jueves, 4 de noviembre de 2021

LA FALACIA DE DECIR QUE EL PERONISMO ES "ANTI-PATRONAL" O "ANTI-EMPRESA PRIVADA"


Una limitante intelectual proveniente de poderosas cloacas mediáticas y políticos sistémicos que tienen en el liberalismo su raíz –y que ocupan o se ubican en el amplio espectro de las izquierdas y las derechas-, sostiene con fuerza de acero que el Peronismo ha sido siempre una ideología enemiga o adversa de cualquier iniciativa empresarial, patronal o de capitales privados. Ayudan a este zafarrancho el casi nulo interés de las mayorías por la lectura en general, dejándose llevar simplemente por las opiniones ya lanzadas y resumidas que irradian los medios de comunicación. 

Pues, bien, el Peronismo por suerte es abundantísimo en textos doctrinarios que fueron plasmados por su fundador y alma pater para asegurar su continuidad y trayectoria. A fines del siglo XX dos universidades publican una fabulosa colección de más de 40 tomos con discursos, textos y libros dados a conocer por Juan Perón a lo largo de su extensa vida política. Allí está todo, o casi todo, porque una de las particularidades de aquél ha sido la de escribir y hablar sobre cualquier tema o asunto, muy contrario a lo que señalan las generales de la ley respecto de otros camaradas de igual o inferior rango al suyo, tendientes más bien al secretismo, la discreción y las palabras medidas. 

Ante los Delegados del IV Congreso Obrero Textil, en una reunión que tuvo lugar el 15 de septiembre de 1952, Perón se refirió al ahorro, a la situación económica y a pergeñar los posibles escenarios con que puede encontrarse la economía nacional teniendo por actores al Estado, los Obreros y los Patrones. 

Hasta el año 1943, que es cuando se produce el único golpe de Estado nacionalista de todo el siglo XX, la situación de esas tres fuerzas dejaba ver un Estado desorganizado y tanto a obreros como patrones en igual pésima condición. O sea, la configuración de una nación completamente desorganizada y dispersa. Continuaba advirtiendo Perón, que en aquel presente (año 1952) la situación se configuraba con un Estado organizado y Obreros en idéntica condición, pero con Patrones aún desorganizados, mas no conforme con eso, para el Peronismo –decía su creador- lo ideal era que todos los sectores estén adecuadamente organizados, incluso los Patrones. Así lo manifestaba: 

“Si los industriales tuvieran una organización como la que tienen ustedes [los obreros], podrían arreglar muchas industrias antieconómicas, prestándole ayuda para que no se hundan, dándoles asesoramiento, haciendo que hagan una buena organización, mejorando su maquinaria, mejorando su producción y mejorando su administración…” 

Sostenía que a la patronal le faltaba “conciencia social”, y alentando el principio de la armonía de clases con que la doctrina peronista ahuyentaba el fantasma destructivo del comunismo y su lucha de clases, sostenía Perón que “No sólo el pobre debe unirse. Debemos unirnos todos, porque el día que todos estemos unidos en una sola causa –la nacionalidad-, cuando estemos todos al servicio de la República Argentina, no habrá aquí más problemas. Los hay ahora, algunos, porque todavía no nos hemos unido suficientemente los argentinos”. Vaya este mensaje para contrarrestar los lamentables tiempos que corren, tan proclives a ungir periódicos desgobiernos que prefieren continuar agrandando la grieta para desmoralización de los ciudadanos y quebranto del país. 

La comunidad organizada perseguía por igual “fines espirituales y materiales” para el progreso social de cada individuo, y para ello jamás iba a echar mano de la mendicidad o el asesinato de unos contra otros. El peronismo original fue el portavoz de un colectivismo de signo individualista, según dijera el mismo Perón en su obra “La Comunidad Organizada”, por eso en último término lo que se buscaba era que el individuo, dentro de la comunidad nacional, “pueda realizarse y realizarla simultáneamente”. 


Quizás haya sido hasta el derrocamiento del peronismo en septiembre de 1955, que los empresarios e inversores de capitales privados en la Argentina aceptaron lo propuesto por Juan Perón el 1º de mayo de 1948 en cuanto al verdadero rol del capital, momento en el cual expresó:

“Muchas veces lo he dicho: necesitamos brazos, cerebros y capitales. Pero capitales que se humanicen en su función específica, que extraigan la riqueza del seno de la tierra en el trabajo fecundo y que sepan anteponer su función social a la meramente utilitaria. Rechazo, en cambio, y formulo mi más enérgico repudio al dios del oro, improductivo y estático, al supercapitalismo frío y calculador.” 

MACRI, TECHINT, BULGHERONI Y ACINDAR: EL AMPARO PERONISTA 

Bajo este criterio, una buena cantidad de empresarios, de esos que hoy componen la Unión Industrial Argentina (UIA), nacieron al amparo de las reglas equilibradas del peronismo fundante.

El extinto Franco Macri, quien creara uno de los conglomerados empresariales más formidables del país, llegó como inmigrante el 6 de enero de 1949 merced a las puertas abiertas con que el gobierno justicialista le dio la bienvenida a la inmigración de posguerra. Se anotó gratuitamente en la Facultad de Ingeniería de la UBA en 1951, aunque luego abandonaría esos estudios. El mismo año en que se produce el golpe de Estado de la “Revolución Libertadora”, Giorgio Macri, padre de Franco, inmigrante venido con una mano atrás y otra adelante, pudo abrir su primera constructora llamada Vimac S.A., empresa madre desde la cual comenzaría a crecer el emporio familiar.

La historia sobre el origen de Techint, el otro monstruo empresarial de la Argentina, también tiene sus primeros pasos gracias a las reglas económicas y financieras del peronismo fundacional. La familia Rocca –Agostino y su hijo Roberto- arribaron al puerto de Buenos Aires el 22 de marzo de 1946, alojándose en el City Hotel. Casi un año más tarde (febrero de 1947, cuando ya era Presidente de la Nación el teniente general Perón), en la sede ubicada en la calle San Martín 195 y con un plantel de 15 personas, se crea Techint (Compañía Técnica Internacional Sociedad Anónima).

Tan próspero le fue durante esos años de gobierno peronista, que en 1948 Agostino Rocca logra fundar LOSA (Ladrillos Olavarría), y en 1949 Construcciones Metálicas Argentinas (COMETARSA).[1] Una publicidad de Techint aparece en la revista oficial del régimen justicialista, “Mundo Peronista”, en salteadas pero continuas ediciones, como la aquí expuesta perteneciente al Nº 51 del 1º de octubre de 1953. Tal crecimiento no cesó en ningún momento durante el peronismo, pues en 1954 Agostino Rocca va a crear SIDERCA, dedicada a la fabricación de tubos de acero en la localidad de Campana, provincia de Buenos Aires.


