sábado, 18 de octubre de 2025

80 AÑOS DEL DIA DE LA LEALTAD, ¿DE QUE LEALTAD?



Ayer, 17 de octubre, se cumplieron 80 años de lo que, en la introducción de mi obra Tradicionalismo y Folklore en el Nacional Justicialismo (Edición del autor, 2022) di en llamar “la última gran épica nacional”. Y eso, sencillamente, porque desde hace 80 años no se ha dado ninguna otra con tanta repercusión ni trascendencia como aquella. Con el tiempo su proclamación se fue apagando, olvidando y tergiversando hasta su total desmemoria y confusión.

Hay inolvidables responsables de tamaña traición, y bastarían unos pocos ejemplos –de muchísimos- para no olvidarlos nunca. Desde la irrupción democrática de 1983, moldeada, a gusto, desde la Secretaría de Estado norteamericana, la desmovilización y desideologización del peronismo hay que endilgársela, sí o sí, al delincuente Carlos Saúl Menem, padrino de todos los actores políticos que vinieron a posteriori con el resultado que vemos al presente.

Pero para entender semejante descomposición, hay que tener en cuenta el borrón que se hizo de los fundamentos doctrinarios legados por Juan Perón, fundamentos sin los cuales el peronismo no solo ha quedado sin alma sino sin tradición. Anoté, muy modestamente:

“El extravío hasta ahora irreparable de la hermosa doctrina fundada por el teniente general Juan Domingo Perón se debe al abandono paulatino que ella hizo –a través de sus hombres- del tradicionalismo, instancia que permitió la disolución de los lazos sagrados entre el pueblo y la clase dirigente, convirtiéndose, el primero, en una masa atomizada, extraviada e informe, y la segunda en una corporación desarraigada, corrupta e insensible.”[1]

Lo que tenemos, tras ocho décadas del 17 de octubre de 1945, es una <<sociedad desorganizada>>, mas no una comunidad organizada que ha sido el fin último de la práctica doctrinaria del peronismo. Y ahí están las disoluciones a la vista: un pueblo atontado, empobrecido, alienado, masificado e infecundo versus una clase dirigente enriquecida, elitista, embebida de pautas culturales provenientes de los lobbies y resguardadas por grupos financieros supranacionales.

 

En el caso convocante, la doctrina fue usurpada en sus símbolos, en sus conceptos, en sus banderas históricas y en su folklore de genuina raigambre pueblerina. Pues, en lugar de dejar que sea el pueblo, a través de sus hombres de trabajo, el que ocupe los estamentos para dirigir un gobierno de genuina representatividad popular, fue el poder privado, a través de ardides como el engaño, la trampa, la corrupción, la tropelía, la ventaja y el negocio vil, el que terminó rompiendo el tejido social y la armonía de clases. Pues, a río revuelto, ganancia de pescador, o, como decía Fierro, “si entre los hermanos se pelean/ los devoran los de afuera”. 

Una vez, Menem le explicó a su hija, Zulemita Menem, por qué se consideraba un <<pragmático>> y no un <<traidor>>: “¿Sabés por qué lo derrocaron a Perón. Porque se enfrentó con la Iglesia, con el capital nacional y extranjero, con los Estados Unidos y con Inglaterra. Yo no voy a cometer el mismo error. ¿Qué voy a hacer? Voy a arreglar con todos esos poderes”.[2] Vean ustedes si eso no es traición a la patria, más allá de responder a tal o cual postura política. 

Hace muchos años que la política se terminó fusionando con el narcotráfico, engendro surgido bajo el sistema democrático y que dio lugar al mote de <<narcopolítica>>. Sin lugar a dudas, la figura de Alberto Eduardo Duhalde quedó signada como iniciadora en ese miserable fenómeno que, por abarcar a toda la clase dirigente, nunca fue combatido con la seriedad y el profesionalismo que merecen. Ni siquiera fue molestada la narcopolítica, y todo sigue como si nada. El 22 de agosto de 2003, Néstor Carlos Kirchner halagaba a Duhalde en estos términos: “Es un honor que esté hoy aquí sentado como uno más, entre el pueblo. Usted se merece esto [la gente vitoreaba su nombre]. Duhalde, no olvidamos su capacidad estratégica…”. Pueblo atontado versus dirigentes elogiándose. 

Claro, se dirá al leer lo anterior: ‘Néstor decía eso una vez que Duhalde le dio todo su aparato político, etc., etc., etc.’. Bueno, digamos entonces que Kirchner apoyó la candidatura presidencial de la fórmula Duhalde-Ortega para las elecciones de 1999, estando presente el santacruceño el mismo día del lanzamiento, el 25 de julio de 1998, cuando se congregaron 2 mil personas en el gimnasio del Club Parque Central de la ciudad de Neuquén capital. Allí se los vio, aplaudiendo de pie, eufóricos, a Néstor y Cristina Kirchner, a metros del escenario donde estaba el entonces Gobernador bonaerense. 

La doctrina peronista quedó totalmente barruntada en las mazmorras, y sino ¿por qué nunca más se hicieron eco los que usurparon el justicialismo de la Ley Nº 20.771 de Prohibición de Estupefacientes, sancionada el 26 de septiembre de 1974 bajo el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, y que penaba la producción, venta y/o tráfico de drogas? 

80 años del Día de la Lealtad. ¿De qué lealtad?

 

Gabriel O. Turone

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL



[1] Turone, Gabriel O. “Tradicionalismo y Folklore en el Nacional Justicialismo”, Edición del autor, 2022, p. 11.

[2] Iglesias, Juan Carlos y Negrete, Claudio. La Profanación. El robo de las manos de Perón, Editorial Sudamericana, 2002, p. 112.

miércoles, 8 de octubre de 2025

INTRODUCCION A UN PROXIMO REPORTAJE REALIZADO A ROBERTO PINI LEDESMA


En el barrio de San Cristóbal, en Capital Federal, nos introdujimos en el antiguo pero sólido edificio que muestra, desde su hall, una visión espectacular de la plaza “Martín Fierro”, lote que en el pasado perteneció a la fábrica metalúrgica Vasena donde, en el año 1919 se produjo una indiscriminada matanza de obreros que reclamaban un sueldo digno que nunca llegaba. 

