nación, Perlinger colaboraba entonces con la subversión, y en 1976 fue detenido por las autoridades del Proceso de Reorganización Nacional, quedando en libertad en 1981.

            Otro nexo entre los guerrilleros y el gobierno militar lo hallamos en Hugo Miori Pereyra, amigo personal del Ministro del Interior de Onganía, general Francisco Antonio Imaz. Este Miori Pereyra está sindicado como el planificador del secuestro de Aramburu en mayo de 1970. Por otro lado tenemos al general Francisco Imaz[8], quien fuera amigo personal del empresario Antonio Romano, encargado de pagarle a los delincuentes subversivos para secuestrar y ‘darle un susto’ a Aramburu, todo con el fin de bajarlo de una puja electoral que le habría impedido continuar con la “Revolución Argentina” a Onganía.

            El empresario y estanciero Romano, a todo esto, incumpliría con una parte del pago prometido a la agrupación Montoneros, dado que la idea era ‘darle un susto’ a Aramburu y no que se les muriera de un paro cardíaco, que fue lo que en verdad aconteció. Como parte del dinero que Romano le pagó a los subversivos, se encuentra el autómovil Renault 4L que compró la desempleada Norma Arrostito el 26 de mayo de 1970 por la suma de $ 6550.- a la concesionaria Bosch Automotores.[9] Su hermana Nélida Arrostito, y el esposo de ésta, Carlos Maguid, “muchas veces se preguntaban de dónde había sacado Norma el dinero”, siendo que ella había abandonado en marzo de ese mismo 1970 el empleo de maestra que ejercía en el colegio “Arco Iris”, cito en Uriburu 1030, Buenos Aires.

            En total, Onganía habría de encargarle a su amigo Antonio Romano el pago de $ 20.000.000 por ‘asustar’ a Aramburu, el cual se realizaría en dos partes: un adelanto o anticipo de $ 5 millones, y restantes 15 millones que, luego del asesinato de Aramburu, reclamaban los subversivos. Para cobrar la última cifra, “El 7 de setiembre de 1970 Fernando (Abal Medina) y su grupo tenían una cita muy importante en la pizzería “La Rueda”, ubicada en la esquina de Potosí y Moctezuma de William Morris (…) A una cuadra de la pizzería está la estación del tren y a diez la Comisaría 4ª de Hurlingham, que depende de la Regional Morón. Allí Fernando, como jefe del grupo, tenía que encontrarse con El Pagador, quien le daría el saldo del dinero que habían acordado por el “trabajo” con Aramburu…”, narra Méndez en Aramburu: el Crimen Imperfecto.

            No es cuestión de describir puntillosamente lo sucedido aquella noche cerril, en donde, tras ser delatados, son emboscados y acribillados a balazos Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus. Por estos hechos, y obnubilados por el engaño de un relato que, como se ha dicho, era fantástico, la Organización Montoneros declararía el 7 de septiembre como “Día del Montonero”.[10]

Al sentirse defraudados por quienes los utilizaron para ‘operar’ contra Aramburu, los sobrevivientes del grupo fundacional de Montoneros clamaría venganza por la muerte de Abal Medina y Ramus en William Morris, por eso designarían, tras un sorteo, a Norberto Rodolfo Crocco para que ultime a balazos al empresario Antonio Romano en su Estancia “Mar Chiquita”, ubicada a un costado de la Ruta 2, a pocos kilómetros de la laguna de Mar Chiquita, Provincia de Buenos Aires. Este hecho acontece el 20 de enero de 1970. Una vez que Crocco le pega dos tiros a Romano en el hall de su casco de estancia con un revólver 11.25 que llevaba silenciador, el subversivo criminal había pactado con los de su calaña que procedería a suicidarse. Y así lo hizo: ante la presencia de dos de los hijos del estanciero y empresario Romano, Crocco “murmura un rezo, se persigna, y se dispara un tiro en la sien”.

Este episodio fue conocido por la prensa de su tiempo como “La Tragedia de Mar Chiquita”, el cual puso en el tapete nuevas pistas sobre el Caso Aramburu y las oscuras relaciones entre Montoneros y Onganía. Para desviar la atención, la hermana de Crocco hizo declaraciones al diario La Razón, entre el 26 y el 31 de enero de 1971, afirmando que “Romano era contrabandista. Mi hermano se dedicaba a la compra y venta de tierras y ganado, y realizó una importante operación con Romano, una operación por muchos millones de pesos, suma que desde hacía mucho tiempo mi hermano procuraba cobrar. Pero Romano se iba en promesas”, y remata diciendo (mintiendo): “Mi hermano era un hombre tan derecho que al no poder regresar a nuestra casa con las manos llenas de sangre, y por respeto a sus padres y demás familiares, optó por suicidarse”.   

            Otra muerte sumida en el misterio, fue la de Carlos Capuano Martínez, otro delincuente subversivo que ‘jugaba’ para el onganiato. Fue emboscado con más sigilo que los infelices de William Morris, en la pizzería “Santa Lucía” del barrio de Barracas, el mediodía del 16 de agosto de 1972. A todo esto, Mario Eduardo Firmenich, curiosamente ileso de cuanta trampa o emboscada le fuera realizada al núcleo fundacional de Montoneros, a la muerte de Capuano Martínez asumió como jefe máximo de la agrupación, investidura que nunca más abandonaría.

Las crónicas y las investigaciones que surgieron tras el secuestro y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, pusieron en evidencia que “Mario Firmenich (…) visitó el Ministerio del Interior de Imaz veintidós veces entre abril y mayo del 70, es decir, en el mes y medio previo al secuestro”[11], quedando el registro de esas entradas en las planillas de mesa de entrada.[12]

LA VERSION PERONISTA DEL CRIMEN

El justicialismo, y con él su conductor, don Juan Domingo Perón, desconocían hasta entonces a estos jóvenes delincuentes que, optando por la agudización del enfrentamiento entre argentinos, actuaron bajo el denominativo Montoneros y a título de un gobierno militar de facto.