Pasamos ahora al conglomerado Pérez Companc, quienes también solicitaron publicitar sus servicios marítimos -uno de sus rubros, claro- en la revista "Mundo Peronista" tal como se da a conocer en esta nota. El anuncio es del número 40 aparecido el 1º de marzo de 1953. ¿El peronismo original de verdad creen que fue "anti-patronal" o "empresa privada"? Hasta la familia Bulgheroni, dueña del gigante del petróleo privado, tuvo un primer golpe de suerte en el año 1953, según lo aclara el periodista Luis Majul:

“Don Alejandro Ángel Bulgheroni fue un hombre que cumplió siempre con la palabra empeñada. Y también aprovechó, igual que lo hace hoy Carlos Alberto, todas las oportunidades que se le presentaron para acumular más riqueza.

“La primera ganga la consiguió en 1953. Fue cuando compró a un precio irrisorio junto a sus socios Julio Juncosa Seré y Juan Taboada, el frigorífico Wilson. Los ingleses decidieron abandonarlo ante las presiones de los sindicalistas de Perón.

“El segundo “golpe de suerte” se le dio en 1955, el día en que la llamada Revolución Libertadora consideró que la operación del Wilson era irregular e hizo abandonar del país a sus socios, pero no dijo ni mu del comportamiento de Don Alejandro, quien se quedó con todo…”[2]

En el postrer del Peronismo –abril de 1955-, el coloso de la siderurgia ACINDAR daba datos concretos de un crecimiento sostenido para sus arcas. De 3506 toneladas que produjo en 1943, pasó a 15.724 en 1946 y, cuatro años más tarde, a 60.147 toneladas de acero. Para 1954 esa cifra se habría de elevar a 231.155 toneladas, es decir una productividad 65 veces mayor que al comienzo. Ahora, no solamente habían obtenido ganancias los de la patronal sino que también lo habían hecho los trabajadores, ya que ACINDAR tenía un plantel de 453 obreros en 1943 que, por las mejoras de un sistema justo y equilibrado de gobierno, llegó a ocupar a 2229 de ellos al cabo de doce años. Y mientras que un obrero en 1943 necesitaba trabajar un promedio de 247,7 horas para producir una tonelada de acero, en 1954 esa cifra disminuía considerablemente a escasas 19,6 horas por trabajador de la siderurgia. Los números, entonces, otorgaban mejorías tanto para el capital como para el trabajo, o, dicho de otra manera, ecuánimes ganancias y beneficios para los dueños de los medios de producción y para los que aportaban la mano de obra.

ACINDAR tuvo su primer espaldarazo a partir de que fuera creada, en 1947, y a instancias del general Manuel Savio, la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA). Entonces, tanto el Presidente Perón como el general Savio impulsaron el Plan Siderúrgico Nacional que, teniendo por impulsor al Estado en materia de producción de acero como industria estratégica para el país, también resultó en un llamado a los capitales privados del sector –entre ellos ACINDAR- para la fabricación de productos afines.

Suficientes estos párrafos, entonces, para aclarar la diatriba infundada del Peronismo “anti-patronal” o “anti-empresa privada” con que, de forma embozada, nos pretenden confundir los medios masivos de comunicación y los políticos rentados del sistema.

 

 

Por Gabriel O. Turone


[1] Majul, Luis. “Los dueños de la Argentina. La cara oculta de los negocios”, páginas 204 y 205.

[2] Majul, Luis. Op. cit., páginas 80 y 81.   

viernes, 4 de septiembre de 2020

SOBRE EL ORIGEN DE LAS VILLAS MISERIAS ANTES DE PERON


Muchos años antes del 17 de octubre de 1945, fecha en que emerge el coronel Juan D. Perón a la arena política, se tienen las primeras constancias sobre la existencia de villas miserias en la Capital Federal. El 29 de abril de 1932, para ser precisos, un periodista del diario “La Protesta”, se había arrimado hacia la zona donde hoy se establecen los barrios de Retiro y Puerto Madero –que, este último, tomaba el nombre de Puerto Nuevo- para ver de cerca al grupo de “300 chozas” que constituyeron lo que se llamó “Villa Oficial” o “Villa Desocupación” [1]. En una parte de la crónica levantada, anotaba el cronista que podían observarse “a grupos de tres a seis personas, arropadas hasta las orejas, inclinadas sobre un fuego vacilante, fumando o tomando mate” [2]. Puede fijarse la existencia de este primer villorrio desde la famosa crisis de 1930 y hasta ese año de 1932, cuando la Municipalidad de Buenos Aires ordenó la quema de buena parte de esas chozas, aunque no de la totalidad, previo desalojo de sus ocupantes[3].

Eso aconteció en la metrópolis, pero en el campo hubo casos similares que, con el tiempo y la leyenda, permitieron emerger a un nuevo sujeto social del que, desde luego, no me ocuparé en esta nota: el croto. De regreso en la ciudad, por esos años es cuando aparece un nuevo término que, según se cree, pasó inadvertido –o no tuvo prensa- en medio de los despilfarros de la oligarquía argentina, y fue el de la “olla popular”, todavía empleado de tanto en tanto para aguantar la extensión de alguna protesta callejera. Antes del peronismo, se ve que era tan apremiante la desocupación en nuestro país que, casi a las apuradas, se crearía en 1934 la llamada “Junta Nacional para Combatir la Desocupación”, cuyos censos estaban a cargo del Departamento Nacional del Trabajo, precisamente, el organismo que manejaría Perón a partir de diciembre de 1943.

Tal descomposición del tejido social, nacida gracias a la arquitectura de una política eminentemente unitaria/liberal de nuestro devenir, en donde se establecieron para quedarse las primeras villas miserias, tiene un génesis que muchos, por acción u omisión, prefieren no indagar. Quien sí se refirió a esta desvirtuación fue Enrique Ricardo Del Valle, al decir que las primeras villas que hubo en Buenos Aires aparecieron “durante la crisis del año 30”, añadiendo que, entre las características de esos primeros asentamientos[4] estaban el de no permitir la presencia de mujeres “para evitar los líos y no dar motivo a las autoridades para el desahucio” [5]. Y da una serie de elementos materiales con los cuales se levantaban los ranchos de las villas miserias: palos, ramas, cartones, latas de kerosene abiertas y aplanadas, lonas y arpilleras, algo que, por desgracia, no ha perdido vigencia al paso de los años. 

Como lo afirmara Paulo Cavaleri en 1996, durante la belle époque vernácula (1890-1920) los valores más apreciados eran “El lujo desmedido, el juego, [y] la creencia en una Argentina de recursos inagotables” [6]. Por entonces, no había lugar para aquellas voces disidentes que veían, en medio de los festejos del Centenario, la grieta cada vez más ensanchada y profunda que, dejando ver dos sectores bien definidos, encontraba, de un lado, al grupo de familias de la oligarquía agrícola-ganadera y, del otro, una amplia mayoría de ciudadanos de a pie que apenas sí subsistían con un empleo indigno, mal pago y, más lúgubremente, de la dádiva o el derrame de los recursos despreciados por las clases pudientes. Todavía no se podía hablar de ninguna clase media consolidada sino embrionaria. La contracara del festín que se daban, plenos de lujos y bacanales interminables en Europa los hijos de las familias ricas locales, podía hallarse en los planteos críticos de Manuel Gálvez, Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones, quienes empezaron, no sin vituperios de sus colegas, a reivindicar, de paso, al gaucho y su patriótica cosmovisión.