Fuimos a visitar al diplomático y cofundador del Movimiento Cívico para la Cultura Nacional (MCCN), Roberto Julio Pini Ledesma, quien nos recibió con total pleitesía y nos contó, grabador en mano, algunas vivencias de sus épocas en el invicto palacio San Martín, sus contactos con el teniente general Juan Domingo Perón, su participación en el retorno definitivo de junio de 1973 y algunas anécdotas más de esos años de esperanza y violencia desmedida. 

Ese reportaje llegará en formato de video en un canal que, para tal efecto, estamos creando en el portal Youtube, a nombre del MCCN, una plataforma y escuela de doctrina que, tomando lo mejor y más noble de la tradición cultural argentina, funda su existencia en la construcción de un nuevo sistema que reemplace, de modo definitivo, a la vetusta democracia partidocrática que nos ha hundido hasta los putrefactos subsuelos del infierno. Centralizando su existencia en el rescate de los valores católicos y patrióticos que nos dieron identidad y personalidad, y permitiendo que sus componentes humanos se lancen a la conducción de aquellas esferas donde se sientan aptos y hábiles para interpretarlas y bajarlas con docencia a la comunidad. 

Pini Ledesma fue diplomático desde 1968 y hasta el 26 de noviembre de 1973 cuando, por decisión del ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Alberto Vignes, masón integrante de la Logia Propaganda Due (P2), desobedeció una orden del Dr. Vicente Solano Lima –por entonces, Secretario General de Presidencia de la Nación- quien se empeñaba en sostener en el cargo al compañero Pini Ledesma, quien ostentaba la Categoría 15 dentro del organismo aludido. El siguiente destino de Pini Ledesma fue en la Secretaría de Presidencia de la Nación hasta el año 1975, cuando una nueva interna, ya en tiempos más belicosos, le volvió a impedir su continuidad dentro del último gobierno justicialista que ha dado la patria.

En nuestro próximo posteo, pues, se publicará el reportaje que irá acompañado de imágenes de Roberto Julio Pini Ledesma de cuando fue funcionario en la Cancillería argentina y donde evocará el rol que le cupo cuando Perón arribó al aeródromo de Morón, el 20 de junio de 1973, gracias al aviso salvífico de Solano Lima. De esa jornada, es la fotografía que muestra a Pini Ledesma (en círculo amarillo) al lado de Perón, y cerca de José López Rega e Isabel Perón, en la portada del diario “Clarín” del 21 de junio del año de marras.

 

Mesa Directiva

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL

jueves, 27 de marzo de 2025

EL APRA, EL NARCOTRAFICO Y EL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO



De primeras aparentes buenas intenciones, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) fundada por Víctor Raúl Haya de la Torre, primero en México en mayo de 1924, y más tarde, en septiembre de 1930, en Perú, sin embargo tuvo groseros desvíos al finalizar la Segunda Guerra Mundial y, ya de modo decadente, con el suicidio por corrupto de uno de sus hijos dilectos, el ex presidente Alan García, en 2019. Nos referiremos a los años de la segunda mitad de la década de 1940.

Decía el nacionalista peronista, y ex partidario de la APRA, don Alberto Daniel Faleroni, que la primera gran avanzada que existió contra el gobierno surgido en nuestro país el 4 de junio de 1943, y tonificado, más tarde, el 17 de octubre de 1945, es decir, el peronismo, tuvo como primera manifestación continental la organización de la llamada Junta Americana para la Defensa de la Democracia (JAD), que tenía su epicentro en Santiago de Chile. Pero como esta entidad era de carácter expansionista, sus estamentos lo conformaban dirigentes políticos de todo el espectro ideológico de las izquierdas y las derechas.

En Chile, para el caso, eran miembros de la JAD Eduardo Frei padre -católico- y el luego presidente marxista Salvador Allende Gossens. En suelo argentino, adscribía el socialista Alfredo L. Palacios, en Venezuela estaba Rómulo Betancourt, quien hizo buenas migas con el neoliberal Ronald Reagan sobre el crepúsculo de sus años, y la lista continúa con varios representantes más. El eje sobre el cual giraba la actuación de la JAD era el combate total y solapado contra el gobierno justicialista de Juan Perón, verdadero nacionalismo que había tenido un gran impacto al establecer los principios de la <<Tercera Posición>> ideológica, traducida en: ni yanquis ni marxistas. 

Financiados por Wall Street y los negocios turbios que acompañan a la dictadura internacional del dinero, la JAD captó a antiguos líderes del proclamado antiimperialismo, como Víctor Haya de la Torre, quien, hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial (1945) sostuvo una organización política que había visto la luz en tiempos de los famosos movimientos de liberación nacional. 

Aunque la APRA de De la Torre tenía entre sus filas gente proveniente -no toda- de la izquierda marxista moderada, lo cierto es que ni bien cae Berlín corre su fundador a ponerse, solícito, bajo las órdenes del imperialismo norteamericano. Dice Faleroni: 

📝 “Haya de la Torre que escribió sus mejores obras contra la dominación yanqui, que soportó largos destierros y amargas persecuciones -de todo resulté testigo porque fui uno de sus cercanos colaboradores hasta que se “marxistizó”, así como lo fui del general Sandino y de Pedro Albizú Campos-, un buen día se fue a EE.UU., comió con Mr. Braden y… comenzó a fraguar revoluciones, motines y conspiraciones, con vistas -después de 1945- a producir una nueva situación política continental, que eclipsara a Perón y al justicialismo. Así fue como Haya de la Torre se pasó al bando contrario.” 