            Interesa aquí el testimonio de Héctor Sandler, militante de UDELPA en ese fatídico 1970, el cual expresó en un reportaje que le hicieron en México el 31 de mayo de 1984: “Veníamos trabajando con Aramburu sobre la base de la recomposición del país a partir de nuestra alianza con el peronismo”.[13] De haberse oficializado una lista con candidatos propios del partido de Aramburu en ese año de 1970, Sandler estaba previsto que vaya como Ministro de Economía de la Nación.

Ocurrido el asesinato de Aramburu, el peronismo condenó a los subversivos a sueldo, encontrándose la prueba irrefutable de tal posición en la carta fechada en Buenos Aires el 3 de junio de 1970. Era una misiva de 3 carillas de extensión que Jorge Daniel Paladino, a la sazón Delegado del Comando Superior Peronista, le envía a Juan Domingo Perón con referencia al rapto de Aramburu. Allí, expresa:

“Hasta el momento no se sabe si Aramburu está vivo o está muerto. Lo que sí parece claro es que el secuestro ha sido obra de elementos organizados adictos al gobierno [de Onganía]. (…) El gobierno está dando espectáculo con miles de hombres en “la gran cacería”, helicópteros y aviones, como en las películas. Pero todo el mundo sospecha que se trata de un gran “camelo”.-

“En los “comunicados” de los secuestradores se advierten dos cosas: una, que no atacan ni al gobierno ni a la situación del país. Dos, que sugieren que son peronistas. Es decir, tratan de echarnos la culpa a nosotros. Pero todo ha sido tan burdo que en este aspecto han fracasado. Ni las masas se han dejado engañar, generalizándose la creencia general que la mano del gobierno está en esto, ni los “gorilas” se han confundido. (…) Descartan cualquier participación peronista en el hecho…”

Este importantísimo documento, lo aporta Juan Bautista Yofre en su reciente Puerta de Hierro (Sudamericana, 2015, página 433). Una página atrás, y tomado de la biografía que sobre Pedro Eugenio Aramburu hicieron Rodlfo Pandolfi y Rosendo María Fraga –este último, reconocido antiperonista mediático-, dice que “El 30 de mayo (de 1970), Perón opinó de manera indirecta, asegurando que el hecho (el secuestro) era contrario al espíritu del peronismo y dejando entender que los autores no eran justicialistas”.

¿Quedan dudas sobre el origen turbio y criminal de los Montoneros, que no eran, sino, hijos del onganiato y contrarios a los principios cristianos y humanos de la doctrina del Movimiento Nacional Peronista? Por eso, ante la cercanía de un nuevo aniversario de la desaparición y muerte de Aramburu, recuerde, que, más que una “hazaña”, el acontecimiento se trató de un ardid perfectamente planificado desde el extranjero y ejecutado por traidores locales que aceleraron la sangría y el retraso de un pueblo que todavía paga las consecuencias de su colosal autodestrucción.


Por Gabriel O. Turone


[1] Perón fue Agregado Militar en Chile a comienzo de la década de 1940, y Lonardi sería su sucesor. Aquí rompieron su amistad, por cuanto Lonardi se vio envuelto de rebote en un caso de espionaje que en el país trasandino había iniciado Perón. Por esa misma razón, Lonardi fue detenido en Chile por algún tiempo. Por lo dicho, la aceptación de reemplazar al derrocado Perón en 1955 pudo haberse tratado de una venganza personal de Eduardo Lonardi.

[2] Isaac Rojas fue nombrado Agregado Naval a la Embajada de la República Argentina en Río de Janeiro (Brasil) el 1º de febrero de 1950, por Decreto 1636/50 emitido por Juan Domingo Perón.

[3] Sin ofrecer excusas de ninguna naturaleza, la opción de Vandor estuvo harto justificada por el contexto que vivían en 1964 el Movimiento Nacional Peronista y el Movimiento Obrero Organizado ante el fracasado intento de retorno de Perón al país. Téngase en cuenta, que desde 1955 y hasta 1964 las entidades gremiales fueron intervenidas, detenidos sus dirigentes, silenciados sus medios de comunicación y desmoralizados sus cuadros por la detención y expulsión de Perón en Brasil cuando intentaba echar pie en la Argentina.
Allí, entonces, habría de generalizarse, con el apoyo de muchos gremialistas, la idea de un “Peronismo sin Perón”, en el sentido de que si la figura del conductor era el escollo insalvable a resolver para que vuelva el peronismo al poder, menester era, entonces, tomar sus banderas descontando su presencia. Además, en el ánimo de sus partidarios había quedado la sensación de que Perón, ahora sí, no iba a regresar nunca más al país.
Por su parte, no seré yo quien dé los nombres de actuales dirigentes peronistas históricos que me han brindado una opinión para nada adversa de Vandor, quien hasta ayudó a muchas seccionales de sindicatos en el interior a mantenerse en la lucha en tiempos de la “Resistencia Peronista”.

[4] El de UDELPA fue un caso muy paradigmático a la hora de reflejar los vaivenes de los actores políticos. En 1963, Aramburu se presentó como candidato a Presidente de la Nación con UDELPA, siendo derrotado por el radical Arturo Illia. Diez años más tarde, en 1973, y ya muerto Aramburu, UDELPA conformó la Alianza Popular Revolucionaria (APR), nucleando a revolucionarios cristianos y comunistas. La APR llevaría como candidatos a Oscar Alende y Horacio Sueldo.

[5] En la opinión del Prof. Carlos A. Disandro, los Jesuitas entre 1969 y 1971 “parten de la ‘tercera posición peronista’, que es ante todo una sana posición política, que deriva de un planteo político nacional, y la convierten en un internacionalismo revolucionario, cuyo manifiesto subversivo teológico es la Populorum Progressio, signo de la alianza sinárquica entre Moscú y el Vaticano, signo también de un poderoso estímulo para la revolución cultural, dentro de la Iglesia.” (La Conspiración Sinárquica y el Estado Argentino, de Carlos A. Disandro, Ediciones Independencia y Justicia, página 39).
    