En el año 1895 nacerá, con visos de tibieza pero alarmante desarrollo, el llamado “Barrio de las Latas”: pintoresco eufemismo nacido por la composición con que estaban hechos los ranchos que le dieron vida a una villa miseria que se asentó, hasta su erradicación en 1912 por la Municipalidad, en un sector del barrio porteño de Nueva Pompeya. 


Quien ha tomado nota de este asentamiento en pleno auge de la Argentina oligárquica, fue el historiador barriológico Hugo Corradi en su respetable obra Guía Antigua del Oeste Porteño, quien, para ello, transcribió una vieja crónica de la desaparecida revista Aconcagua que, en sus párrafos más salientes, manifestaba que

“Pronto comenzaron a sentar sus reales por los predios y baldíos esos pintorescos personajes que el argot criollo ha bautizado con el nombre de <<cirujas>>, quienes comenzaron a construir sus viviendas para resguardarse de las inclemencias del tiempo con latas…” [7]

Para el final de estas menciones sueltas, diremos que una fuente insospechada como el diario La Nación, que siempre hizo gala de la exaltación de aquella Argentina del Centenario, reconoció la hambruna y la miseria que sufrían “los niños pobres en los hospicios municipales”. En la edición del lunes 5 de diciembre de 1904, se leían algunos cuadros alarmantes de la supuesta gran Argentina de principios del siglo XX:

“…en la capital de la república, muchos niños sufren frecuentemente el suplicio del hambre y llegan á morir por falta de una alimentación adecuada. En ese simple episodio de organización hospitalaria se descubre todo un drama tan conmovedor, de angustia tan profunda y tan intensa, que el espíritu se siente agobiado por impresiones indefinibles de infinita tristeza. Medítese con un poco de recogimiento lo que representa la dureza de las exigencias administrativas en los centros de beneficencia pública donde la sociedad recoge á los niños sin madre, lanzados al viento de la desgracia. Hay una partida de ciento cincuenta pesos destinada á la leche que consumen los pequeños asilados (…). Cuando el inciso se agota antes de fin de mes, el hambre asoma su perfil siniestro y no hay modo de conjurar la pavorosa aparición, si los médicos no se preocupan de suplir con su peculio particular los fondos oficiales…” [8]

Éstas y otras delicias más pueden dar una visión más realista y concreta que se daba en medio del glamur sofisticado y extranjerizante de comienzos del siglo XX en nuestro país. Su desconocimiento u ocultamiento por los analfabetos locuaces de los mass media y el nutrido elenco de personajes de la “pedagogía colonial”, son los responsables de aquella infundada diatriba que, en forma de latiguillo, dictamina unánimemente que “el origen del peronismo trajo consigo el debut de las villas miserias argentinas”.

Jauretche, por otra parte, en su siempre actual El medio pelo en la sociedad argentina, advierte que las corrientes emigratorias del campo a la ciudad todavía continuaron en los albores del peronismo, pero que esos emigrantes iban a parar a villas miserias constituidas años antes aunque, ahora, con un trabajo asegurado merced a las 309 leyes laborales que decretó y legalizó Perón entre 1946 y 1955. Por esa razón, Jauretche sostenía que desde entonces 

“La población de las Villas Miseria se renueva constantemente y prácticamente hoy, quedan en ellas pocos de sus primeros ocupantes que en los últimos años han sido sustituidos en gran número por bolivianos, paraguayos y chilenos, que van ocupando las vacantes, ya que el problema de la desocupación rural es común a toda esta parte de América.”  

En cambio, la “Villa Desocupación” que despuntó a partir de 1930 en plena “Década Infame” tenía su origen en una época en que “La ciudad tenía miles de habitaciones desocupadas cuyos avisos se leían por todos los barrios y ocupaban un amplio espacio en los clasificados de los diarios (…) pero no [había] medios para pagarlas” [9]. Esto dejaba ver lo descarnado de los años previos al surgimiento de Perón, con una economía que rendía sus frutos para unos pocos y que distribuía sus remanentes, sus sobrantes hacia los demás.


A modo de conclusión, se puede hacer una crítica a todo el arco político de los últimos 90 años por no haber podido erradicar las villas miserias, porque bien mencionamos su origen allá en 1930, pero no avizoramos su final sino, contrariamente, su crecimiento, complejidad y barbarie. En ese sentido ningún tipo de gobierno, sea liberal, conservador, radical, peronista, desarrollista, militar o socialdemócrata, ha planteado serias políticas sociales para otorgar las condiciones de elevación moral y ética de sus ciudadanos, para que salgan de la podredumbre social del mal vivir. 

Por eso mismo, es un cliché la zoncera de que solo el peronismo facilitó la presencia de las villas miserias y, de suyo, la mentada decadencia argentina a partir de 1945. Es más, me animo a decir que de todos los gobiernos que han enfrentado la problemática de las villas miserias, el justicialismo fundacional de 1945 fue el único que tendió una ayuda transitoria –de superación, como dice Jauretche- para que quienes vivían en ellas pudieran salir de las mismas hasta hacerse su casita de material gracias a un Estado que facilitaba esas condiciones. Pero además, porque la política oficial de “la vuelta al campo” pregonada con mayor ahínco en el 2º Plan Quinquenal, evitaba la emigración interna de los pobladores rurales a las grandes ciudades, donde se amontonaban en los villorrios. Hasta aquí, entonces, la temática de esta nota referida al origen no peronista de las villas miserias.


Por Gabriel O. Turone


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Referencias:


[1] El sector que se estableció en Retiro es la actual Villa 31, con más de 40 mil habitantes. 

[2] García, Alicia S. “Crisis y desocupación en los años 30”, Revista Todo es Historia, Año XII, Nº 154, Marzo de 1980, página 60. 

[3] Con el número de Inventario 113934, el Archivo General de la Nación (AGN) publicó en su cuenta de “Facebook”, el 16 de enero de 2018, una fotografía de Carlos Gardel visitando la “Villa Desocupación” por última vez. Se lo ve de impecable traje, sombrero y pañuelo en el bolsillo contemplando el cartel de un <<Almacén – Cigarrería>>. 

[4] Otro mote dado es el de “barrio de emergencia”, señala Del Valle, y en pleno siglo XXI el más engañoso de “barrios populares”. 

[5] “Lunfardología”, de Enrique Ricardo Del Valle, Editorial Freeland, 1966, Página 127.

[6] Cavaleri, Paulo. “Argentinos en París”, Revista Todo es Historia, Año XXX, Nº 353, Diciembre de 1996, página 26. 

[7] “Guía Antigua del Oeste Porteño”, de Hugo Corradi, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1969, Página 115.

[8] El gobierno al que le endilgan el origen de las infames villas miserias, tenía un apotegma que decía: “En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños”.