De lo antedicho, adjuntamos una nota del 10 de julio de 1945 del periódico argentino “Noticias Gráficas” donde arrecian las críticas al APRA, en el sentido de que la fuerza política de Haya de la Torre “había olvidado su lucha antiimperialista, sobre todo contra la política de Estados Unidos”, pues, “El señor de la Torre señaló que ha sido ese país el que modificó su política desde el advenimiento del presidente Roosevelt”. El elogio se lo dispensaba el dirigente peruano a Franklin D. Roosevelt, masón y presidente de los EE.UU. a la vez que uno de los arquitectos del Nuevo Orden Mundial surgido tras la Conferencia de Yalta (febrero de 1945). 

Después, el desvarío y las traiciones de Víctor Haya de la Torre tomaron caminos siniestros, dado que hacia fines de los años 40 del siglo XX tuvo por aliado y amigo a un narcotraficante llamado Eduardo Balarezo, de quien adjuntamos otra nota periodística en la que se lo nombra como hombre de negocios en suelo norteamericano. ¿Y quién era este Balarezo? Fue un contrabandista de cocaína que financió, por entonces, a Haya de la Torre en su aventura golpista del 3 de octubre de 1948, cuando incitó una acción política subversiva en el puerto de El Callao, Perú, para que luego, en 1950, todo concluyera con el general Manuel Odría, anterior aliado de la APRA, persiguiendo a sus integrantes y quedándose en el gobierno por largos años. 

Como se añade en la nota del 20 de agosto de 1949, Balarezo, el narcotraficante amigo de Haya de la Torre se financiaba con dólares estadunidenses a través del envío de paquetes que eran enviados hacia los EE.UU. desde Perú, y por el cual Balarezo recibía “mil dólares” por cada uno de ellos. Así, esgrime la nota del diario “Noticias Gráficas”, 

📰 “Balarezo, su esposa y tres niños se embarcaron en un barco de guerra peruano en El Callao, con la ayuda de un amigo, Víctor Haya de la Torre, jefe del partido aprista. Balarezo, que llevaba consigo 60 mil dólares en efectivo, se arregló para introducir en el barco gran cantidad de municiones para uso de los revolucionarios apristas. Estos hicieron estallar el movimiento en el pasado mes de octubre, pero fueron aplastados inmediatamente. Balarezo huyó en avión a Estados Unidos, y Haya de la Torre se asiló en la embajada de Colombia en Lima, donde aún se encuentra.” 



De haberse formado un gobierno solamente con elementos de la APRA, el narcotraficante Balarezo hubiese sido investido con el cargo de "jefe de Aduanas".

Punto y aparte.

 

Mesa Directiva

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL

martes, 18 de febrero de 2025

VOLVEMOS (NUNCA NOS FUIMOS) PARA AFRONTAR LOS PROBLEMAS SINARQUICOS


 

El Movimiento Cívico para la Cultura Nacional (MCCN) está organizado hace ya unos años, pensando, escribiendo, estudiando e investigando a los enemigos de la Religión y la Patria. Desde nuestros espacios digitales –por el momento, una página en “Facebook” y un blog- volveremos a dar nuestra opinión, ahora con mayor fluidez y desenmascarando los nuevos rostros y artilugios con que esas fuerzas antinacionales, agrupadas en el preclaro concepto de Sinarquía Internacional, azotan nuestra soberanía y subvierten nuestra cultura tradicional.

Uno de esos artilugios es el de los llamados <<chemtrails>>, fumigaciones que se realizan, a menudo, sobre las ciudades del mundo con contaminantes químicos a fin de llevar adelante un ya inocultable reduccionismo maltusiano de la población. No solamente entran en este tópico los <<chemtrails>>, cuya traducción sería <<estelas químicas>>, sino también el sistema High Frequency Active Auroral Research Program (HAARP), que en nuestro rico idioma se traduce como <<Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia>>, mediante el cual los aliados disímiles de la Sinarquía modifican, a gusto, el clima con tal de provocar desastres climatológicos que causan muertes innumerables y la ruina de los pueblos que caen bajo sus intervenciones. 

Al respecto, entre la bibliografía de que dispone el MCCN está lo concerniente a la Ley Nº 20.284 sobre Contaminación Atmosférica del Aire, cuyo ejemplar es sostenido por uno de nuestros integrantes. Esa ley fue sancionada y publicada el 13 de abril de 1973, y dada a conocer en el Boletín Oficial el 3 de mayo del año señalado. Indudablemente, a los delincuentes que transitaron, enriqueciéndose, por la política desde 1976 en adelante nada les importó el cuidado del aire ni la preservación de la soberanía espacial de nuestra patria, razón por la cual la Ley Nº 20.284 es una cenicienta que espera su vindicta para combatir, en primera instancia, con la ley en mano. 

Por otra parte, y concluyendo, su lectura y actualización forma parte de las investigaciones realizadas por los miembros del MCCP, deseosos de tener una herramienta afinada para salir al ruedo sobre semejante problemática impuesta desde el exterior. Volvimos, aunque nunca nos hemos ido, y estamos preparando las bases para la defensa irrestricta, y hasta la muerte, de nuestra forma de ser.

 


Mesa Directiva

MOV. CIVICO PARA LA CULTURA NACIONAL

jueves, 4 de noviembre de 2021

LA FALACIA DE DECIR QUE EL PERONISMO ES "ANTI-PATRONAL" O "ANTI-EMPRESA PRIVADA"


Una limitante intelectual proveniente de poderosas cloacas mediáticas y políticos sistémicos que tienen en el liberalismo su raíz –y que ocupan o se ubican en el amplio espectro de las izquierdas y las derechas-, sostiene con fuerza de acero que el Peronismo ha sido siempre una ideología enemiga o adversa de cualquier iniciativa empresarial, patronal o de capitales privados. Ayudan a este zafarrancho el casi nulo interés de las mayorías por la lectura en general, dejándose llevar simplemente por las opiniones ya lanzadas y resumidas que irradian los medios de comunicación. 