[6] Citado en Aramburu: el crimen imperfecto, de Eugenio Méndez, página 28.

[7] El diario La Nación del 18 de marzo de 1972, comentaba que Diego Muniz Barreto fue el productor de la película Juan Manuel de Rosas que, estrenada en 1972, estuvo dirigida por Manuel Antín y protagonizada por Rodolfo Bebán. La esposa de Muniz Barreto, Teresa Escalante Duhau, “hizo el papel de Manuelita (…) Muniz Barreto, nacionalista y rosista, facilitó el moblaje, que era el que auténticamente había pertenecido a Rosas. El asesor en armas fue el coronel Luis César Perlinger”.

[8] El dirigente radical Enrique Vanoli dirá en un reportaje otorgado para Siete Días el 16 de marzo de 1983: “Los Montoneros comenzaron como apoyo paramilitar de Onganía y esto se comprueba además en la creación de la revista oficialista Azul y Blanco donde (Juan Manuel) Abal Medina reconoce haber coincidido con Marcelo Sánchez Sorondo, en los contactos frecuentes entre Firmenich y el general Imaz. Como Aramburu conspiraba para derrocar a Onganía, muchos de nosotros suponemos que el secuestro y asesinato del ex presidente debió ser investigado a fondo (…)”.

[9] Para ir a comprar dicho automóvil, Norma Arrostito fue acompañada por Mario Eduardo Firmenich y Fernando Abal Medina, de acuerdo al testimonio de Roberto Tótaro, vendedor de Bosch Automotores.

[10] Eugenio Méndez afirma que “En La Causa Peronista de setiembre de 1974, Montoneros sindicó al propietario de una farmacia, ubicada frente a la pizzería “La Rueda”, como autor de la denuncia anónima. Esta acusación era falsa, ya que la farmacia había cerrado a las 19.30 y el grupo llegó a las 19.50. Reconocer que esperaban a un pagador vinculado con el gobierno (de Onganía) hubiera sido su ocaso definitivo”. (Op. cit., página 123). La ubicación exacta de la Pizzería “La Rueda” era calle Potosí 3405, entre Villegas y Esquel, localidad de William Morris, Provincia de Buenos Aires. Hoy existe allí un local de ropa femenina.

[11] Citado en Dossier Secreto. El Mito de la Guerra Sucia, de Martin Andersen, Planeta, 1993, página 90. 

[12] Mario Eduardo Firmenich continuó actuando bajo el amparo de oscuros oficiales del Ejército Argentino en el último gobierno peronista (1973-1976) y durante la dictadura cívico-militar iniciada en marzo de 1976. Cooperó activamente con el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército en Buenos Aires, bajo las órdenes del entonces coronel Alberto Alfredo Valín. Éste, que luego llegó al grado de general, ocupó la jefatura del Batallón 601 desde el 11 de octubre de 1974 hasta el 27 de octubre de 1977.

[13] Revista La Semana, Nº 391, México. 

TORCUATO DI TELLA, EL FINAL DE UN INCULTO



El 7 de junio de 2016 vio el ocaso el sociólogo Torcuato Salvador Francisco Nicolás Di Tella, hijo de Torcuato Di Tella, fundador de una de las industrias más importantes durante buena parte del siglo XX que hubo en nuestro país, dedicada a artefactos tales como heladeras, automóviles, ventiladores, etc.

            Como los hijos del fundador de semejante emporio tenían la libertad, y el dinero, para jugar a ser “de izquierda”, el 22 de julio de 1958, en pleno gobierno de Arturo Frondizi, tanto Guido Di Tella (futuro nefasto canciller de Menem) como Torcuato Salvador Di Tella dieron origen a la Fundación Di Tella. Ésta fue más conocida como Instituto Di Tella, el cual cerraría sus puertas en abril de 1970. Dice el diario “La Nación”, que desde la Fundación se daba “la alianza entre la izquierda revolucionaria y el liberalismo democrático”[1], lo que para nosotros constituye un ejemplo claro de sinarquía, tomado este último concepto de esclarecidos como el Padre Julio Menvielle, el profesor Carlos Disandro o Juan Perón.

            El recientemente difunto Torcuato Di Tella fue, por su condición de niño bien, una persona que más allá de cualquier disloque o vileza semántica no ha merecido la condena de otros que han incurrido, desde otro aspecto ideológico, en las mismas bajezas. Así, Torcuato Di Tella no fue reprendido cuando expresó en un reportaje que ese mismo periódico La Nación le hizo el jueves 27 de mayo de 2004, cuando, siendo Secretario de Cultura de la Nación del kirchnerismo, dijo lo que sigue:

            “La verdad dentro de todos los problemas por los que atraviesa el país, la Cultura, con C mayúscula, no tiene prioridad. No tiene prioridad para el Gobierno (de Néstor Kirchner) y tampoco la tiene para mí. Con respecto a otros temas, la cultura es el gallinero de una casa que se quema.”

            El infeliz Torcuato Di Tella, siguió maldiciendo en esa misma entrevista: “Creo que el Presidente (Kirchner) tiene otras prioridades. Por eso, en un gobierno con tantos temas por solucionar, el país se convierte en una casa que se quema y la cultura es el gallinero del fondo”.

            Este hombre blasfemo, a su muerte, fue saludado por esa caverna masónica-urquicista llamada Club del Progreso, la Universidad de Bologna (Italia), la Fundación Konex, el Ministerio de Cultura de la Nación y la Universidad Nacional de Río Negro, entre otros. No dejaron sus saludos los ciudadanos de a pie, o sea, el pueblo llano.

            Pero cabe preguntarse, ¿fue un digno representante de nuestra cultura Torcuato Di Tella? ¿Acaso no ha sido uno de los máximos responsables de la decadencia cultural que sobrevino en la mentada “Década Ganada” cuando él, precisamente, fue el primer Secretario de Cultura de Kirchner y dijo lo que dijo sobre la cultura? Para colmo, Torcuato Di Tella fue premiado años más tarde, ya por la presidente Cristina Fernández Wilhelm de Kirchner, con el cargo de Embajador argentino en Italia (2011/12).