[9] “El medio pelo en la sociedad argentina”, de Arturo Jauretche, Ediciones Corregidor, 1996, Página 121.

lunes, 24 de agosto de 2020

UN ANALISIS POLITICO SOBRE EL COVID-19

Desde la implementación del Decreto que generó la cuarentena obligatoria, en la noche del 19 de marzo de 2020, por el presidente Alberto Ángel Fernández, solamente la pandemia del COVID-19 propició la opinión de los infectólogos, inmunólogos y demás hombres de la sanidad, dejando a un lado otras versiones que, por el colapso que trajo consigo el virus de marras, bien pudieron hacernos llegar neurólogos, psicólogos, psiquiatras y, agrego yo, analistas de política internacional, estrategia militar, etc. 

Recién al mes o mes y medio de aquel 19 de marzo, los medios de comunicación comenzaron a invitar como panelistas virtuales –o de forma presencial- a los inefables economistas, sin importar si eran progresistas, liberales o conservadores, convirtiéndose en los nuevos (yo diría, más bien, eternos) gurúes que supuestamente siempre tienen a mano la fórmula para sacarnos de las crisis que, cuando les toca actuar, jamás resuelven.

Las intervenciones y teorizaciones de los hombres de la sanidad y, más tarde, de la economía, infringieron en la comunidad otra grieta más, dirimida, esta vez, entre los “anti-cuarentena” y los “pro-cuarentena”, ambas posturas, fomentadas por los respectivos canales televisivos, radiales, gráficos y digitales, cada uno con el supremo afán de cuidar a sus pagadores, los cuales coinciden en el comando del espectro “izquierda-centro-derecha”. 

A todo esto, se dejó sensible y manifiestamente de lado la salud mental de los argentinos, agobiados por el encierro extensivo y la pérdida de sus libertades pero también por el descenso de sus ingresos y la pauperización de sus economías cotidianas para vivir con dignidad. Al cabo que, ni sanitaristas ni economistas, más proclives a la charlatanería promovida desde las mass media, nunca dieron en cinco meses de cuarentena una solución a ambas problemáticas que tienden a plantear un interrogante cada vez mayor respecto de cómo será la supervivencia de la gente en el período post pandemia.

Sin embargo, la politiquería de la democracia liberal continuó haciendo de las suyas: no donaron parte de sus jugosos sueldos para ayudar al siempre quebrantado sistema de salud público; entre gallos y medianoches hicieron compras de insumos con escandalosos sobreprecios dañando al erario estatal; plantearon expropiaciones impopulares; apuraron reformas como la judicial para el amparo de los funcionarios delincuentes; aplicaron programas oficiales con “lenguaje inclusivo”; liberaron presidiarios comunes con la excusa del COVID-19; dieron libertad domiciliaria a dirigentes con causas por malversación; y un largo etcétera más. Tales medidas, surge a la vista, nada importan a la población desamparada, desocupada y aturdida.

MARAÑA DE INTERESES SINARQUICOS

De todos los ítems nombrados y hechos a espaldas del ciudadano de a pie, hay otro que es el que más relación tiene respecto del COVID-19 o Coronavirus, y tiene que ver con las mentadas “vacunas salvadoras” con que un puñado de laboratorios farmacéuticos multinacionales pretenden “inmunizar” a la humanidad. Con el agravante de que nuestra Argentina pasa a ser un candidato principal como conejillo de Indias para la experimentación de varios tipos de vacunas que, al parecer, se encuentran en fases de elaboración, prueba y producción.

La fiebre por fabricar una vacuna que saque del atolladero a la población mundial, se ha convertido en el eslogan más publicitado desde mediados de julio para acá. Por lo tanto, hoy se endiosa a las farmacéuticas comprometidas en dicha solución como el único camino viable para enfrentar al COVID-19, y se vitupera a quienes plantean, desde otro ángulo, soluciones tal vez alternativas como la del dióxido de cloro que, de comprobarse su funcionamiento contra el virus pandémico, le acarrearía enormes pérdidas económicas a los gigantes de la industria farmacéutica.

¿Qué intereses se mueven detrás de estas farmacéuticas hoy encumbradas y en la cual se pretende colocar toda esperanza? Partamos de la base, de que unos meses antes de que trasciendan los primeros pasos de esta pandemia, el 18 de octubre de 2019 tuvo lugar en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, un simulacro de pandemia que fue organizado bajo el título de Event 201 – A Global Pandemic Excersice (traducido al español, “Evento 201 – Un ejercicio de pandemia global”).

De este simulacro participaron, entre otras organizaciones, la Bill and Melinda Gates Foundation, la Universidad Johns Hopkins (la misma que mantiene la contabilidad oficial de contagiados, muertos y recuperados de COVID-19 a escala mundial) y el Foro Económico Mundial, entre otros. Extraño, por cierto, que se involucre a la máxima entidad económica global en un simulacro de pandemia, si no pensáramos que allí también se estudió la posibilidad de sopesar y calcular las pérdidas que una tal supuesta pandemia iba a generarle al mundo entero. Todo muy calculado, planificado.

Entreverando principios malthusianos y de control poblacional, años antes del simulacro varios dirigentes de la política mundial esgrimían sus puntos de vista acerca de lo imperioso que sería eliminar a la población vieja, dicho esto por los gastos que producen en la economía mundial. Hemos leído, en este sentido, lo dicho por Christine Lagarde (ex directora del FMI y actual presidente del Banco Central Europeo), quien dijo: “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo y ya”. O sino, lo que expresara el Ministro de Finanzas de Japón, Taro Aso, quien pidió a los ancianos de su país que “se den prisa en morir” por los gastos que provocan al sistema de salud nipón.

La Bill and Melinda Gates Foundation, por ejemplo, dueña de Microsoft, es una de las organizaciones que está detrás en más de un proyecto de vacuna contra la pandemia por ellos promovida. 

El 12 de agosto de 2020, justo cuando se conmemoraba el “Día de la Reconquista” de Buenos Aires contra las tropas inglesas en 1806, el presidente Alberto Fernández anunciaba que en nuestro país se iba a producir la vacuna contra el COVID-19 que se viene desarrollando en la Universidad de Oxford, Inglaterra, recibiendo calurosos elogios por parte del Embajador británico en Buenos Aires, Mark Kent, por tan apreciable colaboración experimental. Al mismo tiempo, Fernández nombró que uno de los responsables de la producción local e Hispanoamericana de esa vacuna estará bajo la responsabilidad del inescrupuloso Hugo Arnoldo Sigman, presidente o director del laboratorio mAbxience que trabaja, a su vez, con la firma británica AstraZeneca [1], ligada a Oxford. 

Vale decir que en enero de 2020, como aprontando el afianzamiento de esta red de vínculos y favores para lanzar y contrarrestar la pandemia, Hugo Sigman fue designado “Embajador de Buena Voluntad” del Instituto Interamericano de Cooperación con la Agricultura (IICA), un organismo que recibe la financiación de Microsoft, oh casualidad, de Bill Gates y su Fundación (Bill and Melinda Gates Foundation), participante de la simulación de la pandemia de octubre de 2019.