Pues, bien, el Peronismo por suerte es abundantísimo en textos doctrinarios que fueron plasmados por su fundador y alma pater para asegurar su continuidad y trayectoria. A fines del siglo XX dos universidades publican una fabulosa colección de más de 40 tomos con discursos, textos y libros dados a conocer por Juan Perón a lo largo de su extensa vida política. Allí está todo, o casi todo, porque una de las particularidades de aquél ha sido la de escribir y hablar sobre cualquier tema o asunto, muy contrario a lo que señalan las generales de la ley respecto de otros camaradas de igual o inferior rango al suyo, tendientes más bien al secretismo, la discreción y las palabras medidas. 

Ante los Delegados del IV Congreso Obrero Textil, en una reunión que tuvo lugar el 15 de septiembre de 1952, Perón se refirió al ahorro, a la situación económica y a pergeñar los posibles escenarios con que puede encontrarse la economía nacional teniendo por actores al Estado, los Obreros y los Patrones. 

Hasta el año 1943, que es cuando se produce el único golpe de Estado nacionalista de todo el siglo XX, la situación de esas tres fuerzas dejaba ver un Estado desorganizado y tanto a obreros como patrones en igual pésima condición. O sea, la configuración de una nación completamente desorganizada y dispersa. Continuaba advirtiendo Perón, que en aquel presente (año 1952) la situación se configuraba con un Estado organizado y Obreros en idéntica condición, pero con Patrones aún desorganizados, mas no conforme con eso, para el Peronismo –decía su creador- lo ideal era que todos los sectores estén adecuadamente organizados, incluso los Patrones. Así lo manifestaba: 

“Si los industriales tuvieran una organización como la que tienen ustedes [los obreros], podrían arreglar muchas industrias antieconómicas, prestándole ayuda para que no se hundan, dándoles asesoramiento, haciendo que hagan una buena organización, mejorando su maquinaria, mejorando su producción y mejorando su administración…” 

Sostenía que a la patronal le faltaba “conciencia social”, y alentando el principio de la armonía de clases con que la doctrina peronista ahuyentaba el fantasma destructivo del comunismo y su lucha de clases, sostenía Perón que “No sólo el pobre debe unirse. Debemos unirnos todos, porque el día que todos estemos unidos en una sola causa –la nacionalidad-, cuando estemos todos al servicio de la República Argentina, no habrá aquí más problemas. Los hay ahora, algunos, porque todavía no nos hemos unido suficientemente los argentinos”. Vaya este mensaje para contrarrestar los lamentables tiempos que corren, tan proclives a ungir periódicos desgobiernos que prefieren continuar agrandando la grieta para desmoralización de los ciudadanos y quebranto del país. 

La comunidad organizada perseguía por igual “fines espirituales y materiales” para el progreso social de cada individuo, y para ello jamás iba a echar mano de la mendicidad o el asesinato de unos contra otros. El peronismo original fue el portavoz de un colectivismo de signo individualista, según dijera el mismo Perón en su obra “La Comunidad Organizada”, por eso en último término lo que se buscaba era que el individuo, dentro de la comunidad nacional, “pueda realizarse y realizarla simultáneamente”. 


Quizás haya sido hasta el derrocamiento del peronismo en septiembre de 1955, que los empresarios e inversores de capitales privados en la Argentina aceptaron lo propuesto por Juan Perón el 1º de mayo de 1948 en cuanto al verdadero rol del capital, momento en el cual expresó:

“Muchas veces lo he dicho: necesitamos brazos, cerebros y capitales. Pero capitales que se humanicen en su función específica, que extraigan la riqueza del seno de la tierra en el trabajo fecundo y que sepan anteponer su función social a la meramente utilitaria. Rechazo, en cambio, y formulo mi más enérgico repudio al dios del oro, improductivo y estático, al supercapitalismo frío y calculador.” 

MACRI, TECHINT, BULGHERONI Y ACINDAR: EL AMPARO PERONISTA 

Bajo este criterio, una buena cantidad de empresarios, de esos que hoy componen la Unión Industrial Argentina (UIA), nacieron al amparo de las reglas equilibradas del peronismo fundante.

El extinto Franco Macri, quien creara uno de los conglomerados empresariales más formidables del país, llegó como inmigrante el 6 de enero de 1949 merced a las puertas abiertas con que el gobierno justicialista le dio la bienvenida a la inmigración de posguerra. Se anotó gratuitamente en la Facultad de Ingeniería de la UBA en 1951, aunque luego abandonaría esos estudios. El mismo año en que se produce el golpe de Estado de la “Revolución Libertadora”, Giorgio Macri, padre de Franco, inmigrante venido con una mano atrás y otra adelante, pudo abrir su primera constructora llamada Vimac S.A., empresa madre desde la cual comenzaría a crecer el emporio familiar.

La historia sobre el origen de Techint, el otro monstruo empresarial de la Argentina, también tiene sus primeros pasos gracias a las reglas económicas y financieras del peronismo fundacional. La familia Rocca –Agostino y su hijo Roberto- arribaron al puerto de Buenos Aires el 22 de marzo de 1946, alojándose en el City Hotel. Casi un año más tarde (febrero de 1947, cuando ya era Presidente de la Nación el teniente general Perón), en la sede ubicada en la calle San Martín 195 y con un plantel de 15 personas, se crea Techint (Compañía Técnica Internacional Sociedad Anónima).

Tan próspero le fue durante esos años de gobierno peronista, que en 1948 Agostino Rocca logra fundar LOSA (Ladrillos Olavarría), y en 1949 Construcciones Metálicas Argentinas (COMETARSA).[1] Una publicidad de Techint aparece en la revista oficial del régimen justicialista, “Mundo Peronista”, en salteadas pero continuas ediciones, como la aquí expuesta perteneciente al Nº 51 del 1º de octubre de 1953. Tal crecimiento no cesó en ningún momento durante el peronismo, pues en 1954 Agostino Rocca va a crear SIDERCA, dedicada a la fabricación de tubos de acero en la localidad de Campana, provincia de Buenos Aires.