            Así y todo, en el obituario dispensado a Di Tella por el Ministerio de Cultura de Macri se lo trata como a “uno de los más lúcidos intelectuales argentinos”. Al mismo que dijo que no le interesaba la cultura. Huelgan palabras.

ORIGENES ANTIPERONISTAS

En otra nota que está girando por Internet, se proclama a Torcuato Di Tella como “peronista de izquierda”.[2] Estaría bueno saber qué es, o qué fue, un “peronista de izquierda”. Porque los hermanos Di Tella (Guido y Torcuato) tuvieron orígenes político-ideológicos ajenos al peronismo, por lo que, bien podemos inferir entonces, se han infiltrado en él.

            Guido José Mario Di Tella, ex canciller de Carlos Saúl Menem, y, por ende, principal figura junto al masón Carlos Escudé de la política de las “relaciones carnales” con los Estados Unidos, fue un furibundo antiperonista que militaba en una agrupación llamada Línea Recta, la cual operaba en la Facultad de Ingeniería de la UBA. Y en 1954, Guido Di Tella será uno de los que va a fundar, junto a José Alfredo Martínez de Hoz (¿les suena?) el Partido Demócrata Cristiano, que también habría de ser visceralmente antiperonista.[3]

            ¿Y Torcuato Di Tella? Como buen izquierdista adinerado, solía decir que la única vez que trabajó fue cuando cosechó zanahorias en un kibutz de Israel, a los 24 o 25 años de edad.[4] Cuando el Instituto o Fundación Di Tella recibían donaciones familiares para su sostenimiento, Torcuato afirmaba: “Es una forma de acelerar el socialismo, que tarde o temprano nos quitará todo”. ¿Esto era o es un “peronista de izquierda”? Ah, al frente del Instituto Di Tella, verdadero sitial de las modas y la subcultura mundialista, se encontraba Guido Di Tella.

            Rebobinemos y analicemos, entonces. ¿Por qué si como propulsores de una tendencia subversiva cultural los hermanos Di Tella no figuran hoy como muertos-desaparecidos del ilegal Proceso de Reorganización Nacional de 1976? Porque José Alfredo Martínez de Hoz, militante como Guido Di Tella de las épocas en que se fundaba el Partido Demócrata Cristiano, gestionó para que tanto Guido como Torcuato sean tratados con guante de seda en el único día en que ambos estuvieron “detenidos” en el buque de Guerra “33 Orientales”. ¡Un día! Luego fueron liberados y dejados en paz.

            Pero además, no solamente por sus orígenes político-ideológicos manifestamos que los Di Tella han sido antiperonistas, sino también porque, al menos Torcuato Di Tella, ha desechado el progreso infinito que la cultura puede brindarle a una nación.

            Para Juan Perón, creador de Doctrina Nacional, “la cultura es determinante de la felicidad de los pueblos, porque por cultura debe entenderse no sólo preparación moral y arma de combate para sostener la posición de cada hombre en la lucha cotidiana, sino instrumento indispensable para que la vida política se desarrolle con tolerancia, honestidad y comprensión”.[5]

            Por lo anterior, es que me he quedado corto al endilgarle solamente la condición de inculto a Torcuato Di Tella, para quien si la cultura poco o nada interesaba, entonces quien esto suscribe no tendrá empacho en agregar que él fue un Inculto, un Infeliz, un Amoral, un Intolerante, un Deshonesto y un Incomprensivo, así, con mayúsculas.


Por Gabriel O. Turone


[1] “El Di Tella y la insolencia creativa”, por Nicolás Cassese, diario La Nación, sábado 17 de mayo de 2008.  
[2] “1929-2016. Torcuato Di Tella, heredero de un imperio y peronista de izquierda”, de Nicolás Cassese, diario La Nación, miércoles 8 de junio de 2016.
[3] El Partido Demócrata Cristiano (PDC) se fundó el 9 de julio de 1954. Otro de los participantes en la fundación fue el ex funcionario menemista Alieto Guadagni.
[4] “1929-2016. Torcuato Di Tella, heredero de un imperio…”, op. cit. Dice así el párrafo aludido: “Como experiencia sociológica, Torcuato cosechó zanahorias en un kibutz de Israel. “La única vez que trabajé”, solía bromear. Duró poco.  Desatendiendo los consejos familiares, Torcuato siguió a su novia a la India y se casaron en 1954, sin ningún Di Tella entre los invitados (…)”.
[5] “Manual del Peronista”, Partido Peronista, Consejo Superior Ejecutivo, Buenos Aires, 1948, páginas 75 y 76. 

martes, 24 de noviembre de 2015

DESDIBUJADO FERIADO SOBERANO DE UN GOBIERNO UNITARIO



Pasó sin pena ni gloria, el viernes 20 de noviembre próximo pasado, y para desgracia de quienes apreciamos la obra patriótica de Rosas, el “Día de la Soberanía Nacional”, hito de nuestra historia argentina que recuerda la primera batalla librada contra las fuerzas navales anglo-francesas de la llamada Guerra del Paraná, en igual fecha del año 1845.

Impuesto como feriado por el gobierno que culminará el 11 de diciembre de 2015, el “Día de la Soberanía Nacional” quedó confinado para su celebración una semana más tarde, o sea, para el viernes 27 de noviembre, imponiendo a este último día como jornada de feriado al solo efecto de aprovechar un fin de semana largo y la rienda suelta de unas mini-vacaciones ambicionadas. A su vez, se aludió que tal postergación del feriado respondió al acto electoral que tuvo lugar el domingo 22 de noviembre. Así y todo, aún sigo sin entender por qué se decidió trasladar el recuerdo de la batalla de la Vuelta de Obligado una semana después de su histórica efeméride. Pues bien, aquí encuentro la primera desvirtuación de un día tan caro para el espíritu nacional.