Otra iniciativa para la obtención de la vacuna contra el Coronavirus, le pertenece a la farmacéutica norteamericana Pfizer, que también tuvo la aprobación de las autoridades gubernamentales argentinas en julio de 2020 para que cuente con 30.000 “voluntarios”. El proyecto se titula Lightspeed (en español, “Velocidad de la Luz”), y su cabeza visible es el Dr. Fernando Polack, quien fue recibido por Alberto Fernández en la quinta de Olivos el 10 de julio de 2020, según consta en la cuenta de “Twitter” del mandatario.

Polack no es un simple filántropo. Se trata del presidente de la Fundación INFANT, una ONG fundada por él en el año 2003, y que recibe financiación extranjera de la Bill and Melinda Gates Foundation… Sí, la misma que también está detrás del proyecto experimental de la vacuna de Oxford. ¿Casualidad, no? La Fundación de Bill Gates le dio a Polack la friolera de U$S 3.600.000 entre los años 2016 y 2020, en aportes para la Fundación INFANT. En la currícula de Fernando Polack vemos que se perfeccionó como infectólogo en la Johns Hopkins School of Medicine, de Estados Unidos, o sea, la universidad que también participó del simulacro de pandemia de octubre de 2019 y que cuenta las cifras oficiales mundiales del COVID-19.

Entender estos menesteres de la globalización sinárquica modificaría radicalmente la óptica de esta pandemia planificada de COVID-19 que nos han vendido hasta ahora, y que nos ha quitado un año de vida, proyectos personales y la entrada a una etapa llena de oscurantismo y siniestros intereses.


Por Gabriel O. Turone

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Referencias:

[1] AstraZeneca tiene una mayoría accionaria que pertenece a la familia judía de banqueros Wallenberg y al fondo financiero "BlackRock", o sea, el principal grupo acreedor de la deuda externa argentina.

jueves, 20 de septiembre de 2018

LA DEMOCRACIA, EN LA FILOSOFIA GRIEGA Y EL "PERONISMO RENOVADOR"




Aún existe una gravísima carencia de autocrítica que permita saber qué han hecho quienes, teniendo o habiendo tenido el poder en sus manos desde 1983 a la fecha, alentaron el desastre orgánico en que hoy se ha convertido el peronismo.

Desde la muerte trágica de José Manuel De la Sota, en días recientes, he visto incesantes comentarios y alabanzas que hicieron perder el verdadero eje de su protagonismo desde el regreso de la democracia liberal como régimen impuesto en la vida política nacional, todo sin el verdadero mal que tanto él como otros protagonistas más tuvieron para el defectuoso presente de eso que alguna vez fundara Juan Perón.

Capas y capas de desviaciones, parches, prebendas, trampas dialécticas, subversiones, modernismos y negociados infames, han sido los principales y fundamentales ingredientes que motorizaron eso que se llamó “Peronismo Renovador”, tan exacto en su adjetivo como en la perdición que concretó, y consolidó, al paso de las décadas desde su origen. Su resultante es la pauperización y el atroz vaciamiento de la fuerza política más grande que ha dado Hispanoamérica. Sus protagonistas andan sueltos, otros ya duermen el sueño de los justos y varios más se alarman ante la entropía reinante.

Repasemos una de las perfidias del “Peronismo Renovador”, como es lo tocante al origen político/ideológico de muchos de sus popes: los hermanos Adolfo y Rodríguez Saá tuvieron su origen en la democracia liberal, habiendo militado, allá por los primeros años 70 en el Partido Liberal (PL) de San Luis; Eduardo Alberto Duhalde, era de la democracia cristiana, cuya expresión partidaria, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), nace cuando el justicialismo estaba próximo a caer y pleno de apellidos, sus filas, que lo terminarían por derrocar en 1955; José Manuel De la Sota, también había nacido a la luz de la política desde la democracia cristiana; Carlos Saúl Menem era un revisionista de izquierda que, recién a mediados y fines de la década de 1960, se acercó a Perón –a quien visitó en Puerta de Hierro- y se encaramó en su movimiento para terminar abrazando el neoliberalismo más acendrado de todos los tiempos. Antonio Cafiero fue siempre un hombre de la Iglesia Católica con visto bueno y apadrinamiento del Vaticano (Opus Dei); José Luis Manzano, un hebreo con apoyatura en el poder político de los Estados Unidos que terminó defendiendo, y perteneciendo, a meros intereses empresariales. Julio Bárbaro, hombre del jesuitismo a través de su militancia en Guardia de Hierro; Esteban Righi, subversivo con fuerte arraigo entre los integrantes de la Organización Montoneros, que llegó a ocupar un puesto clave cuando la corta administración de Héctor José Cámpora, obligándolo a que liberara terroristas subversivos de las cárceles de Buenos Aires; José Octavio Bordón, que provenía del humanismo y el socialcristianismo, lo que en él influyó de manera determinante para abrazar las ideas de la socialdemocracia europea (creando en nuestro país el FREPASO, en los 90). Y así, podríamos explayarnos in extenso. Todas las expresiones políticas mencionadas recalaron en el peronismo que, cual recipiente, los acogió y así le pagaron, fagocitándolo y desvirtuándolo hasta en sus cimientos.

            Notamos que se trató de una generación intermedia que interpretó, como quiso, el corpus doctrinario del peronismo, que flaqueó en el trienio 1973-76, que sobrevivió –en no pocos casos de modo sospechoso- a los años del Proceso de Reorganización Nacional, y que, al regreso de la digitada democracia liberal, se dedicó a vengar aquel triste pasado no con miras a una mejora sustancial de la comunidad sino dentro de los límites egoístas del propio ombligo, permitiendo la aceptación de las nuevas reglas de juego (sobre todo económicas), siendo cómplices de y ante la subversión de los valores culturales, pero  cuidando con celo religioso los cargos públicos de la política para pasarla bien y terminar sus días llenos de lujosa materialidad.

            El extravío de los “renovadores” fue tan grande, que hasta ellos mismos olvidaron –o desconsideraron- el pensamiento filosófico que tenían los antiguos griegos, de los que Perón basó, en parte, su doctrina, respecto a la Democracia, por eso el cordobés De la Sota afirmaba que ellos, como renovadores, querían plasmar “un peronismo profundamente democrático”.[1] O sea, la Democracia como panacea última e insustituible de la evolución humana, condiciéndose, en algún punto, con lo planteado por Francis Fukuyama a comienzos de los años 90 del siglo XX.[2]

            Para Aristóteles, la Democracia era una de las formas malas que existían de gobierno, siendo superada por la Monarquía y la Aristocracia, pues el pensador era un fervoroso hombre que veía en la jerarquía el modelo ordenador a seguir. Como sistema lógico/político, la Democracia se pervierte cuando el que gobierna –y su séquito- se sirve de la ciudad, y no al revés, que el dirigente sirva a la comunidad en la que vive.

            Max Weber, muchos siglos más tarde, hablará en La política como vocación de quienes viven “de” la política o “para” la política, manifestando que los primeros solían ser, como desde 1983 ocurre en nuestra bendita democracia, indeseables parásitos que gozaban del esfuerzo del pueblo y que abusaban de la confianza del votante de a pie.