Pasamos ahora al conglomerado Pérez Companc, quienes también solicitaron publicitar sus servicios marítimos -uno de sus rubros, claro- en la revista "Mundo Peronista" tal como se da a conocer en esta nota. El anuncio es del número 40 aparecido el 1º de marzo de 1953. ¿El peronismo original de verdad creen que fue "anti-patronal" o "empresa privada"? Hasta la familia Bulgheroni, dueña del gigante del petróleo privado, tuvo un primer golpe de suerte en el año 1953, según lo aclara el periodista Luis Majul:

“Don Alejandro Ángel Bulgheroni fue un hombre que cumplió siempre con la palabra empeñada. Y también aprovechó, igual que lo hace hoy Carlos Alberto, todas las oportunidades que se le presentaron para acumular más riqueza.

“La primera ganga la consiguió en 1953. Fue cuando compró a un precio irrisorio junto a sus socios Julio Juncosa Seré y Juan Taboada, el frigorífico Wilson. Los ingleses decidieron abandonarlo ante las presiones de los sindicalistas de Perón.

“El segundo “golpe de suerte” se le dio en 1955, el día en que la llamada Revolución Libertadora consideró que la operación del Wilson era irregular e hizo abandonar del país a sus socios, pero no dijo ni mu del comportamiento de Don Alejandro, quien se quedó con todo…”[2]

En el postrer del Peronismo –abril de 1955-, el coloso de la siderurgia ACINDAR daba datos concretos de un crecimiento sostenido para sus arcas. De 3506 toneladas que produjo en 1943, pasó a 15.724 en 1946 y, cuatro años más tarde, a 60.147 toneladas de acero. Para 1954 esa cifra se habría de elevar a 231.155 toneladas, es decir una productividad 65 veces mayor que al comienzo. Ahora, no solamente habían obtenido ganancias los de la patronal sino que también lo habían hecho los trabajadores, ya que ACINDAR tenía un plantel de 453 obreros en 1943 que, por las mejoras de un sistema justo y equilibrado de gobierno, llegó a ocupar a 2229 de ellos al cabo de doce años. Y mientras que un obrero en 1943 necesitaba trabajar un promedio de 247,7 horas para producir una tonelada de acero, en 1954 esa cifra disminuía considerablemente a escasas 19,6 horas por trabajador de la siderurgia. Los números, entonces, otorgaban mejorías tanto para el capital como para el trabajo, o, dicho de otra manera, ecuánimes ganancias y beneficios para los dueños de los medios de producción y para los que aportaban la mano de obra.

ACINDAR tuvo su primer espaldarazo a partir de que fuera creada, en 1947, y a instancias del general Manuel Savio, la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA). Entonces, tanto el Presidente Perón como el general Savio impulsaron el Plan Siderúrgico Nacional que, teniendo por impulsor al Estado en materia de producción de acero como industria estratégica para el país, también resultó en un llamado a los capitales privados del sector –entre ellos ACINDAR- para la fabricación de productos afines.

Suficientes estos párrafos, entonces, para aclarar la diatriba infundada del Peronismo “anti-patronal” o “anti-empresa privada” con que, de forma embozada, nos pretenden confundir los medios masivos de comunicación y los políticos rentados del sistema.

 

 

Por Gabriel O. Turone


[1] Majul, Luis. “Los dueños de la Argentina. La cara oculta de los negocios”, páginas 204 y 205.

[2] Majul, Luis. Op. cit., páginas 80 y 81.   

viernes, 4 de septiembre de 2020

SOBRE EL ORIGEN DE LAS VILLAS MISERIAS ANTES DE PERON


Muchos años antes del 17 de octubre de 1945, fecha en que emerge el coronel Juan D. Perón a la arena política, se tienen las primeras constancias sobre la existencia de villas miserias en la Capital Federal. El 29 de abril de 1932, para ser precisos, un periodista del diario “La Protesta”, se había arrimado hacia la zona donde hoy se establecen los barrios de Retiro y Puerto Madero –que, este último, tomaba el nombre de Puerto Nuevo- para ver de cerca al grupo de “300 chozas” que constituyeron lo que se llamó “Villa Oficial” o “Villa Desocupación” [1]. En una parte de la crónica levantada, anotaba el cronista que podían observarse “a grupos de tres a seis personas, arropadas hasta las orejas, inclinadas sobre un fuego vacilante, fumando o tomando mate” [2]. Puede fijarse la existencia de este primer villorrio desde la famosa crisis de 1930 y hasta ese año de 1932, cuando la Municipalidad de Buenos Aires ordenó la quema de buena parte de esas chozas, aunque no de la totalidad, previo desalojo de sus ocupantes[3].

Eso aconteció en la metrópolis, pero en el campo hubo casos similares que, con el tiempo y la leyenda, permitieron emerger a un nuevo sujeto social del que, desde luego, no me ocuparé en esta nota: el croto. De regreso en la ciudad, por esos años es cuando aparece un nuevo término que, según se cree, pasó inadvertido –o no tuvo prensa- en medio de los despilfarros de la oligarquía argentina, y fue el de la “olla popular”, todavía empleado de tanto en tanto para aguantar la extensión de alguna protesta callejera. Antes del peronismo, se ve que era tan apremiante la desocupación en nuestro país que, casi a las apuradas, se crearía en 1934 la llamada “Junta Nacional para Combatir la Desocupación”, cuyos censos estaban a cargo del Departamento Nacional del Trabajo, precisamente, el organismo que manejaría Perón a partir de diciembre de 1943.