Como segundo término, incluiría el hecho de que en cada uno de los feriados por el “Día de la Soberanía Nacional” en que le tocó hablar a Cristina Fernández de Kirchner ante el monumento emplazado en la localidad de San Pedro, provincia de Buenos Aires, no se observaba entre la muchedumbre convocada ninguna bandera argentina, y los discursos lejos estaban de recordar la gesta del 20 de noviembre de 1845. Todo era una pantomima político-partidaria aborrecible.

En tercer lugar, jamás se condijo el homenaje al “Día de la Soberanía Nacional” –y, en consecuencia, al empeño de Juan Manuel de Rosas- con lo actuado por el gobierno kirchnerista, propulsor del feriado, como se ha dicho. Entre la imposición de una hermosa epopeya argentina y la acción del gobierno que la promueve, debe haber una correlación, una coherencia o, a lo sumo, una imitación.

El kirchnerismo (2003-2015) ha sido una administración de corte unitario que vilipendió lo federal. Los datos están reflejados en la matriz económica y financiera que manejó a lo largo de una década, y además, claro, por la desculturización que impuso en contra del pueblo argentino, al punto tal de desnaturalizarlo y de alejarlo, con gradual procedimiento, de sus esencias y tradiciones gracias a las órdenes unilaterales del gobierno central. Bastaba, para el caso, que Néstor Kirchner, primero, y Cristina Fernández Wilhelm, después, azuzaran con sus caprichos los lineamientos a seguir.

El gran problema de la vieja –y eterna- disputa entre unitarios y federales radicó en el puerto de Buenos Aires, tal como sugiere don Félix Luna, cuando afirma: “Buenos Aires luchó en toda época, con constancia e inteligencia, para conquistar dos objetivos: ser el puerto único o, al menos, el más importante de esta región del continente, y dirigir con sus hombres, sus ideas, sus intereses y su estilo al resto del conjunto nacional, a veces como capital y otras veces negándose a serlo”.[1] De igual modo, es por demás elocuente la Proclama del caudillo federal y coronel Felipe Varela del 6 de diciembre de 1866, en la que se encarga de reflejar el problema real de Buenos Aires versus el interior:

“La Nación Argentina goza de una renta de diez millones de duros, que producen las provincias con el sudor de su frente. Y sin embargo, desde la época en que el Gobierno libre se organizó en el país, Buenos Aires, a título de Capital, es la provincia única que ha gozado del enorme producto del país entero, mientras en los demás pueblos, pobres y arruinados, se hacía imposible el buen quicio de las administraciones provinciales, por la falta de recursos y por la pequeñez de sus entradas municipales para subvenir los gastos indispensables del gobierno local.”

Puesto de manifiesto este enfrentamiento histórico, aún no subsanado, expondremos por qué el kirchnerato ha practicado un sistema unitario de gobernabilidad.

SALVAJES UNITARIOS

Cuando aún vivía Néstor Carlos Kirchner (febrero de 2010), su esposa, la entonces presidente Cristina Fernández Wilhelm de Kirchner, se comportaba como una salvaje unitaria del pasado, en cuanto decidió, de modo arbitrario, una modificación presupuestaria para reasignar la friolera de $ 144.209.091 (pesos), que no eran sino fondos del Tesoro Nacional que debían destinarse hacia las provincias del interior. En lugar de favorecer a éstas, esos 144 millones de pesos fueron a parar al Programa “Fútbol para Todos”… El fútbol, inculcado como mera distracción popular y vehículo de propaganda oficialista, le ganaba a las economías empobrecidas del interior argentino que ya padecían la inflación.

La arbitrariedad y discreción en el manejo de los fondos públicos que debieron utilizarse para los presupuestos provinciales, continuaron su escalada. En agosto de 2011, Cristina Kirchner había desembolsado para “Fútbol para Todos” la suma de $ 1.331.000.000 (mil trescientos millones de pesos), lo que equivalía a 340 millones de dólares norteamericanos. ¿Se acuerdan de las muertes por desnutrición que tuvo el kirchnerismo durante su gestión? Sigamos demostrando el unitarismo del gobierno que se va.

En 1999, postrimerías del menemismo, los fondos coparticipados federales que se giraban a las gobernaciones provinciales equivalían al 51% del total. En cambio, durante el año 2010 sólo les llegó el 47%. Esto remarcó las carencias de las provincias del interior respecto de la Capital Federal.

Por ejemplo, durante el año 2011 se incrementó el número de subsidios que sirvieron únicamente para financiar el déficit de sistemas deficientes. Se calcula que de todo el monto gastado en subsidios durante ese año, se hubiera podido pagar una obra social para cada uno de los habitantes de la República Argentina que se hallaban fuera de una cobertura de salud. Otro cálculo, señalaba que también se hubiese podido otorgar un cheque de $ 1881 (pesos) como regalo para cada compatriota, tenga la edad que tenga.

Otro rasgo del unitarismo kirchnerista se vio reflejado en los gastos cotidianos. En la provincia de La Pampa, el boleto durante el 2011 costaba $ 1,90, en Salta Capital $ 1,75, mientras que en Rosario, provincia de Santa Fe, valía $ 2.- si se lo abonaba con monedas, sino a $ 1,90 con tarjetas prepagas. ¿Cuánto se abonaba el boleto de colectivo en Buenos Aires capital? Con el aporte de los provincianos hechos a través del pago de sus impuestos, el habitante porteño podía viajar, entonces, al módico precio de $ 1,10, y a $ 1,25 si quería hacerlo en subterráneo o tren.

Amado Boudou, delincuente sin par e inamovible Vicepresidente de la Nación (2011-2015), cuando era Ministro de Economía pagaba un 300% menos el m³ de gas en su departamento de Puerto Madero que un habitante de la suburbana localidad de González Catán, Partido de La Matanza, que encima consumía gas en garrafas (situación que no cambió demasiado al momento en que redacto esta nota, agrego).