            Un sistema democrático aceptable es aquel en donde el empoderamiento proviene de dos sectores, de acuerdo a Aristóteles: en los libres y los pobres. Pero, y aquí viene lo intrínseco de su falla, ambos se enseñorean y terminan confinando todo hacia la demagogia. Y eso, porque, al fin y al cabo, no gobiernan en la Democracia los mejores sino el número. La Democracia ochentera de la Argentina supuso siempre la superioridad del número por sobre la calidad del dirigente; todo lo viene (des)arreglando el voto, y obtienen más cantidades de votos los que más capital aportan para las campañas. A esto último lo entendieron aquellos que, introduciéndose al mundo de la política, buscaron el enriquecimiento ilícito, su consecuente reconversión en nóveles empresarios, y la adaptabilidad y reformulación a conveniencia de todas las ideas-fuerza que, como en el caso del peronismo, les sirvieron para adaptarse al nuevo ciclo emergente de las democracias liberales.    

            Polibio, politólogo griego, dijo que una forma perversa de la Democracia era la Oclocracia, que tiene correlato en nuestra triste realidad local. ¿Y qué entendemos por Oclocracia? El pensador griego, lo definía como aquellos gobiernos “que manipulan a las mayorías para el beneficio de grupos o de los propios gobernantes y no para el interés global”.[3] Esa ha sido el tipo de Democracia que aceptaron los adláteres del “Peronismo Renovador”. Otra acepción de la Oclocracia la reconocemos como el gobierno de las muchedumbres que, desviadas de sus verdaderas intenciones, es manipulada para que actúe en pos de intereses que no son los del conjunto.

            Mientras la diosa Democracia continúe siendo el norte de la partidocracia contemporánea, entonces, como dice Alberto Buela, existirá una creciente y más profunda decadencia como nación. Hasta que “venga a esta tierra algún criollo a mandar”, como sugería el gaucho Fierro a través de la pluma hernandiana,  seremos el convidado de piedra a la hora de nuestra triste partición territorial.


Por Gabriel O. Turone



[1] “Los hombres de Perón. El Peronismo Renovador” (entrevistas), de Marta Gordillo y Víctor Lavagno, Puntosur Editores, 1987, página 212.
[2] En 1987 comenzó lo que daríamos en llamar la segunda etapa del “Peronismo sin Perón”.
[3] “Nación-Religión-Provincia en Argentina”, de Mario Rapoport y Hernán Colombo, Imago Mundi, Buenos Aires, 2007, página 41.

martes, 17 de octubre de 2017

DE BILLETES, PROCERES Y ANIMALITOS



En días recientes, más exactamente el 12 de octubre próximo pasado, y a instancias de ser reporteado por el periodista Carlos Pagni en el 53º Coloquio de IDEA, el jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Marcos Peña, esbozó los siguientes conceptos al referirse al cambio de figuras históricas por animales autóctonos en los billetes de papel. Dijo entonces:

            “Para mí, una de las cosas chiquitas pero simbólicas más lindas que hicimos es poner animales en los billetes. Es la primera vez en la historia argentina que hay seres vivos en nuestra moneda nacional, y que dejamos la muerte atrás, que esté tranquila y que vivamos nuestra vida.”

            Lo primero que advertí al escuchar esta sentencia, es el equívoco de Peña cuando afirma que es “la primera vez en la historia argentina que hay seres vivos en nuestra moneda nacional”, pues si se refiere a los animales insertos en el papel moneda, es dable recordar que el billete de $ 20.- (Veinte Pesos) que la administración de Juan Manuel de Rosas hizo emitir en el año 1841 tenía la imagen de un caballo criollo en actitud de correría (ver imagen de la nota). En ese mismo año, también el billete de $ 5.- (Cinco Pesos) dejaba ver un avestruz, y el de $ 10.- (Diez Pesos), una oveja.

            Marcos Peña olvida también que en la serie de billetes de 1844, también bajo el rosismo, el papel moneda de $ 5.- (Cinco Pesos) tenía dos avestruces, el de $ 10.- (Diez Pesos), un rebaño de ovejas y el de veinte dos parejas de caballos al trote. Siempre bajo el gobierno de la Federación, en 1845 y 1848 los billetes de $ 50.- (Cincuenta Pesos) mostraban, por primera vez, la imagen de una vaca.

            Quizás el jefe de Gabinete de Mauricio Macri omita recordar, incluso, la ilustración que llevaban los billetes promediando la década de 1860, donde el modelo agroexportador en boga no hacía exaltar, sino, a las vacas, colocándolas en el centro de los mismos.

            Es que, como afirma Carolina Menéndez Trucco[1], “el dinero está vinculado al comercio. Como superficie iconográfica, es un medio de comunicación. De allí su inevitable condición de transmisor de los ideales del momento”. Por eso, consolidada la etapa de la Organización Nacional hacia el 1880, los billetes comenzaron a circular con la efigie de Sarmiento, Nicolás Avellaneda, Urquiza, Mitre y, lentamente, José de San Martín y Manuel Belgrano. Estos dos últimos recién tendrán presencia en el papel moneda a partir del Centenario del país, una vez que Bartolomé Mitre los encumbró con sendas biografías.

            Es muy posible encontrar en el actual gobierno de Macri una ahistoricidad manifiesta, en donde el pasado es pensado, más que como algo aleccionador, como un estorbo que impide el desarrollo futuro nacional. Sin embargo, y aquí es donde recibiré las críticas de mis colegas revisionistas, tampoco se puede justificar que la quita de los próceres o personalidades de nuestra historia por especies faunísticas en los billetes implique, sí o sí, un hecho aberrante o de lesa patria.

            Porque si vamos a ser ecuánimes, Carlos Saúl Menem sería merecedor de todos nuestros respetos y admiración por incluir, por primera vez en la historia, la efigie del Restaurador Rosas en un billete argentino.[2] O sino, yéndome a las monedas –la otra plataforma de valor-, quienes admiramos la visión geopolítica y estratégica de Julio Argentino Roca deberíamos agradecerle al general Jorge Rafael Videla por haberlo incluido –y homenajeado- al acuñar monedas en 1979 por los 100 años de la Campaña al Desierto emprendida por el tucumano.

            Además, me parece una vileza en estos tiempos de pillaje, ramplonería y corrupción desaforada el medir el patriotismo de tal o cual administración por las figuras que imponen en sus billetes. No hay moral en el papel moneda. Lázaro Báez tiene 470.000 hectáreas, y se ubica como el tercer terrateniente más grande de la Argentina[3], rapiñando decenas de miles de billetes de $ 20.-, con la figura ilustre de Rosas, a los que cambió por dólares y euros, y, finalmente, previo pesaje, o puso en cuentas off shore en el exterior o se dedicó a gastarlos para la adquisición de algunas de las 25 estancias que poseía en la Provincia de Santa Cruz. Eso se hizo cuando el billete de Rosas estaba en danza, al igual que con el que tiene a aquellas figuras rescatadas por el liberalismo vernáculo. ¿Y si nos acordáramos de las estafas que con ese y otros billetes se hicieron desde 1992, en plena jerga menemista? El billete o papel moneda no tiene moral, esté quien esté.