Tal descomposición del tejido social, nacida gracias a la arquitectura de una política eminentemente unitaria/liberal de nuestro devenir, en donde se establecieron para quedarse las primeras villas miserias, tiene un génesis que muchos, por acción u omisión, prefieren no indagar. Quien sí se refirió a esta desvirtuación fue Enrique Ricardo Del Valle, al decir que las primeras villas que hubo en Buenos Aires aparecieron “durante la crisis del año 30”, añadiendo que, entre las características de esos primeros asentamientos[4] estaban el de no permitir la presencia de mujeres “para evitar los líos y no dar motivo a las autoridades para el desahucio” [5]. Y da una serie de elementos materiales con los cuales se levantaban los ranchos de las villas miserias: palos, ramas, cartones, latas de kerosene abiertas y aplanadas, lonas y arpilleras, algo que, por desgracia, no ha perdido vigencia al paso de los años. 

Como lo afirmara Paulo Cavaleri en 1996, durante la belle époque vernácula (1890-1920) los valores más apreciados eran “El lujo desmedido, el juego, [y] la creencia en una Argentina de recursos inagotables” [6]. Por entonces, no había lugar para aquellas voces disidentes que veían, en medio de los festejos del Centenario, la grieta cada vez más ensanchada y profunda que, dejando ver dos sectores bien definidos, encontraba, de un lado, al grupo de familias de la oligarquía agrícola-ganadera y, del otro, una amplia mayoría de ciudadanos de a pie que apenas sí subsistían con un empleo indigno, mal pago y, más lúgubremente, de la dádiva o el derrame de los recursos despreciados por las clases pudientes. Todavía no se podía hablar de ninguna clase media consolidada sino embrionaria. La contracara del festín que se daban, plenos de lujos y bacanales interminables en Europa los hijos de las familias ricas locales, podía hallarse en los planteos críticos de Manuel Gálvez, Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones, quienes empezaron, no sin vituperios de sus colegas, a reivindicar, de paso, al gaucho y su patriótica cosmovisión.

En el año 1895 nacerá, con visos de tibieza pero alarmante desarrollo, el llamado “Barrio de las Latas”: pintoresco eufemismo nacido por la composición con que estaban hechos los ranchos que le dieron vida a una villa miseria que se asentó, hasta su erradicación en 1912 por la Municipalidad, en un sector del barrio porteño de Nueva Pompeya. 


Quien ha tomado nota de este asentamiento en pleno auge de la Argentina oligárquica, fue el historiador barriológico Hugo Corradi en su respetable obra Guía Antigua del Oeste Porteño, quien, para ello, transcribió una vieja crónica de la desaparecida revista Aconcagua que, en sus párrafos más salientes, manifestaba que

“Pronto comenzaron a sentar sus reales por los predios y baldíos esos pintorescos personajes que el argot criollo ha bautizado con el nombre de <<cirujas>>, quienes comenzaron a construir sus viviendas para resguardarse de las inclemencias del tiempo con latas…” [7]

Para el final de estas menciones sueltas, diremos que una fuente insospechada como el diario La Nación, que siempre hizo gala de la exaltación de aquella Argentina del Centenario, reconoció la hambruna y la miseria que sufrían “los niños pobres en los hospicios municipales”. En la edición del lunes 5 de diciembre de 1904, se leían algunos cuadros alarmantes de la supuesta gran Argentina de principios del siglo XX:

“…en la capital de la república, muchos niños sufren frecuentemente el suplicio del hambre y llegan á morir por falta de una alimentación adecuada. En ese simple episodio de organización hospitalaria se descubre todo un drama tan conmovedor, de angustia tan profunda y tan intensa, que el espíritu se siente agobiado por impresiones indefinibles de infinita tristeza. Medítese con un poco de recogimiento lo que representa la dureza de las exigencias administrativas en los centros de beneficencia pública donde la sociedad recoge á los niños sin madre, lanzados al viento de la desgracia. Hay una partida de ciento cincuenta pesos destinada á la leche que consumen los pequeños asilados (…). Cuando el inciso se agota antes de fin de mes, el hambre asoma su perfil siniestro y no hay modo de conjurar la pavorosa aparición, si los médicos no se preocupan de suplir con su peculio particular los fondos oficiales…” [8]

Éstas y otras delicias más pueden dar una visión más realista y concreta que se daba en medio del glamur sofisticado y extranjerizante de comienzos del siglo XX en nuestro país. Su desconocimiento u ocultamiento por los analfabetos locuaces de los mass media y el nutrido elenco de personajes de la “pedagogía colonial”, son los responsables de aquella infundada diatriba que, en forma de latiguillo, dictamina unánimemente que “el origen del peronismo trajo consigo el debut de las villas miserias argentinas”.

Jauretche, por otra parte, en su siempre actual El medio pelo en la sociedad argentina, advierte que las corrientes emigratorias del campo a la ciudad todavía continuaron en los albores del peronismo, pero que esos emigrantes iban a parar a villas miserias constituidas años antes aunque, ahora, con un trabajo asegurado merced a las 309 leyes laborales que decretó y legalizó Perón entre 1946 y 1955. Por esa razón, Jauretche sostenía que desde entonces 

“La población de las Villas Miseria se renueva constantemente y prácticamente hoy, quedan en ellas pocos de sus primeros ocupantes que en los últimos años han sido sustituidos en gran número por bolivianos, paraguayos y chilenos, que van ocupando las vacantes, ya que el problema de la desocupación rural es común a toda esta parte de América.”  

En cambio, la “Villa Desocupación” que despuntó a partir de 1930 en plena “Década Infame” tenía su origen en una época en que “La ciudad tenía miles de habitaciones desocupadas cuyos avisos se leían por todos los barrios y ocupaban un amplio espacio en los clasificados de los diarios (…) pero no [había] medios para pagarlas” [9]. Esto dejaba ver lo descarnado de los años previos al surgimiento de Perón, con una economía que rendía sus frutos para unos pocos y que distribuía sus remanentes, sus sobrantes hacia los demás.