Más casos de unitarismo salvaje por parte de los Kirchner, los hallamos en julio de 2012, cuando el Gobierno Nacional de Cristina Fernández Wilhelm no le giró a las provincias de Córdoba y Santa Fe ni siquiera las partidas que figuraban en la Ley de Presupuestos. Esas provincias venían sufriendo un déficit en sus cajas de jubilaciones producto de fondos de la ANSES que fueron dilapidados, desde Buenos Aires, por la administración kirchnerista… Sin embargo, la provincia de Santa Cruz había recibido el doble de lo previsto en el mismo ítem de las partidas presupuestarias para las cajas jubilatorias provinciales no transferidas a la Nación.

No es bueno caer en el tedio de los datos minuciosos, pero vale recordar que tanta acumulación de dinero público facilitado por la política unitaria de su gobierno, le permitió a Cristina Fernández Wilhelm de Kirchner adquirir joyas por “hasta 1 millón de dólares por año” y “en negro” al ex representante de la joyería Jean-Pierre, Sergio Hovaghimian. La declaración la hizo el mismo Hovaghimian en diciembre del año 2014.

A finales del kirchnerismo, esto es, en julio de 2015, se hubo de profundizar el sesgo unitario de su política. Porque a lo largo de la gestión Kirchner-Fernández Wilhelm ha aumentado la concentración de los recursos en el nivel nacional de gobierno, delineando un claro sentido unitario en el reparto de la renta federal. Además, porque esos recursos adicionales no han sido utilizados para reparar desequilibrios regionales ni para mejorar la equidad distributiva, sino, más bien, para premiar o castigar a las provincias según su alineamiento con el autoproclamado “proyecto nacional y popular”. Vemos que, en la década 2005-2015, la presión tributaria de la Nación creció un 44%, del que sólo un cuarto fue distribuido de modo automático a las provincias. El Gobierno Nacional, con asiento en Buenos Aires, concentra sobre el filo del kirchnerismo el 60% de lo recaudado, mientras que “apenas” se responsabiliza del 50% del gasto consolidado. El 10% extra se lo apropia para distribuirlo discrecionalmente a la hora del reparto.

Los ejemplos abundan y son riquísimos, pero la nota aquí termina. Un libro quizás se escriba en el futuro inmediato sobre el unitarismo salvaje que evidenció el kirchnerismo. Aquí, por lo pronto, esbozamos algunos datos que nos hacen reflexionar acerca del desencanto en que ha caído la fecha memorable del 20 de noviembre, el “Día de la Soberanía Nacional”, jornada en que un gobierno auténticamente federal pretendió ser homenajeado, mediante la declaración del feriado, por un genuino desgobierno de cuño unitario, que, por fin, está agonizante.


Por Gabriel O. Turone


[1] “Buenos Aires y el país”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1982, página 135.

jueves, 3 de septiembre de 2015

TRILOGIA DISCUTIDA: PARTIDOS POLITICOS, DEMOCRACIA Y ELECCIONES



Casi con seguridad, y como nunca antes, emergen en buena parte de la población los principales cuestionamientos hacia el sistema político argentino actual, que encuentra su fundamento, como sabemos, en tres conceptos glorificados a partir de la Revolución Francesa de 1789, como son: los partidos políticos, la democracia y el sufragio universal. Simbióticamente, los tres fueron tomados como ejemplos indiscutidos de la política moderna (racionalista, positivista e iluminista) que dejaba atrás a la llamada etapa oscurantista de la religión y la tradición. Ninguno de esos conceptos pudo haber existido sin la creación de los Estados Nacionales que, vale decirlo para nuestra América, partieron los virreinatos hispanos para mejor dominarlos bajo la ambición de la Pérfida Albión (Inglaterra) y otros aliados tales como Portugal, Francia, etc.

            La última manifestación de ese viejo e histórico orden hispano en nuestro país ha sido, a las claras, la Federación de Juan Manuel de Rosas y los caudillos provinciales que apoyaron su política. Ese sistema federal, sin dudas, trató de mantener las antiguas posesiones virreinales que habían sido legadas a nosotros de modo natural. La empresa de Carlos Antonio y Francisco Solano López en el Paraguay, sería la última que en América intentó obedecer a aquella tradición hispánica seguida por Rosas unos años antes en Argentina.

            Fue a partir de 1870, entonces, que se consolidaría sin obstáculos a la vista el predominio de los partidos políticos, la democracia (con sus variables liberal y marxista) y el sufragio universal. El factor que permitió la aparición de este tipo de construcción política en nuestro país ha sido el de la Organización Nacional que inauguró Urquiza, y que robustecieron Mitre, Sarmiento y Nicolás Avellaneda (1852-1879). El resto es historia conocida aunque no monótona: Hipólito Yrigoyen, primero, y Juan Perón, después, hicieron sus respectivas modificaciones para que el pueblo, en vez de quedar excluido de las grandes decisiones estatales, tuviera participación en las mismas a fin de disfrutar, sustancialmente, de los mismos beneficios que tuvieron quienes los gozaron merced al sacrificio de las mayorías. Agrego, que Perón fue el único de ambos que entendió que por encima de los partidos políticos se hallaba el movimiento político.

            Llegados al siglo XXI –más concretamente al año 2001-, aquel sistema inaugurado en los campos de Caseros pero pergeñado en Europa a fines del siglo XVIII, ya llevaba en su seno la contradicción y la desaprobación popular. Traducido: no benefician a la patria.

            Como la crítica hacia los partidos políticos, la democracia y el acto electoral no son algo novedoso –de hecho, los Antiguos Griegos despotricaban contra la democracia al entenderla como lo más próximo a un estado de caos-, he rastreado la opinión de esmerados eruditos –tales como Matías Suárez, Jordan Bruno Genta y Charles Maurras- para entender por qué ellos sintieron que en Occidente esas tres palabras jamás tendrían arraigo y llevaban, por consiguiente, a la anarquía y la destrucción de los fundamentos cristianos de nuestro ser.

            Suárez en su Defensa de la Argentinidad (Plus Ultra, 1978) apela a la semántica para advertir lo que es un partido político: Dice que es una organización política artificial “que parten (por eso se llaman “Partidos”) a la Nación “Total” y que se apoyan en la ficción roussoniana de la voluntad general”. Se infiere, por lo tanto, que los partidos políticos no aparecen en los fundamentos políticos de la Nación Argentina porque “surgieron de la Modernidad afrancesada y culpable, ciertamente, del deterioro en el que vivimos”. Nada más actual, agrego.