            En todo caso, declaremos, entonces, como “traidores a la patria” a todas aquellas administraciones que osaron quitar la figura de la República (casi siempre representada por una mujer) de los billetes. Largo sería ese tal listado si, con ojos de numismáticos, indagáramos un poco en las numerosas modificaciones que han sufrido nuestros papeles de intercambio.

            No hay un retroceso en la historia con la quita de los próceres en esos papeles que sirvieron para estafar al pueblo de la patria, para pagar una venganza, erigir una obra o para ir al kiosco a adquirir preservativos. Porque la historia pasa por otras valoraciones, más dignas, menos manoseables. Y también me recuesto en la visión de Vicente Leónidas Sierra, enjundioso historiador para quien la historia no debía quedarse en letra muerta sino en algo más vivencial. La historia tiene que ser una actuación presente, debe quedar reflejada en nuestros actos diarios, advertía, con palabras más o menos cercanas, el nombrado Sierra. Que yo sepa, nadie ha vuelto a imitar a Rosas, así permanezca o no en un billete.

            Por último, la imposición de especies animales en nuestro dinero actual refleja, precisamente, el período que vivimos: el de una mayor concientización de la naturaleza, el del aumento del cuidado de los animales y hasta de nuestras mascotas. ¿Es esto correcto? No entra en este análisis si está mal o está bien, pero si existe la seguridad de que el billete es un exacto “transmisor de los ideales del momento”, como daba en afirmar Menéndez Trucco en 2008.


Por Gabriel O. Turone


[1] “Papeles para una nación”, Diario La Nación, ADN, sábado 23 de febrero de 2008, página 18.
[2] Lo hizo en 1992.
[3] Lo superan el Grupo Benetton (judío italiano), con 900 mil hectáreas, y el Grupo Walbrook (inglés) con 600 mil. 

viernes, 29 de septiembre de 2017

LEY DE ASOCIACIONES PROFESIONALES: QUIÉNES Y POR QUÉ LA HAN QUERIDO DESTRUIR



De algunas conversaciones que he mantenido con gente mayor, y, así también, de las variadas obras que alcancé a leer sobre el tópico, puedo concluir en que el encarcelamiento de Juan Domingo Perón en la isla Martín García en la primera mitad de octubre de 1945 se debió a la Ley de Asociaciones Profesionales que el entonces coronel hizo sancionar el día 2 de ese mes y año a través del Decreto Nº 23.852.

            La Ley de Asociaciones Profesionales le otorgaba a los gremios dos cuestiones fundamentales. Primero, reconocer la legalidad de cada entidad gremial, por ende, darle resguardo jurídico a los trabajadores que, hasta ese 2 de octubre de 1945, no podían hacer reclamos de ninguna naturaleza porque tales reclamos eran ilegítimos, nada los amparaba. Por eso, a partir de esa Ley, cada gremio pudo pelear por zanjar su Convenio Colectivo de Trabajo, sus paritarias, por los días que le correspondía de vacaciones a sus afiliados, el aguinaldo, etc., todo eso ante las autoridades gubernamentales competentes. En segundo término, la Ley establecía que, para fortalecer el poder de los trabajadores, era imperioso que exista un único gremio por rama de la actividad. Esto quería decir, que los metalúrgicos para ser más fuertes tenían que estar nucleados en un único gremio de metalúrgicos, los rurales en un único gremio relativo al campo, y así con todas las actividades laborales. De allí, la conclusión que se tiene para el sindicalismo de cuño peronista de que “todos unidos triunfaremos”, como reza en una de sus partes la Marcha Peronista, algo que también se relaciona con la más célebre frase popular que dice: “La unidad hace a la fuerza”.

            En tal sentido, ambos pilares de la Ley de Asociaciones Profesionales no hicieron más que derrotar el tipo de organización gremial que se adecuaba a las pretensiones de los regímenes de tipo oligárquico/conservador, para quienes los gremios no eran merecedores de tener derechos pues, para amedrentar su potencial, se los prefería organizados por oficios. Así, dentro del ámbito rural, por caso, había que establecer un gremio de alambradores, otro de esquiladores, otro de recolectores de manzana, etc., en vez de uno solo que agrupara a todas esas actividades de campo que, sin lugar a dudas, iban a ir con mayor peso a la hora de pelear ante las injusticias o sus derechos.

            Dicho esto, agregaré otra condición que favorecía notablemente a los gremios merced a la Ley de Asociaciones Profesionales, y que tiene que ver con que esta normativa les permitía a las entidades obreras ser libres y autónomas, en razón de que ahora era una realidad el fuero sindical colectivo, lo mismo el fuero individual. La existencia de ambos fueros quería significar, dicho por el propio Perón, “la inviolabilidad del sindicato”, es decir,

            “En un sindicato no puede entrar nadie. Sólo puede intervenir la central obrera, pero no el gobierno ni ninguna otra autoridad. Es casi una extraterritorialidad, y es la que ha permitido a los sindicatos ser libres y totalmente autónomos.”[1]

            Por esto mismo, es que los gremios han sido organizaciones libres del pueblo con autonomía, y de ello la queja constante y sonante del viejo orden oligárquico, subversivo y socialdemócrata para destruir semejante osadía, que, como veremos, lo han intentado en las décadas subsiguientes a septiembre de 1955.

            El Senador Nacional (MC) Oraldo Britos ha sostenido, en un escrito, las vicisitudes por las que ha transcurrido la Ley de Asociaciones Sindicales a partir del golpe de Estado septembrino que fuera comandado por el general Eduardo Lonardi.

            “No olvidemos –dice Britos- que Aramburu en 1956 deroga el Decreto Ley 23.852/45, Onganía en 1966 la Ley 14.455/58, Videla en 1976 la Ley 20.615/73, y finalmente la UCR, montada en una mal llamada Ley 22.105/82 originada en la última dictadura militar, en 1984 pretendió controlar las organizaciones gremiales y sus obras sociales.”[2]

            Pasando el limpio el párrafo anterior, la primigenia Ley Nº 23.852 de Asociaciones Profesionales fue derogada por el presidente de Facto, teniente general Pedro Eugenio Aramburu, en 1956, haciendo ilegales a los gremios e interviniendo militarmente la Confederación General del Trabajo (CGT), que cayó en manos del capitán de Navío Alberto Patrón Laplacette. Luego, tras el ascenso democrático de Arturo Frondizi a la presidencia de la nación en 1958, y con motivo del pacto que secretamente firmara con Juan Perón, se sancionó la Ley Nº 14.455 de Asociaciones Profesionales de Trabajadores que devolvía algunos derechos a las organizaciones sindicales. A dicha Ley Nº 14.455 la mantendrá Arturo Umberto Illia (1963-1966), pero sobrevenido un nuevo golpe de Estado, esta vez a manos del general Juan Carlos Onganía, esa Ley es derogada una vez más, creando una regresión en la vida institucional de los gremios a sus estadios de la época oligárquica.