A modo de conclusión, se puede hacer una crítica a todo el arco político de los últimos 90 años por no haber podido erradicar las villas miserias, porque bien mencionamos su origen allá en 1930, pero no avizoramos su final sino, contrariamente, su crecimiento, complejidad y barbarie. En ese sentido ningún tipo de gobierno, sea liberal, conservador, radical, peronista, desarrollista, militar o socialdemócrata, ha planteado serias políticas sociales para otorgar las condiciones de elevación moral y ética de sus ciudadanos, para que salgan de la podredumbre social del mal vivir. 

Por eso mismo, es un cliché la zoncera de que solo el peronismo facilitó la presencia de las villas miserias y, de suyo, la mentada decadencia argentina a partir de 1945. Es más, me animo a decir que de todos los gobiernos que han enfrentado la problemática de las villas miserias, el justicialismo fundacional de 1945 fue el único que tendió una ayuda transitoria –de superación, como dice Jauretche- para que quienes vivían en ellas pudieran salir de las mismas hasta hacerse su casita de material gracias a un Estado que facilitaba esas condiciones. Pero además, porque la política oficial de “la vuelta al campo” pregonada con mayor ahínco en el 2º Plan Quinquenal, evitaba la emigración interna de los pobladores rurales a las grandes ciudades, donde se amontonaban en los villorrios. Hasta aquí, entonces, la temática de esta nota referida al origen no peronista de las villas miserias.


Por Gabriel O. Turone


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Referencias:


[1] El sector que se estableció en Retiro es la actual Villa 31, con más de 40 mil habitantes. 

[2] García, Alicia S. “Crisis y desocupación en los años 30”, Revista Todo es Historia, Año XII, Nº 154, Marzo de 1980, página 60. 

[3] Con el número de Inventario 113934, el Archivo General de la Nación (AGN) publicó en su cuenta de “Facebook”, el 16 de enero de 2018, una fotografía de Carlos Gardel visitando la “Villa Desocupación” por última vez. Se lo ve de impecable traje, sombrero y pañuelo en el bolsillo contemplando el cartel de un <<Almacén – Cigarrería>>. 

[4] Otro mote dado es el de “barrio de emergencia”, señala Del Valle, y en pleno siglo XXI el más engañoso de “barrios populares”. 

[5] “Lunfardología”, de Enrique Ricardo Del Valle, Editorial Freeland, 1966, Página 127.

[6] Cavaleri, Paulo. “Argentinos en París”, Revista Todo es Historia, Año XXX, Nº 353, Diciembre de 1996, página 26. 

[7] “Guía Antigua del Oeste Porteño”, de Hugo Corradi, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1969, Página 115.

[8] El gobierno al que le endilgan el origen de las infames villas miserias, tenía un apotegma que decía: “En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños”.

[9] “El medio pelo en la sociedad argentina”, de Arturo Jauretche, Ediciones Corregidor, 1996, Página 121.

lunes, 24 de agosto de 2020

UN ANALISIS POLITICO SOBRE EL COVID-19

Desde la implementación del Decreto que generó la cuarentena obligatoria, en la noche del 19 de marzo de 2020, por el presidente Alberto Ángel Fernández, solamente la pandemia del COVID-19 propició la opinión de los infectólogos, inmunólogos y demás hombres de la sanidad, dejando a un lado otras versiones que, por el colapso que trajo consigo el virus de marras, bien pudieron hacernos llegar neurólogos, psicólogos, psiquiatras y, agrego yo, analistas de política internacional, estrategia militar, etc. 

Recién al mes o mes y medio de aquel 19 de marzo, los medios de comunicación comenzaron a invitar como panelistas virtuales –o de forma presencial- a los inefables economistas, sin importar si eran progresistas, liberales o conservadores, convirtiéndose en los nuevos (yo diría, más bien, eternos) gurúes que supuestamente siempre tienen a mano la fórmula para sacarnos de las crisis que, cuando les toca actuar, jamás resuelven.

Las intervenciones y teorizaciones de los hombres de la sanidad y, más tarde, de la economía, infringieron en la comunidad otra grieta más, dirimida, esta vez, entre los “anti-cuarentena” y los “pro-cuarentena”, ambas posturas, fomentadas por los respectivos canales televisivos, radiales, gráficos y digitales, cada uno con el supremo afán de cuidar a sus pagadores, los cuales coinciden en el comando del espectro “izquierda-centro-derecha”. 

A todo esto, se dejó sensible y manifiestamente de lado la salud mental de los argentinos, agobiados por el encierro extensivo y la pérdida de sus libertades pero también por el descenso de sus ingresos y la pauperización de sus economías cotidianas para vivir con dignidad. Al cabo que, ni sanitaristas ni economistas, más proclives a la charlatanería promovida desde las mass media, nunca dieron en cinco meses de cuarentena una solución a ambas problemáticas que tienden a plantear un interrogante cada vez mayor respecto de cómo será la supervivencia de la gente en el período post pandemia.

Sin embargo, la politiquería de la democracia liberal continuó haciendo de las suyas: no donaron parte de sus jugosos sueldos para ayudar al siempre quebrantado sistema de salud público; entre gallos y medianoches hicieron compras de insumos con escandalosos sobreprecios dañando al erario estatal; plantearon expropiaciones impopulares; apuraron reformas como la judicial para el amparo de los funcionarios delincuentes; aplicaron programas oficiales con “lenguaje inclusivo”; liberaron presidiarios comunes con la excusa del COVID-19; dieron libertad domiciliaria a dirigentes con causas por malversación; y un largo etcétera más. Tales medidas, surge a la vista, nada importan a la población desamparada, desocupada y aturdida.