En cambio, el voto democrático fue impuesto –y endiosado- como una “fe absoluta” que vino a representar “el acierto metafísico de la “voluntad general”” que emana de la infalible “soberanía popular” teorizada por Juan Jacobo Rousseau. “La “voluntad general” puede ser un aporte interesante para la Sociología, pero nunca, por ser tal, debe ser considerada como verdad absoluta”, señala Suárez. Así, la condena que pesa sobre la “voluntad general” del voto democrático está dada por el hecho de que la democracia lo impone como resultado de una “sagrada verdad” que no se discute. A su vez, “llega un momento de la Historia en que se le dice al hombre: “ni la mentira, ni la verdad, son categorías absolutas; todo es discutible, todo se puede resolver por el ‘voto’, porque la mayoría nunca se equivoca”. Por lo mismo, el Papa Pío IX llegó a expresar que “el sufragio universal es una prostitución universal”. Y no debe omitirse que por la “voluntad general”, Barrabás fue perdonado y Jesús condenado a la crucifixión. ¿La mayoría nunca se equivoca?

            El docente y erudito Jordan Bruno Genta, demuele al sistema democrático por confundirlo, adrede, con la idea de Patria. Para ello, cita a Ricardo Levene, un gran macaneador en ese sentido, quien afirmaba: “Patria y democracia integran un solo valor vivo e institucional para los argentinos”. Nada más errado, afirma Genta, para quien esta barbaridad es hija de “la falsificación liberal y masónica de la Historia” que “nos hace perder el sentido verdadero de la Patria”. Resulta inaceptable invocar a la democracia como si ésta fuera la Patria misma, porque esto significaría que “servir a la Patria es servir a la democracia; esto es, a la soberanía popular, a las mayorías accidentales, el poder ciego del número abstracto y vacío”. Esto último me resulta familiar, en cuanto replico en mi mente una frase dicha, a troche y moche, por Cristina Fernández Wilhelm de Kirchner y sus adláteres: “En 2011 ganamos con el 54% de los votos y por ende soy la presidenta de los 40 millones de argentinos”. He aquí, la dictadura del número frío que todo lo pretende abarcar, asumiéndose una representación generalizadora que lejos está de serlo. Quien esto suscribe, no se siente parte de su partido político ni de sus postulados…no es bueno, ni sabio, generalizar con el cálculo matemático del voto endiosado e inexpugnable.[1]

            En Guerra Contrarrevolucionaria, Jordan Genta sostiene que “No es prudente, ni sensato, ni razonable creer que se puede llegar a restaurar la Patria y el mundo en Cristo por la vía democrática y burguesa del Sufragio Universal. Mas bien, es imprudente, insensato y absurdo porque ya nos lo anticipó el propio Marx: “El Sufragio Universal es el gradímetro de la madurez del proletariado”.

            El francés Maurras (1868-1952), católico y opositor a los dogmas de la Revolución Francesa de 1789, va a identificar a la democracia con una arrolladora “dictadura del número”. De hecho, va a negarse “a suscribir aquella proposición según la cual la verdad de una situación política debía confiarse de manera absoluta a la decisión de una mayoría numérica, con menosprecio de la opinión sabia y experimentada”.[2] En la misma crítica a la democracia, incluirá a los partidos políticos que pululan en ella, a los cuales señala como intrínsecamente contradictorios, por cuanto “Los partidos políticos democráticos, por ejemplo, utilizaban la fuerza, pero una vez en el poder se apresuraban a descalificarla en nombre de las leyes, la Constitución y el derecho”. El esquema cierra perfectamente bien, si tenemos en cuenta que por el voto democrático un partido político de la democracia se reviste de legitimidad para hacer lo que se le antoje, dado que ya fue elegido por la mayoría que jamás se equivoca… Incurre ese partido triunfante, entonces, en la construcción de lo que para él es correcto de aquello que no lo es, así caiga en enormes contradicciones y arbitrariedades insospechadas.

            En La Comunidad Organizada, Perón advierte que la democracia en sí misma no representa una totalidad, y por eso mismo, no existe en su seno la armonía. Debido a esto, el hombre del presente vive inmerso en una crisis de tipo materialista, en donde “hay demasiados deseos insatisfechos, porque la primera luz de la cultura moderna se ha esparcido sobre los derechos y no sobre las obligaciones; ha descubierto lo que es bueno poseer mejor que el buen uso que se ha de dar a lo poseído o a las propias facultades”. De esta manera, el sistema democrático, amparado en esa cultura moderna con sus teóricos y sus valoraciones, no reconoce sino los derechos que le corresponden mas no sus obligaciones. Por lo tanto, la democracia manifiesta apetencias egoístas e individualistas que la transforman en un sistema ineficaz y absolutamente disgregador.

            Por último, el Artículo 1º de la Constitución Nacional de 1949 no hablaba de un sistema político Republicano Democrático para el país sino, más bien, de uno Republicano Federal. Así también era concebido para la Confederación Argentina en 1853 y más aún en los pactos preexistentes a la Carta Magna. Jamás se habló de democracia tal y como hoy la conocemos.



Por Gabriel O. Turone 




[1] Si a lo dicho le sumamos que para potenciar una estadística electoral obraron el dinero proveniente del narcotráfico, la prebenda, el subsidio, la extorsión, la duplicación ilegal de DNIs y otras irregularidades más, el número porcentual surgido al final de una elección queda aún más empequeñecido porque, encima, fue alcanzado por medios delincuenciales y/o corruptores.
[2] Zuleta Álvarez, Enrique. “Introducción a Maurras”, Editorial Nuevo Orden, Buenos Aires, 1965, páginas 26 y 27. 

miércoles, 19 de agosto de 2015

ESCUELA SUPERIOR DE CONDUCCION POLITICA Y SINDICAL: PROFESORES Y DISERTANTES (1983-1986)



La formación doctrinaria de cuadros políticos en el Movimiento Nacional Justicialista nace oficialmente en 1951, cuando se crea la Escuela Superior Peronista (ESP), en donde Juan D. Perón y María Eva Duarte fueron ‘Profesores Extraordinarios’ de Cátedras. Allí se impartían conocimientos políticos, sociales, económicos, gremiales, culturales y filosóficos. La ESP perduró hasta 1955.