            Al retornar el peronismo al poder en mayo de 1973, el odontólogo Héctor José Cámpora hace sancionar la Ley Nº 20.615 de Derecho de las Asociaciones Profesionales, la cual se verá firmemente aplicada, y mejorada, por la Ley de Contrato de Trabajo (Nº 20.744) que se sancionó en septiembre de 1974 bajo la presidencia de Isabel Perón. Sin embargo, ante el advenimiento del Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), el teniente general Jorge Rafael Videla derogó la Ley Nº 20.615 y, en cambio, sancionó y promulgó, el 15 y 22 de septiembre de 1979, respectivamente, las modificaciones pertinentes para quitarle derechos a los gremios en base al Artículo 5 del Estatuto  que regía para el gobierno militar surgido mediante el golpe de Estado en 1976.

            Al comentar el corpus de las modificaciones que hizo el general Videla a la Ley Nº 20.615 que rigió desde 1973 hasta 1976, en su artículo 82 quedaba expresa la derogación de la misma, mientras que en el artículo 5 se afirmaba que “Podrá existir en el ámbito nacional más de una federación por actividad, oficio, profesión o categoría, sin superposición territorial”, permitiendo, de este modo, la denominada “democratización” del movimiento obrero y, por lo mismo, la quita de fuerza ante las exigencias de las entidades patronales. Y en el artículo 8, se aclaraba que

“Las asociaciones gremiales de trabajadores no podrán participar en actividades políticas, ni prestar apoyo directo o indirecto a partidos, candidatos políticos o a quienes realicen actividades políticas.”

Va de suyo, que esta mordaza venía a endurecer la intervención militar de las actividades de los trabajadores agremiados, pues con el Decreto 10 (“62 Organizaciones” – Prohibición de su actuación) y la Ley Nº 21.270 (Confederación General del Trabajo – Intervención – Bloqueo de fondos, cuentas bancarias y bienes patrimoniales), ambas sancionadas y promulgadas el mismo 24 de marzo de 1976, las expresiones e inquietudes del movimiento obrero organizado quedaban seriamente dañadas y silenciadas.

Finalmente, con el advenimiento de la democracia liberal en 1983, todos los partidos políticos argentinos habían pactado que, cualquiera sea el vencedor de las elecciones presidenciales, éste debía modificar las leyes sancionadas por la dictadura cívico-militar surgida en 1976. Pero Raúl Ricardo Alfonsín Foulkes incumplió el compromiso, por eso en 1984 tuvo la osadía de bregar por la “democratización” del movimiento obrero, atenuando, acaso, lo dispuesto por el general Videla unos años antes, mas restringiendo el poder y la organización de los gremios nucleados en la CGT.

Fue a través de Antonio Mucci, ministro de Trabajo del gobierno de Alfonsín (diciembre 1983-mayo 1984), que propuso la llamada Ley de Reordenamiento Sindical, el intento más serio que tuvo la UCR por quebrar al movimiento obrero organizado. Al tratarse en la Cámara de Senadores de la Nación, el proyecto fue rechazado por el bloque justicialista y por otros legisladores que se oponían a la medida.

Sin embargo, el sueño de dividir a los gremios para que dejen o mermen su autonomía, su libertad y queden en inferioridad de condiciones ante la puja eterna que sostienen contra los empresarios y las patronales, no está terminado ni mucho menos. La última expresión en este sentido, provino de un personaje que, justamente, ha surgido de las filas del pauperizado movimiento obrero de fines del siglo XX y comienzos del XXI, muchos de cuyos dirigentes han devenido en empresarios y han abandonado los principios y valores que le dieron razón de ser. Hablo de Facundo Moyano, ex secretario general de SUTPA (Sindicato Único de los Trabajadores de Peaje), a quien hemos visto envuelto en faenas de playboy, vida lujosa y cargada de despreocupación, el mismo que en noviembre de 2013 y en el mismo mes de 2016, esbozó su posición para “democratizar” –como lo pensó el socialdemócrata gramsciano Alfonsín- al movimiento obrero. “La democratización sindical va a contribuir a que se fortalezca el modelo sindical argentino y la participación política de los trabajadores”, dijo el diputado nacional Facundo Moyano en 2013. Y tres años más tarde, volvió a la carga:

“…es muy importante poder iniciar este debate que contribuye a la democracia sindical y que se tiene que dar en el seno del Movimiento Obrero. Sólo los trabajadores pueden decidir cómo quieren organizarse para defender sus intereses. La democracia sindical es un debate necesario.”[3]

            Reservo para el final, algo que por ahí muchos desconocieron aunque imaginaron, y es que, durante el tercer y último gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, las organizaciones involucradas en la subversión marxista pidieron, durante un Plenario de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP)[4] celebrado en el estadio Luna Park en noviembre de 1973, la modificación de la Ley de Asociaciones Profesionales… Si no me cree, vea la bandera de la imagen que ilustra esta nota, donde leemos: “PLENARIO SINDICAL PERONISTA PARA LA REFORMA DE LA LEY DE ASOCIACIONES PROFESIONALES”.

            Esos mismos, fueron retratados del modo que sigue por una publicación partidaria:

            “Los empeños de la JTP (volantes con textos coordinados, campañas de difamación, mesas de “franeleo”, etc.) no alcanzaron a engrupir al pueblo que sabe que su ley es la de Asociaciones Profesionales y que sus dirigentes son los que han elegido en actos democráticos. En cambio a los de la JTP no los eligió nadie ni tienen representatividad alguna. Son una minoría universitaria que intenta copar ideológicamente al movimiento obrero organizado a través de la mejor herramienta que tuvo Perón en estos 17 años: la Confederación General del Trabajo, o como dijo Perón; la casa de la columna vertebral del peronismo.”[5]

            Por eso, repasemos el listado: oligárquicos, golpistas, subversivos marxistas, socialdemócratas, yuppies. ¿Qué tienen en común? Su profunda aversión, desprecio y traición hacia lo mejor que tuvimos, tenemos y tendremos en la República Argentina: los que trabajan.


Por Gabriel O. Turone


[1] Canfalonieri, Orestes D. “Perón contra Perón”, Editorial Antygua, Buenos Aires, agosto de 1956, página 15.
[2] Britos, Oraldo N. (2014). A 30 años del rechazo del Proyecto del Ley de “Reordenamiento Sindical”. De  http://escuelauatre.com.ar.
[3] Facundo Moyano: “Lo que buscamos es democratizar el sindicalismo”. NCN Noticias Congreso Nacional, nota del 11 de noviembre de 2016, https://www.ncn.com.ar/facundo-moyano-lo-que-buscamos-es-democratizar-el-sindicalismo.
[4] La JTP fue el brazo juvenil sindicalizado que respondía a la terrorista Organización Montoneros.
[5] No pudo llenar el Luna Park la JTP a pesar del apoyo universitario, Revista “El Caudillo de la Tercera Posición”, Año I, Nº 1, noviembre 16 de 1973, página 14.