MARAÑA DE INTERESES SINARQUICOS

De todos los ítems nombrados y hechos a espaldas del ciudadano de a pie, hay otro que es el que más relación tiene respecto del COVID-19 o Coronavirus, y tiene que ver con las mentadas “vacunas salvadoras” con que un puñado de laboratorios farmacéuticos multinacionales pretenden “inmunizar” a la humanidad. Con el agravante de que nuestra Argentina pasa a ser un candidato principal como conejillo de Indias para la experimentación de varios tipos de vacunas que, al parecer, se encuentran en fases de elaboración, prueba y producción.

La fiebre por fabricar una vacuna que saque del atolladero a la población mundial, se ha convertido en el eslogan más publicitado desde mediados de julio para acá. Por lo tanto, hoy se endiosa a las farmacéuticas comprometidas en dicha solución como el único camino viable para enfrentar al COVID-19, y se vitupera a quienes plantean, desde otro ángulo, soluciones tal vez alternativas como la del dióxido de cloro que, de comprobarse su funcionamiento contra el virus pandémico, le acarrearía enormes pérdidas económicas a los gigantes de la industria farmacéutica.

¿Qué intereses se mueven detrás de estas farmacéuticas hoy encumbradas y en la cual se pretende colocar toda esperanza? Partamos de la base, de que unos meses antes de que trasciendan los primeros pasos de esta pandemia, el 18 de octubre de 2019 tuvo lugar en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, un simulacro de pandemia que fue organizado bajo el título de Event 201 – A Global Pandemic Excersice (traducido al español, “Evento 201 – Un ejercicio de pandemia global”).

De este simulacro participaron, entre otras organizaciones, la Bill and Melinda Gates Foundation, la Universidad Johns Hopkins (la misma que mantiene la contabilidad oficial de contagiados, muertos y recuperados de COVID-19 a escala mundial) y el Foro Económico Mundial, entre otros. Extraño, por cierto, que se involucre a la máxima entidad económica global en un simulacro de pandemia, si no pensáramos que allí también se estudió la posibilidad de sopesar y calcular las pérdidas que una tal supuesta pandemia iba a generarle al mundo entero. Todo muy calculado, planificado.

Entreverando principios malthusianos y de control poblacional, años antes del simulacro varios dirigentes de la política mundial esgrimían sus puntos de vista acerca de lo imperioso que sería eliminar a la población vieja, dicho esto por los gastos que producen en la economía mundial. Hemos leído, en este sentido, lo dicho por Christine Lagarde (ex directora del FMI y actual presidente del Banco Central Europeo), quien dijo: “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo y ya”. O sino, lo que expresara el Ministro de Finanzas de Japón, Taro Aso, quien pidió a los ancianos de su país que “se den prisa en morir” por los gastos que provocan al sistema de salud nipón.

La Bill and Melinda Gates Foundation, por ejemplo, dueña de Microsoft, es una de las organizaciones que está detrás en más de un proyecto de vacuna contra la pandemia por ellos promovida. 

El 12 de agosto de 2020, justo cuando se conmemoraba el “Día de la Reconquista” de Buenos Aires contra las tropas inglesas en 1806, el presidente Alberto Fernández anunciaba que en nuestro país se iba a producir la vacuna contra el COVID-19 que se viene desarrollando en la Universidad de Oxford, Inglaterra, recibiendo calurosos elogios por parte del Embajador británico en Buenos Aires, Mark Kent, por tan apreciable colaboración experimental. Al mismo tiempo, Fernández nombró que uno de los responsables de la producción local e Hispanoamericana de esa vacuna estará bajo la responsabilidad del inescrupuloso Hugo Arnoldo Sigman, presidente o director del laboratorio mAbxience que trabaja, a su vez, con la firma británica AstraZeneca [1], ligada a Oxford. 

Vale decir que en enero de 2020, como aprontando el afianzamiento de esta red de vínculos y favores para lanzar y contrarrestar la pandemia, Hugo Sigman fue designado “Embajador de Buena Voluntad” del Instituto Interamericano de Cooperación con la Agricultura (IICA), un organismo que recibe la financiación de Microsoft, oh casualidad, de Bill Gates y su Fundación (Bill and Melinda Gates Foundation), participante de la simulación de la pandemia de octubre de 2019.

Otra iniciativa para la obtención de la vacuna contra el Coronavirus, le pertenece a la farmacéutica norteamericana Pfizer, que también tuvo la aprobación de las autoridades gubernamentales argentinas en julio de 2020 para que cuente con 30.000 “voluntarios”. El proyecto se titula Lightspeed (en español, “Velocidad de la Luz”), y su cabeza visible es el Dr. Fernando Polack, quien fue recibido por Alberto Fernández en la quinta de Olivos el 10 de julio de 2020, según consta en la cuenta de “Twitter” del mandatario.

Polack no es un simple filántropo. Se trata del presidente de la Fundación INFANT, una ONG fundada por él en el año 2003, y que recibe financiación extranjera de la Bill and Melinda Gates Foundation… Sí, la misma que también está detrás del proyecto experimental de la vacuna de Oxford. ¿Casualidad, no? La Fundación de Bill Gates le dio a Polack la friolera de U$S 3.600.000 entre los años 2016 y 2020, en aportes para la Fundación INFANT. En la currícula de Fernando Polack vemos que se perfeccionó como infectólogo en la Johns Hopkins School of Medicine, de Estados Unidos, o sea, la universidad que también participó del simulacro de pandemia de octubre de 2019 y que cuenta las cifras oficiales mundiales del COVID-19.

Entender estos menesteres de la globalización sinárquica modificaría radicalmente la óptica de esta pandemia planificada de COVID-19 que nos han vendido hasta ahora, y que nos ha quitado un año de vida, proyectos personales y la entrada a una etapa llena de oscurantismo y siniestros intereses.


Por Gabriel O. Turone

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Referencias:

[1] AstraZeneca tiene una mayoría accionaria que pertenece a la familia judía de banqueros Wallenberg y al fondo financiero "BlackRock", o sea, el principal grupo acreedor de la deuda externa argentina.