Durante el “Resistencia Peronista”, apareció otra estructura que, en principio, funcionó clandestinamente en el Sindicato de Empleados de Farmacia allá por 1956: el Instituto Justicialista de Estudios Sociales (IJES), en el cual se perfilaban ya algunos nombres de los profesores que, como Jorge Sulé, Alberto Pérez Villamil y Jorge Cellier, habrían de mantenerse como tales promediando la década de 1980.

El IJES subsistió, por lo menos, hasta 1965/66, momento en donde se creó la Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista, cuyas siglas van a ser ESCP. Aquí enseñaron Jacques Marie de Mahieu y Alberto de Baldrich, entre otros destacados.

En octubre de 1973, se publicó lo que, al parecer, fue el único long play – o material audífono- que traía el Texto Oficial impartido para la formación en la ESCP. Titulado “Fundamentos de la Doctrina Nacional Justicialista”, el material sonoro llevaba esa denominación por un texto publicado en 1966 que llevaba el mismo rótulo. Sus textos eran leídos por dos voces en off, pertenecientes a Haydee Ávila y Luis María Solari. La introducción corría por cuenta del teniente general Juan Domingo Perón.

Los temas de este long play, eran: El hombre; la Comunidad Organizada; el Estado; el Origen histórico de la subversión demoliberal y de la subversión marxista; el Capitalismo individualista y el Capitalismo de Estado; la Revolución Nacional Justicialista; y, la Tercera Posición. Además, debemos decir que aquí se adoptó el emblema que publicamos en esta nota, consistente en una Estrella Federal en cuyo centro se halla el Escudo Peronista. En la parte superior, las siglas ESCP.

Disuelto en 1976 por el golpe de Estado cívico-militar, reaparece esta Escuela Superior de Conducción Política con un aditamento: Ahora también se impartían principios sindicales o gremiales. Por eso, sus siglas serán ESCPyS (Escuela Superior de Conducción Política y Sindical).

Tuvo su sede en la calle Hipólito Yrigoyen 788 – 2do. Piso, de la Capital Federal. Al menos, hasta 1986, dictó numerosas clases no solamente en Buenos Aires sino, también, en varias localidades del interior: Carapachay, Lanús, Benito Juárez, General Belgrano, Vicente López, Lomas de Zamora, Florida, San Isidro, Olavarría, Azul, Ramos Mejía, Burzaco, Martín Coronado, Wilde, San Martín, Rada Tilly (Chubut), Comodoro Rivadavia (Chubut), Gualeguay (Entre Ríos), etc.

Consignamos, por último, que como Director de la ESCPyS ejercía el ex cura y Dr. Norberto E. Chindemi, mientras que el Secretario Docente era el Dr. José C. Gómez. Le seguían, en jerarquía, el Lic. Ricardo J. Nin (Secretario de Organización) y Norberto Pazos (Secretario de Finanzas). Del período tomado, trienio 83-86, egresaron 495 alumnos, de los cuales 320 eran varones y 175 mujeres.

            Sigue, entonces, el listado de profesores y disertantes de la ESCPyS entre 1983 y 1986 (por orden alfabético):


ABDELNABIK, Sadik                                           LABAKE, Juan Gabriel
ABOU EL KASEM, Abou Khzam                          LAVORE, Fernando A.
ALBERTI, Blas A.                                                LICASTRO, Julián
ALVAREZ, Delia T.                                                    
ALVITTE, Norberto                                              MAGUIRE, Patricio José
ANGELINI, Luis                                                    MARCHIONI, Azucena
                                                                            MARGEPAN, Carlos
BAIZAN, Mario                                                      MOGLIANI, Armando A.
BASUALDO, Héctor A.                                          MONARCA, Gloria Martha
BAYA, Federico                                                    MONDRAGON, Alberto A.
                                                                             MONTESANO, Vicente
CALDERON, Horacio                                            MORELLO, Beatriz
CANTONI, Juan Carlos                                         MUSTO, Osvaldo F.
CASTIÑEIRA DE DIOS, José M.                                 
CATELLA, Pedro                                                  NAVARRO, Mario
CELLIER, Jorge A.                                                NIN, Ricardo J.
COSENTINO, Jorge                                                   
COSTA, Juan Carlos                                             OTEGUI, José María
CURONE, Elena Marta                                             
                                                                              PALMAS, Teresa de
CHINDEMI, Norberto E.                                          PASSO, Roberto
                                                                              PAVON PEREYRA, Enrique
D’ALESSIO, Juan T.                                               PEREZ SUAREZ, Inés
DA COSTA, José Antonio                                      PEREZ VILLAMIL, Alberto
D’ANNA, Graciela                                                   POTENZA, Víctor E.
DE CARLI, Alfredo A.                                                
DE MATTEI, José Ismael                                        REGO, Ricardo
DIEGUEZ, José María                                             REYNOSO, Abel
                                                                               RICO PATAMIA, Juan
ESTEVA, Hugo M.                                                   ROLANDO, Magdalena

FORINO, Sabatino A. A.                                          SANCHEZ TORANZO, Carlos
FUENTES, Artemio Ángel                                        SANTAMARINA, Carlos
                                                                                SBARRA MITRE, Oscar
GAYOSO, Rodolfo A.                                               SEGURA ALZOGARAY, Carlos
GIL LEZAMA, Guillermo                                            SULE, Jorge O.
GOMEZ, José Camilo                                               
GUERRERO, Pedro                                                  TACCONE, Juan José
GUGLIELMINO, Osvaldo                                           TEVSIC, Adriana
                                                                                 TRUMINO, Pablo
ISA, Naqued




Por Gabriel O. Turone